Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1990/11/05 00:00

EL RUDYSHOCK

El ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, pone a dieta a todos los colombianos.

EL RUDYSHOCK

Por allá a comienzos de agosto, parecía ser el tipo "más querido" del gabinete. Con su pinta de bónachón y su timidez de técnico Rudolf Hommes no daba la impresión de colgarse, a escasos 60 días de comenzado el gobierno, el título del ministro más impopular de la actual administración. Pero como arquitecto de un plan de estabilización que amenaza con sumir al sector productivo en una profunda recesión, este economista bogotano está siendo blanco de muchas críticas.

La culpa de todo la tiene la inflación, un área que estaba en problemas desde el gobierno pasado, y que ahora ha tomado características de gravedad. La semana pasada el Dane anunció que el índice de precios al consumidor había sobrepasado en septiembre la barrera del 30 por ciento anual, la cifra más alta de los últimos 13 años.

MANO DURA
Ante eso, Hommes anunció mano dura: "el propósito del gobierno es controlar la inflación que nos pega a todos por igual. Ese es el compromiso que hemos asumido" . Pero negó que su intención sea la de aplicar en Colombia un plan de choque, parecido a los que pusieron en práctica recientemente los presidentes de Brasil y de Perú. "No estamos aplicando un plan de choque -aseguró-. No pretendemos bajar el costo de vida al 10 por ciento en un año, no buscamos reducir al 10 por ciento el crecimiento de los medios de pago, ni queremos dejar desempleado al 10 por ciento de la nómina oficial " .

En la práctica, sin embargo, el gobierno ha venido tomando una serie de medidas que no por graduales resultan menos drásticas y que ya muchos asimilan con los programas de ajuste aplicados en otras partes del continente (ver recuadro). Con exceso de ortodoxia y exacerbando en ocasiones los problemas que prentende combatir, el gobierno le ha dado prelación a la lucha contra la inflación, dejando en segundo plano los problemas relacionados con el crecimiento económico y la inversión productiva. No en vano los medios académicos han comenzado a hablar del "Rudyshock".

El último anuncio, hecho el jueves de la semana pasada, fue la liberación de las imponaciones de todos los bienes industriales o procesados que están incluidos en la canasta familiar, y cuyos precios se hayan incrementado en más de un 24 por ciento en los pasados doce meses. Así mismo se dijo que, adicionalmente, se reducirán los aranceles de los artículos cuyos precios hayan subido en más de un 30 por ciento durante el mismo período (excluyendo los alimentos y los bienes del sector agrícola) La medida se suma al aumento en los precios de la gasolina y las tarifas de energía eléctrica, al incremento de dos puntos propuesto en el impuesto al valor agregado, IVA, a la disminución en el ritmo de devaluación del peso, al drástico recorte del gasto público y a la restrictiva política monetaria que viene aplicando el gobierno desde hace varios meses, la cual ha provocado una gran iliquidez en el sector financiero y un rápido aumento en las tasas de interés. Todo con el fin de crear las condiciones necesarias para contener la inflación, sin importar su efecto inmediato sobre el sector productivo.

El paquete de medidas del gobierno de acuerdo con varios expertos, no sólo ha resultado contraproducente en el corto plazo -pues ha incrementado la presiones inflacionarias-, sino que conducirá ineludiblemente a una desaceleración de la actividad económica. Al gunos hablan incluso de una recesión que podría obstaculizar el proceso dS reconversión industrial necesario para sacar adelante la apertura económica.

LAS CRITICAS Las primeras críticas abiertas a la política oficial y las primeras advertencias sobre su carácter recesivo se escucharon la semana pasada, en el marco de dos encuentros de carácter académico y gremial: un foro sobre "Apertura económica y modelos de desarrollo", organizado por la Cámara de Comercio de Bogotá, y la Segunda Convención Nacional de Seguros, organizada por Fasecolda en la ciudad de Cartagena.
En el primero de dichos eventos, el presidente de Fenalco, Sabas PreSelt de la Vega, advirtió sobre las contradicciones en las cuales estaba cayendo el gobierno, al tener que aumentar el impuesto al valor agregado, IVA, para poder continuar con su política de deducción de aranceles y sobretasas al comercio internacional. Según Sabas Pretelt, ese traslado del impuesto es regresivo, pues mientras se le disminuye el gravamen a unos pocos importadores, se grava el consumo de la mayoría de la población, afectando de paso al sector productivo.

