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| 5/27/2006 12:00:00 AM

El terremoto

Las pérdidas por la vertical caída en la bolsa son monumentales. Algunas han llegado hasta a producir suicidios.

Haga el siguiente experimento: mire los avisos clasificados del periódico y fíjese en el número de carros Audi que están a la venta. Ahora haga lo mismo, pero con los apartamentos tipo loft de estrato 6. Encontrará muchos de ellos con letreros de 'úrgeme' en alguna esquina del anuncio. No es para menos. Luego del derrumbe del mercado bursátil de Colombia, varios comisionistas de bolsa e inversionistas han tenido que salir a vender algunos de los activos que usaron como garantía para poder operar. Se trata de aquellos que usan la figura de la "posición propia", que les permite invertir su propio patrimonio y el de algunos familiares y amigos en papeles, con el fin de apostarles a las movidas del mercado.

Como en las corridas de toros, la semana pasada varios de ellos vieron sangre en el ruedo. Es el caso, por ejemplo, de un inversionista que operaba desde Medellín con recursos propios y plata prestada de varios conocidos. Tras perder 16.000 millones de pesos con la reciente caída de las acciones, se suicidó. A eso se suman casos como los de un joven trader de una importante firma de bolsa de Bogotá que comenzó con 150.000 dólares y en año y medio ganó cinco millones de dólares. Hoy no tiene nada, debido a las pérdidas que sufrió la semana pasada por el desplome de sus inversiones en TES o títulos de deuda pública. Todos sus activos -pignorados a nombre de la firma para la cual trabaja- ya no le pertenecen.

Ni hablar de las escenas de pánico que se viven en el interior de las firmas comisionistas de bolsa. El miércoles pasado, la Superintendencia Financiera y el Consejo directivo de la Bolsa de Valores de Colombia aprobaron la capitalización en cerca de 3.000 millones de pesos de la Sociedad Comisionista Suma Valores. Esta firma, con varios años de experiencia en el mercado bursátil, estuvo en graves problemas de liquidez al incurrir en unas pérdidas que excedían el límite de lo que podía soportar. La situación no pasó a mayores debido a que Interbolsa, la firma más grande del mercado, le propuso un negocio para inyectarle recursos frescos de capital y entrar en ella como accionista, con el 60 por ciento.

El ambiente es tan tenso, que casi se puede cortar con cuchillo. En medio de un verdadero dominó que comenzó hace unas tres semanas, el 'glamouroso' mundo de la bolsa ha visto cómo los precios de las acciones se despeñan en caída libre, acumulando una caída del 22 por ciento en el último mes. La situación es preocupante. Según un cálculo aproximado de Suvalor, las pérdidas para las firmas comisionistas de bolsa pueden estar alrededor de los 9.000 millones de pesos. Este cálculo se hizo teniendo en cuenta la participación en acciones que las 10 mayores sociedades comisionistas con posición propia tenían a diciembre de 2005, y la que tienen ahora.

Lo más grave de todo es que incluso los afiliados a los fondos de pensiones voluntarias también están perdiendo plata. Y muchos de ellos van a terminar pagando los platos rotos. Varias personas han comenzado a ver en sus extractos de los últimos días una disminución en sus ahorros de hasta dos a cinco millones de pesos. Según cálculos de Suvalor, la pérdida para las personas naturales que invirtieron a comienzos de año en acciones a través de los fondos de pensiones voluntarias y de los puestos de bolsa es de seis billones de pesos. Este ejercicio toma en cuenta los precios que se registraron el 27 de enero de este año -el pico más alto en lo que va corrido de 2006- y los del martes 23 de mayo. Con base en esto, la gente que se metió a la bolsa en enero puede haber perdido un 34 por ciento del valor de su portafolio.

