Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/10/19 00:00

EL TOQUE DE MIDAS

En medio de la tormenta financiera los bancos de Luis Carlos Sarmiento siguen a todo marcha. ¿Cómo lo ha logrado?

EL TOQUE DE MIDAS

En inglés existe una frase que dice que cuando la marea sube levanta todos los barcos. Algo similar se vivió en el sector financiero colombiano en la primera mitad de la década de los 90. El proceso de apertura y liberalización de la economía desató un boom de crecimiento económico, consumo e inversión sin precedentes en el país. Entre los principales beneficiados de este fenómeno estuvieron las entidades crediticias que financiaron la expansión. Entre 1990 y 1995 el sector financiero creció aceleradamente y sus ganancias se multiplicaron. Las utilidades del total de establecimientos de crédito vigilados por la Superintendencia Bancaria pasaron de 114.600 millones de pesos en 1990 a 542.700 millones de pesos en 1995, lo cual representa un crecimiento anual cercano al 11 por ciento en términos reales. Según los propios banqueros, en esos años de auge no había que ser un genio para hacer plata en el negocio financiero.Sin embargo, en los últimos tres años, las cosas han cambiado. El crecimiento de la economía se ha desacelerado ostensiblemente y la crisis de muchos sectores ha afectado la actividad financiera. Por otra parte, el ingreso al mercado de grandes grupos bancarios internacionales, particularmente españoles, ha calentado la competencia y reducido los márgenes. Como si esto fuera poco, en los últimos meses la crisis internacional ha disparado las tasas de interés, agravando la situación de liquidez de los bancos y acelerando el deterioro de su cartera. Esto ha producido un franco declive en los resultados del sector, que este año se ha convertido en un verdadero desangre. Después de alcanzar los 375.000 millones de pesos en 1995, las utilidades de los bancos _excluyendo la Caja Agraria_ cayeron un 2 por ciento en términos reales en 1996 y un 5,5 por ciento en términos reales en 1997. En los primeros siete meses de 1998 fueron de 84.000 millones de pesos. Más aún, la diferencia entre los bancos 'ganadores' y los 'perdedores' se ha incrementado. Del total de 32 bancos, la mitad dieron pérdidas en los primero siete meses del año. Dentro del desolador panorama del sector sobresale un oasis de rentabilidad: los bancos del Grupo Aval, brazo financiero de la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo. (El desempeño reciente de las otras cuatro entidades importantes de Sarmiento: Las Villas, Ahorramás, Corfiandes y Corficolombiana, ha estado más acorde con el comportamiento general de sus subsectores.) Al cierre de julio pasado el Banco de Bogotá, el Banco de Occidente y el Banco Popular _todos controlados por Sarmiento_ reportaron utilidades por 129.200 millones de pesos frente a una pérdida acumulada del resto de los bancos, excluyendo la Caja Agraria, de 45.800 millones. Más todavía, estas tres entidades representaron el 56 por ciento del total de utilidades de los 16 bancos que tuvieron resultados positivos en este período. Si bien su nivel absoluto de rentabilidad ha caído recientemente, su distancia relativa frente al resto del sistema se ha incrementado. Aunque el Bogotá y el Occidente hace años que están entre los más rentables del país, en los últimos tres años ninguno de los dos ha bajado del cuarto puesto en lo que a rentabilidad sobre patrimonio se refiere (ver cuadro). El Banco Popular, que Sarmiento adquirió del Estado en noviembre de 1996 y que en ese año no figuraba entre los 10 más rentables, en los últimos dos años ha ocupado el séptimo puesto. Si la verdadera medida de un empresario son sus resultados en tiempos de crisis, Sarmiento ha confirmado con creces su estatus como el banquero más hábil del país. Las claves del éxitoPara muchos la clave del éxito de los bancos del Grupo Aval es un misterio. Sin embargo lo que pocos dudan es que tiene tanto que ver con la estrategia y administración de las entidades como con la personalidad de su dueño. En lo que a estrategia y gestión se refiere hay varios puntos importantes. El primero es que las entidades son extremadamente ortodoxas. Por un lado sus niveles de capitalización o solvencia están entre los más altos del sistema. Al 31 de julio de 1998 los bancos de Bogotá, de Occidente y Popular tenían una relación de patrimonio sobre activos promedio del 20 por