En el mismo sentido se pronunciaron otros dos directivos gremiales: el presidente de Acopi, Juan Alfredo Pinto Saavedra, y el presidente de Fedemetal, Jorge Méndez Munévar. Ambos insistieron en la necesidad de un ambiente expansivo para el desarrollo de la política de apertura económica, y se refirieron, en particular, al impacto negativo que tiene sobre la inversión productiva el altísimo nivel que presentan en la actualidad las tasas de interés (ver los recuadros respectivos).
No menos duras fueron las críticas recibidas por el gobierno en la Convención de Seguros. El presidente de Fasecolda, William Fadul, sostuvo en su intervención que "es innegable que el aumento en la dributación de los colombianos golpea el poder adquisitivo, ocasionando la inmediata caída en la demanda y, en consecuencia, el estancamiento comercial y empresarial". El ex ministro de Desarrollo Económico, Jorge Ramírez Ocampo, advirtió por su parte que el país está en frentando nuevamente una caída en el ritmo de actividad económica, acompañada por una peligrosa aceleración en el nivel de precios. Y lo mismo hizo el ex ministro de Minas y Energía, Guillermo Perry Rubio, para quien "hay iliquidez, recorte de gastos, altos intereses y descenso en la inversión, lo cual desembocará en una recesión" .
Incluso la voz de la experiencia se hizo sentir. El ex ministro chileno Hernán Buchi, quien fuera el arquitecto de lo que se ha dado a conocer como el milagro austral, habló sobre lo que se debe y no se debe hacer en un proceso de apertura. En una conferencia que dio el viernes pasado, Buchi advirtió sobre; los peligros de hacer apertura en un es cenario recesivo, con tasas de interés altas y supeditando el manejo de la de valuación a los éxitos en materia de in flación. Tal como dijo uno de los asistentes al evento, " Qué lástima que Rudolf Hommes no hubiera venido!".

EL MALO DEL PASEO
Es precisamente Hommes quien ha comenzado a ser blanco de múltiples críticas. Cuando fue nombrado por Gaviria, pocos se opusieron a que este economista bogotano tomaralas riendas de las finanzas públicas. Al fin y al cabo, no eran muchos los expertos que tuvieran una hoja de vida tan completa como la del actual ministro. Su inteligencia, su ortodoxia económica y su conocimiento de múltiples temas lo colocaban como el más indicado para implementar la política económica de la era Gaviria. Eso quedó demostrado a los pocos días de iniciado el nuevo gobierno, cuando al equipo económico no le tembló la mano para subir el precio de los combustibles y reajustar sensiblemente las tarifas de electricidad. A pesar de la dureza de las medidas, éstas fueron relativamente bien recibidas por los conocedores, quienes antes alabaron el coraje del gobierno para corregir desequilibrios de víeja data.

Pero a partir de ahí, comenzaron las dificultades. La inflación, que venía alta, tomó un segundo aire. En respuesta, el gobierno decidió frenar todavía más la expansión monetaria y salió a recoger dinero al mercado, aumentando las tasas de interés de los títulos oficiales. Como consecuencia, las entidades financieras empezaron a tener problemas de iliquidez y, para no quedarse atrás, subieron aun más sus tasas respectivas, alza que se le trasladó a los usuarios del crédito.
Por el lado del sector externo, las cosas no resultaron mejor. Las importaciones, que en teoría debían aumentar, se mantuvieron bajas lo cual hizo crecer la presión monetaria. En esa falta de dinámica influyó un comentario del ministro de Hacienda, según el cual el gobierno tenía la intención de bajar del 16 por ciento al 10 por ciento la llamada sobretasa a las importaciones. Ante la rebaja anunciada, muchos importadores decidieron esperar. Tal como le dijo uno de ellos a SEMANA: "nadie va a ser tan tonto de pagar más caro, cuando le dicen que dentro de poco tiempo le van a rebajar los impuestos ".

