Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/03/20 00:00

El timonazo

Soplan nuevos vientos en el Banco de la República. El Emisor está oyendo más al presidente Alvaro Uribe y ya su única preocupación no es el control de la inflación.

El timonazo

Cuando Alvaro Uribe fue elegido presidente y pidió un cambio de cartilla al Banco de la República, hubo revuelo entre los economistas del país, que comenzaron a hacer toda suerte de cábalas para descifrar sus sorpresivas palabras. "Hago un llamado prudente pero firme para que todos, incluido el Banco de la República, comprendamos que hay que revisar muchos aspectos de la cartilla", dijo el primer mandatario hace casi tres años, al celebrar su victoria como Presidente. ¿Quiso decir que iba a cambiar la orientación del Emisor?

El tema ha revivido ahora porque en las últimas presentaciones en foros públicos del nuevo gerente del Banco de la República, José Darío Uribe, el tema central ya no ha sido si la meta de inflación va a ser 1 ó 2 puntos por debajo de la del año anterior, sino qué puede hacer la entidad para impulsar el crecimiento económico y generar más empleo. Esta preocupación prioritaria del gerente ha despertado las sospechas de que se está dando un osado y sutil cambio de cartilla en la máxima jerarquía del Emisor.

La primera señal de que soplan nuevos vientos es el cambio de posición de la Junta del Banco de la República frente al tema de las reservas internacionales. En el pasado, cada vez que el gobierno le proponía al banco que le vendiera dólares para prepagar deuda externa, la respuesta de la autoridad monetaria era la misma: que las reservas eran el colchón que tenía el país ante una eventual escasez de dólares, y que gastarlas era demasiado riesgoso.

Hace un mes se conoció que el Emisor le venderá al gobierno 1.000 millones de dólares de las reservas internacionales. Estas se usarán para prepagar un crédito por 1.250 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuyos vencimientos están previsto entre 2006 y 2008.

La segunda señal de que las cosas están cambiando es la compra a manos llenas de dólares por el Banco de la República. Antes del gobierno de Álvaro Uribe, la reacción del Emisor ante los vaivenes de la tasa de cambio había sido de resignación e impotencia. Pero ahora las cosas son a otro precio. En diciembre pasado, el presidente Uribe hizo pública su voluntad de declarar una emergencia económica que le pusiera un piso a la tasa de cambio para evitar que el dólar siguiera cayendo de precio, y ante la amenaza, el Banco de la República se comprometió a comprar los dólares que sobraran en el mercado.

Por este sistema los guardianes de la moneda han comprado cientos de millones de dólares en el mercado cambiario con lo que han evitado que el dólar baje de los 2.300 pesos. Y eso recuerda el sistema de banda cambiaria que existió en el país hasta 1999 y que fijaba unos pisos y unos techos en los cuales tenía que moverse la tasa de cambio.

Según los comisionistas de Bolsa, el Emisor seguirá interviniendo para evitar que el dólar baje de los 2.300 pesos, pues ese es un nivel que genera temores en el gobierno. Pero se preguntan por cuánto tiempo más lo podrá hacer, puesto que cada vez que el banco compra dólares, le inyecta mucho dinero a la economía y esa liquidez puede generar inflación. Si hay más plata circulando en la economía, los precios tienden a subir. Por ahora, la inflación está bajo control, pero algunos analistas advierten que con bajas tasas de interés y un generoso flujo de pesos al mercado, podrían aparecer presiones inflacionarias al finalizar 2005.

Y un alza en la inflación, aun si es moderada, sería mucho más costosa para el país hoy en día de lo que habría sido hace unos años. La razón es que hoy son mucho más comunes las inversiones de largo plazo pactadas a tasa fija. Buena parte del dinero que el público ahorra a través de los bancos y los fondos de pensiones está invertido en papeles como los TES, por ejemplo. Estos títulos tienen plazos que van hasta 10 años y rentan cerca de 12 por ciento, es decir, 7 puntos por encima de la inflación. Pero, ¿qué pasaría si de un momento a otro la inflación se sube de 5 a 20 por ciento? Esos papeles valdrían cero, pues tendrían un rendimiento negativo en términos reales.

Otra preocupación entre los economistas es que si se llegase a reelegir el Presidente, cinco miembros de la Junta Directiva, incluyendo al Ministro de Hacienda, le deberían su nombramiento al jefe del Estado. Las normas del banco están diseñadas de tal manera que si bien es el Presidente de la República el que escoge a los directores, éstos no puedan ser nombrados al mismo tiempo, de tal manera que todos ellos no puedan ser seleccionados por un mismo presidente durante su cuatrienio. Con la reelección este mecanismo -uno de los pilares de la independencia del Banco Central- se rompe en pedazos, ya que el Presidente reelecto termina nombrando a toda la Junta Directiva del Banco de la República durante dos mandatos.

El tema está en el corazón del debate, cada vez más frecuente, entre los economistas del país. Los partidarios del cambio de cartilla sostienen que es necesario para que el banco deje de ejercer sus funciones como rueda suelta y salga de esa torre impenetrable desde la que ha actuado sin ver, sin escuchar y sin sentir la realidad que padece el país durante los últimos años.

Quienes se oponen al cambio de cartilla sostienen que los problemas del país no se van a solucionar porque la tasa de cambio esté a un nivel de 2.300 pesos, y que en cambio se corre el peligro de convertir a los miembros de la Junta del Banco de la República en áulicos del Presidente, que siguen instrucciones como los ministros en los consejos comunitarios.

Un cambio no es un asunto de buenos y malos, como suele a veces presentarse el tema en forma maniquea. Es un tema técnico y complicado y para entenderlo hay que tener tres cosas claras. Primero, que si se está produciendo un cambio de cartilla, debe explicársele al país abiertamente cómo va a funcionar de ahora en adelante la política monetaria en este nuevo arreglo institucional. Segundo, que no es realista pensar que la autoridad monetaria, cambiaria y crediticia continúe actuando sin tener en cuenta los efectos de las políticas sobre el común de las gentes, sobre el crecimiento y sobre la pobreza. Pero, tercero, preservar la independencia del Banco de la República es indispensable para mantener la estabilidad económica y la consiguiente confianza de los inversionistas.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.