ciento, cuando el promedio de la banca nacional apenas supera el 13 y la norma internacional es cercana al 11. Con tan bajos niveles de apalancamiento resulta aún más sorprendente que obtengan rentabilidades tan altas (para un nivel de utilidades dado, a mayor patrimonio menor rentabilidad). Además, a diferencia de otras instituciones, no han sido muy agresivos en el desarrollo de nuevos negocios, como el de mesa de dinero, que aunque son riesgosos pueden ser muy rentables. Incluso desde que Sarmiento entró como accionista a Corfivalle la autonomía y el nivel de exposición al riesgo de la mesa se ha limitado significativamente. Tomando todo esto en consideración, la conclusión evidente es que la rentabilidad ajustada por riesgo de los bancos de Sarmiento es aún más impresionante que la sola cifra de utilidades. Lo que permite que la filosofía de ortodoxia se traduzca en políticas y realidades es la gente. Los presidentes de las tres entidades son banqueros de la vieja escuela con un mínimo de 20 años de experiencia en el negocio. Además todos llevan un tiempo importante en sus respectivos bancos. Alejandro Figueroa, presidente del Banco de Bogotá, lleva más de 22 años en esa institución y estaba ahí antes de que fuera adquirida por Sarmiento. Efraín Otero, presidente del Banco de Occidente, ingresó a la entidad como analista cuando la Organización lo adquirió en 1971. Finalmente Hernán Rincón, del Popular, el más experimentado de todos, lleva más de 30 años en el sector y es presidente de esta entidad desde 1991. Otro aspecto clave es la austeridad y el control. Aunque los funcionarios de alto rango están entre los mejor pagados del sector financiero colombiano, los salarios en niveles más bajos tienen reputación de estar por debajo del promedio del mercado. Por otra parte, según un presidente de un banco rival que no quiso ser identificado, "el sistema de cobranzas de Sarmiento es el más eficiente del país. No les tiembla el pulso para echarles los abogados a los deudores morosos". Además, así como le dan a ejecutivos júnior la responsabilidad de tomar decisiones de crédito, son muy exigentes con los resultados. Finalmente, en cuanto al manejo de cartera se refiere, tienen índices de morosidad bajos y altos niveles de aprovisionamiento.
El motor
Sin dudas el corazón que hace palpitar todo el aparato es el dueño. Sarmiento es un trabajador incansable _un workaholic como dirían los gringos_ y extremadamente meticuloso. Tiene todas las cifras del Grupo en la cabeza y le encanta hacer cálculos de todo tipo. De los grandes empresarios del país es sin duda el que más metido está en la administración de su organización en el día a día. Participa en todas las juntas, habla constantemente con sus principales lugartenientes y revisa personalmente los balances. En sus propias palabras, "los bancos son como niños chiquitos, necesitan atención permanente". Habrá que ver cómo se desempeñan los bancos del Grupo Aval en lo que queda de este año y durante el siguiente, períodos que prometen ser al menos igual de duros a que lo que va de 1998. También será interesante observar cómo la estrategia ultraortodoxa del Grupo se ajusta a los rápidos desarrollos en segmentos no tradicionales como el de la banca de inversión y los mercados de capitales y qué tan importantes serán las economías de escala que generarán la integración de las operaciones independientes a través del Grupo Aval.Sin embargo, a pesar de la incertidumbre, es difícil comprender el nivel al que ha llegado la acción de un banco como el de Bogotá. Hoy en día los títulos de esta entidad se transan a un precio de 3.700 pesos, que representa una caída del 45 por ciento en términos nominales frente al cierre del año anterior y equivale a un 75 por ciento del valor de la acción en libros. Además la tasa de dividendos de la acción en la actualidad bordea el 15 por ciento. Teniendo en cuenta que en condiciones normales una entidad como el Banco de Bogotá debería valer al menos entre 1,5 y 2 veces el valor en libros, quien invierta al precio actual podría razonablemente esperar una rentabilidad a un año cercana al ciento por ciento libre de impuestos si la situación económica se estabiliza. Con los resultados que ha demostrado Sarmiento en las vacas flacas, es curioso que no haya más gente que lo quiera acompañar a la espera de que sea tiempo de ordeñar las vacas gordas.

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