Todo eso se conjugó para que las perspectivas económicas del año, otra vez sean malas. Los industriales que habían venido experimentando una fuerte recuperación, ya están diciendo que la demanda por sus productos ha bajado. Aunque en el escenario económico la subida en los precios del petróleo y la mayor cosecha cafetera pueden salvar el año, la verdad es que el aparato productivo ha sido golpeado.
Por cierto, este último también ha tenido que ver en las dificultades. Las cifras del Dane demuestran que los fabricantes de ciertos artículos han elevado sus precios en forma desproporcionada, aprovechándose de su posición monopolística. Semejante situación le cae como anillo al dedo a los defensores de la apertura, pues con la semiliberación de las importaciones ya no será tan fácil que los productores abusen de los consumidores nacionales.

Pero es precisamente en este punto donde los críticos le caen encima a Rudolf Hommes. Según los expertos, el buen manejo del comercio exterior es suficiente para disminuir las presiones inflacionarias, sin que haya que recurrir a la consabida fórmula de salir a recoger dinero a manos llenas y generar la consecuente subida en las tasas de interés. "Al ministro de Hacienda sencillamente se le está yendo la mano y por cuenta de su obsesión con el manejo inflacionario, no está midiendo las consecuencias"", le dijo a SEMANA un conocedor del tema que pidió mantener su nombre en reserva.

LAS RAZONES
La oleada de advertencias sobre el impacto negativo de la política oficial para el sector productivo fue tan grande, que el propio ministro de Hacienda tuvo que reconocer, en declaraciones para SEMANA, que con las medidas que se han adoptado en los últimos días, "algo de crecimiento tiene que ceder". Pero sostuvo que lo más importante en este momento es controlar la inflación, que está erosionando el bolsillo de los colombianos.

El ministro no cree, además, que la situación vaya a ser tan grave como la presentan los críticos de su gestión. Según él, no es cierto, por ejemplo, que con el aumento propuesto para el IVA vaya a producirse un alza generalizada de impuestos para los colombianos y que eso vaya a contribuir a generar una recesión. "Lo único que se busca con dicha medida asegura es recuperar una parte de los ingresos que se pierden con la reducción de aranceles y sobretasas al comercio exterior, adoptada dentro del marco del programa de modernización de la economía nacional . Es más, el resultado neto de la baja en el precio de los insumos importados y del incremento en el IVA debe ser positivo para el consumidor, lo que significa que dicha medida no tiene por qué afectar la demanda agregada en el país" .

Pero algunos ex pertos consultados por SEMANA, como Eduardo Lora, investigador de Fedesarrollo, respaldaron la opinión del presidente de Fenalco y de otros dirigentes gremiales en el sentido de que la medida será contraproducente para el sector productivo. Para Lora, la sustitución de impuestos a las importaciones por un aumento en el IVA resulta recesiva, porque no sólo se disminuye la protección a la industria nacional sino que se afecta la producción interna. Casualmente, el IVA recae sobre muchos de aquellos productos que según el gobierno son los responsables del aceleramiento de la inllación y que ahora se verán sometidos a una mayor competencia externa.

Señalaron, además, que los aumentos de impuestos y tarifas no son los únicos factores recesivos dentro del paquete de medidas adoptado por el gobierno. Y respaldaron, en tal sentido las apreciaciones de los presidentes de Fedemetal y Acopi. La severa iliquidez a la que está siendo sometida la economía y el consiguiente aumento en las tasas de interés (que han alcanzado niveles superiores al 52 por ciento anual) han provocado una gran restricción crediticia que atenta contra el desarrollo de la actividad industrial y comercial. Con un agravante: que las altísimas tasas de interés se convierten en un importante factor inflacionario, obligando al gobierno a una mayor restricción y generando un círculo vicioso de consecuencias funestas para la economía.