Es un descalabro grande para cualquier persona. Pero, sobre todo, para aquellas que se 'apalancaron' o endeudaron con el fin de poder invertir en acciones. Pensando que harían el negocio de sus vidas, cantidades de pequeños ahorradores contrajeron créditos de libre inversión con las entidades financieras para comprar títulos en la bolsa. Su idea era esperar a que las acciones se valorizaran, para luego venderlas y con esa plata pagar el crédito -que está al 1 por ciento mensual- y quedarse con el resto de las ganancias. Nada de esto sucedió, como lo advirtió SEMANA a principios de año. Y en buena medida, el derrumbe de los últimos días obedece al nerviosismo de muchos inversionistas inexpertos que se endeudaron para comprar acciones y que ahora que la Bolsa está en reversa no saben qué hacer.

Los dedos acusadores señalan la situación internacional como la principal culpable de los malos precios en la Bolsa colombiana. Los conocedores sostienen que de no ser por las mayores tasas de interés en Estados Unidos y la cada vez mayor aversión al riesgo, las cosas serían a otro precio. Dicen que se trata de un dominó que está afectando los principales centros financieros del mundo, ante las miradas atónitas de los inversionistas del planeta.

Aunque ese análisis es correcto, la Bolsa ha caído también por otras razones. Una de ellas es que muchos fondos de pensiones empezaron a liquidar acciones para meterse en Ecogás, un negocio en el que piensan meter cerca de 750.000 millones de pesos (como lo reveló SEMANA en su edición pasada). A eso se suma una larga lista de nuevas ofertas públicas de acciones que vienen en los próximos meses y para las cuales los fondos de valores estarían esperando. En el tintero están una posible emisión de acciones de ISA, por 750.000 millones de pesos; una potencial capitalización del Banco de Bogotá para comprar Megabanco, de 400.000 millones de pesos; una emisión de Isagén, por 500.000 millones de pesos; una de Valorem, y otra de Carulla. Incluso, se rumora que Argos va a emitir acciones para su programa de American Depositary Receipts (ADR) hasta por un valor de un billón de pesos.

Como quien dice, puede haber oferta nueva de acciones hasta por dos billones de pesos. Si esto se compara con los 900.000 millones de pesos que compraron el año pasado los fondos de pensiones en acciones, la conclusión es que la oferta de estos papeles supera con creces la demanda de los fondos, que son los jugadores más grandes que tiene el mercado bursátil. Y, como pasa con todas las situaciones de la vida, cuando un bien abunda en el mercado, su precio cae.

La otra razón que señalan algunos es que efectivamente las acciones estaban sobrevaloradas y que la caída obedece a una corrección lógica de los mercados. Aunque durante cinco años las acciones fueron la inversión estrella, con valorizaciones excepcionales que hicieron de la Bolsa colombiana la más alta entre todas las del planeta en 2005, el fantasma de los precios sobrevalorados siempre estuvo presente y sólo muy pocos -como Porvenir y Anif- se atrevieron a tocarlo de frente. Más temprano que tarde, el toro embistió con sus cuernos. Y ahí la cornada fue segura.

A lo anterior se suma la incertidumbre por la elección presidencial, que siempre en vísperas pone nerviosos a los mercados. Esta teoría, sin embargo, es, a juicio de muchos, la que menos peso tiene en la caída reciente, debido a la amplia ventaja del presidente Álvaro Uribe en las encuestas.

Independientemente de las causas concretas de la debacle bursátil, lo cierto es que a la hora de repartir las pérdidas al cabo del desastre de las últimas dos semanas, los platos rotos van a ser pagados por todos. Y son varias las cosas preocupantes. En primer lugar, no se sabe exactamente hasta cuándo pueden seguir las pérdidas. Los locos vaivenes de los precios de las acciones a lo largo de la última semana dejaron claro que el agua sigue turbia y faltan algunos días para que se aclare.

En el caso de que las cosas se queden tal como están, es suficientemente grave. Tarde o temprano, las debacles en la bolsa acaban sintiéndose en la economía.

Semejante panorama se puede presentar si la crisis bursátil es duradera. Para tranquilizarse, hay que escuchar a los expertos que insisten en que la situación es recuperable. Hasta el momento, el principal esfuerzo de las autoridades es acabar con el pánico. Las consecuencias de este mes negro aún son inciertas. Para bien o para mal, la Bolsa no volverá a ser la misma...
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