Otro elemento recesivo del "Rudyshock", de acuerdo con los expertos, es el recorte del gasto público. Según el ministro de Hacienda, las inversiones de las compañias estatales (especialmente de Ecopetrol y Telecom) se reducirán en 195 mil millones de pesos, la Tesorería General de la República demorará el pago a los contratistas de obras oficiales y se aplicará un estricto congelamiento de la nómina oficial. El objetivo es reducir el déficit consolidado del sector público a un 2 por ciento del producto interno bruto, lo que contraerá todavía más la demanda agregada de la economía.

A lo anterior se agrega la disminución del ritmo de devaluación, lo cual ha llevado a decir que el gobiemo está manejando el precio del dólar para bajar la inflación, algo que choca con los principios de una sana política externa. Sobre todo en momentos en que el propio gobierno adelanta un proceso de apertura económica que busca enfrentar a la industria nacional con la competencia foránea Y es aquí donde radica la preocupación principal de muchos de los dirigentes gremiales y expertos académicos que se han pronunciado en los últimos días sobre la política oficial. Para ellos, si no hay un ambiente macroeconómico expansivo, será imposible lograr la reestructuración industrial requerida por el país para enfrentarse a la competencia internacional. En las actuales condiciones, aseguran, no hay incentivos para la inversión, y los recursos hasta ahora prometidos son totalmente insuficientes, frente a la magnitud del ret que se tiene por delante.

Esta preocupación resulta especial mente válida si se tiene en cuenta que de acuerdo con los pocos estudios que se han realizado hasta el momento sobre el impacto macroeconómico de la apertura, ésta no resolverá los problemas de crecimiento de la economía colombiana, al menos en el corto plazo. Según un trabajo realizado por investigadores de Fedesarrollo, "lo que nosotros encontramos, en contra de lo que argumenta el gobierno como la principal razón para hacer la apertura, e que este proceso no va a estimular e crecimiento económico, sino que por el contrario, lo desestimulará. Según nuestros resultados, habrá una disminución en el crecimiento del PIB cercana al 0.5 por ciento. Esto quiere decir que si estabamos creciendo a tasas de, 3.5 por ciento anual sin apertura, ahora vamos a crecer al 3 por ciento". ES más, de acuerdo con el estudio, "el efecto más desfavorable del modelo se presenta en el sector industrial, el cual crecerá dos puntos menos que antes".
Según los resultados del estudio mencionado, la inversión privada no solo se podría ver frenada en los próximos años, sino que podría incluso descender.

El ministro de Hacienda, por el contrario, asegura que las condiciones para invertir están dadas. "Hay un programa que, en materia de precios, debe arrojar los primeros resultados a comienzos de 1991. Y si los inversionistas quieren aprovechar las ventajas de la apertura, deben comenzar a invertir desde ahora. La gente tiene que posesionarse para exportar y competir" .

Pero los inversionistas no parecen estar muy convencidos. Y no les falta razón. A pesar de las promesas del ministro de Hacienda, lo cierto es que la situación económica no es de manera alguna favorable para estimular el crecimiento de la inversión productiva. Eso, que de por sí es grave, es bien preocupante si se tiene en cuenta que el país está comenzando a navegar por las aguas desconocidas de la apertura económica. En la rueda de prensa que dio el jueves pasado, Rudolf Hommes sostuvo que como prueba de su fe en la política de austeridad, tenía la intención de adelgazar diez kilos. Sólo falta esperar que, como resultado de sus decisiones, esa dieta no se vuelva extensiva para los 30 millones de colombia nos restantes.
VUELVE Y JUEGA
Cuando todo el mundo esperaba que la nueva década vendría acompañada de buenas noticias en materia económica, la tozuda realidad se ha encargado de mostrarle a los países de América Latina que su crisis aún no ha terminado. A pesar de los grandes esfuerzos realizados en los últimos años, el nivel de actividad económica de la región caerá de nuevo en 1990, según los cálculos de la Cepal.

En su último informe sobre el "Panorama Económico de América Latina", la entidad afirma que "pese al espectacular ajuste externo realizado en los últimos años, el nivel de actividad de la región caerá una vez más.Las tasas de inflación más elevadas han logrado ser contenidas, en tanto que en otros casos se ha conseguido una relativa estabilidad en el incrernento de los precios. Sin embargo, los ajustes fiscales están adquiriendo proporciones sin precedentes y se han resentido la producción y el empleo".

De acuerdo con el informe, el producto regional caerá casi 1 por ciento en 1990, después de seis años de vacilante recuperación. Y con ello, el producto por habitante se reducirá, por tercer año consecutivo, en una magnitud cercana al 3 por ciento. Así, se consolida la crítica situación vivida desde comienzos de la década pasada, considerada por los analistas como una dé cada perdida para la región. "Los costos sociales acumulados de la inflación, los programas de estabilización, la transferencia negativa de recursos externos y los ajustes fiscales se sintetizan en una caída del 13 por ciento en el consumo por habitante respecto de 1980".

Claro está que la situación no es la misma en todos los países. En Argentina, Brasil y Perú, con economías que han estado al borde de la hiperinflación, el nivel de actividad registrará una contracción significativa, como consecuencia de los severos programas de ajuste aplicados por los respectivos gobiernos Ecuador, México y Venezuela, que también han puesto en ejecución duros programas de estabilización, registraron en el primer semestre incrementos casi nulos en el producto, situación que las inesperadas ganancias petroleras de la segunda mitad del año mejorara sólo marginalmente. Chile y Colombia, que han tenido tasas decrecimiento positivas en los últimos años, han sufrido en 1990 fuertes presiones inflacionarias y han venido aplicando políticas de con tención de la demanda, que redundarár en una rápida desaceleración de la tasas de incremento del producto. Los demás países presentarán aumentos de producción ubicados entre el 3 y el 4 por ciento pero sufrirán también presiones inflacionarias que podrían deteriorar su nivel de actividad.

En palabras del informe: "La mayoría de los países de la región siguen inmersos en la crisis en que se han debatido durante la mayor parte de la década que termina, y que los ha colocado entre la recesión y la inflación, e incluso, en algunos casos, en una perversa combinación de ambas". Ojalá que Colombia no caiga en ese fango.

JUAN ALFREDO PINTO
Presidente de Acopi
El escenario económico para las pequeña y mediana industrias, fabricante en su mayor parte de bienes de consumo, nos muestra un conjunto defactores que actúan como depresores de la demanda interna, erosionan do el poder de compra de los trabajadores y empleados. Decisiones como el alza de la gasolina, la elevación de las tarifas para los energéticos, el posible incremento del IVA, los aumentos en el impuesto de valorización, la restricción del circulante y la elevación de las tasas de interés, para citar algunas, son desestimulantes de la demanda y están restando posibilidades a nuestro mejor desempeño como aportantes al crecimiento del PIB y como primera fuerza empleadora de la sociedad. Durante los últimos 60 días, los pequeños y medianos industriales han tenido que contratar créditos, cuando los hay, mediando reciprocidades y rogándole a la banca, con intereses del 51.7 por ciento efectivo. Con ese costo del dinero no creemos posible la reconversión y la modernización de las plantas industriales.

JORGE MENDEZ M.
Presidente de Fedemetal
La reestructuración es un desafío dirigido a ampliar nuestra economía, a hacerla crecer, no a restringirla o a apocarla. Si eso es así, aunque algunos super ortodoxos lo que parecen buscar es un idílico país en el que no haya industria, ni agricultura ni crecimiento, para poder decir que en Colombia no hay una sola actividad ineficiente en términos internacionales, es indispensable conciliar las políticas macroeconómicas con el proposito de la reestructuración. Sí este país permanece atado a la idea de aceptar un proceso de ajuste cada dos años y medio, como ha ocurrido últimamente, la idea de la reestructuración tendría que, prácticamente, abandonarse. La confrontación entre las puras políticas de corto plazo y las de mediano y largo plazo debe terminar, algun día. La reestructuración industrial necesita un ambiente macroexpansivo. No puede convivir con un ambiente restrictivo, en el que el crédito desaparezca, las tasas de interés lleguen a 20 por ciento anual en términos reales, y una parte tan considerable del ahorro nacional tenga que girarse al exterior.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.