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| 9/20/1993 12:00:00 AM

El visionario del celular

A partir de una pequeña herencia, Craig McCaw creó un imperio que vendió la semana pasada por 12.600 millones de dólares.

CUANDO MURIO SU PADRE, CRAIG McCaw y sus tres hermanos -Bruce, Keith y John- recibieron como herencia un pequeño sistema de televisión por cable, con menos de 4.000 suscriptores. Como Craig, que tenía tan sólo 20 años, era el "pilo" de la familia, decidieron entregarle las riendas del negocio. En vista de que todavía estaba estudiando y no podía repartir su tiempo entre las dos actividades, traslado todas las operaciones a su cuarto en la Universidad de Stanford. Lejos estahan los McCaw de sospechar que a la vuelta de dos décadas serían los propietarios de una de las más grandes empresas de comunicaciones de los Estados Unidos. Y no propiamente en el campo de la televisión sino en el de la telefonía celular.
El salto no fue fácil. Y muestra lo visionario que fue McCaw en materia de comunicaciones. Entre 1969 -año de la muerte de su padre- y 1987, el cerebral jovencito construyo un verdadero imperio de televicion por cable, que llego a tener casi medio millon de suscriptores. Pero esa no era para él la actividad con mayores proyecciones del sector, y decidió vendérsela a Jack Kent, uno de sus financiadores, por 755 millones de dólares. Cifra nada despreciable, pero insuficiente para sus intenciones.
Para esa época McCaw había decidido ya que el futuro estaba en la comunicación inalámbrica, y se había embarcado en una campaña para adquirir licencias alrededor del país. Recurrió para ello a toda clase de trucos financieros, incluyendo los famosos "bonos basura", o inversiones de alto riesgo, que hicieron furor en el mercado financiero norteamericano en la década del 80. Al punto que publicaciones de tanto prestigio como el New York Times afirman hoy que si Michael Milken representa "el lado villano" de los bonos, McCaw es el mejor ejemplo de cómo las operaciones inventadas por el primero podían llegar a ser supremamente exitosas.
Craig McCaw -un hombre delgado, pero de gran fortaleza- se interesó desde un principio, como muchos otros inversionistas, en la naciente telefonía celular. Pero a diferencia de los demás, vio en el negocio mucho más que la simple compra de franquicias para manejar sistemas aislados de comunicación. Su idea fue ligar varios sistemas, en diferentes partes del país, con el fin de que los usuarios pudieran hacer y recibir llamadas más allá de sus propios centros urbanos.
Lo cierto del caso es que durante los años 80 McCaw arriesgó miles de millones de dólares en dinero prestado -y en obligaciones financieras de todo tipo- en la adquisición de franquicias de telefonía celular y en la construcción de una de las compañías más innovadoras pero más altamente endeudadas del sector de las telecomunicaciones en los Estados Unidos. Con el tiempo, en efecto, la empresa llegó a tener compromisos de mediano y largo plazo por un valor cercano a los 5.000 millones de dólares y hasta hace muy pocos meses no arrojó ninguna utilidad.
Pero el esfuerzo no fue vano. La empresa de la familia, McCaw Cellular Communications -con sede en Kirkland, en el estado de Washington se convirtió en la primera empresa de telefonía celular de los Estados Unidos. La compañía opera o controla intereses en redes locales en varias de las principales áreas metropolitanas de ese país, como Seattle, Denver, Kansas, Dallas, Houston, Minneapolis, Pittsburg, Nueva York, Tampa y Miami Y sus ventas se acercaron el año pasado a los 2.000 millones de dólares
LA VENTA
Por eso los titulares de prímera plana en casi todos los diarios de los Estados Unidos -incluyendo una apertura de tres columnas en el New York Times cuando la compañía American Telephone and Telegraph, ATT, la gigante de la telefonía de larga distancia, anunció la semana pasada la absorción de McCaw Communications, en
una operación de canje de acciones por 12.600 millones de dólares. Y no es que la noticia hubiera sorprendido, pues ATT ya había dado a conocer sus intenciones de adquirir una parte de McCaw. Lo que sorprendió fue su monto.
La fusión de McCaw y ATT, que está todavía sujeta a la aprobación de la Comsión Federal de Comunicaciones y el Departamento de Justicia, es el quinto negocio más grande, por su valor, en la historia de los Estados Unidos, después de la compra de Nabisco por Kolver, Kravis and Roberts (30.600O millones de dólares), la de Warner Communications por Time (14.100 millones) la de Kraft por Philip Morris (13.400 millones) y la de Gulf Oil por Standar Oil (13.400 millones).
Aunque los analistas piensan que no habrá problemas para su conso lidació los mismos ejecutivos de ATT piensan que, al menos al principio encontrarán alguna resistencia, pues la fusión podría conducir a un cuasi monopolio en el servicio, similar al que tuvo Bell System hace apenas una década. Porque lo cierto es que con la fusión, ATT queda en una posición privilegiada con respecto a muchas de sus competidoras y, sohre todo, con respecto a las compañías de al cance local que podrían perder los ingresos que generan sus servicios a las redes de telefonía celular por la conexión de llamadas de larga distancia.

EI OBJETIVO
Según directivos, la compra de McCaw por parte de ATT es una respuesta al explosivo crecimiento de la comunicación inalámbrica -un campo que incluye la telefonía celular, los "computadores de bolsillo" y las máquinas móviles de fax- todos los cuales usan ondas de radio para enviar y recibir información. ATT espera ligar la inteligencia computarizada de sus redes de larga distancia con los sistemas de comunicación inalámbrica de McCaw.
En tales condiciones podría ofrecer, con su marca, nuevos servicios de telefonía celular, como parte de un paquete combinado con sus tradicionales servicios de larga distancia. En el mediano plazo, la red de larga distancia podría ser utilizada para recibir mensa jes y enrutarlos hacia un teléfono de bolsillo en cualquier lugar del país, sin utilizar como puente a las compañías locales.
El negocio también podría darle a la ATT un lugar de privilegio en el todavía naciente mercado de la computación móvil. No hay que olvidar que la compañía telefónica es propietaria de NCR, la conocida empresa fabricante de computadores y equipos de oficina, que adquirió en 1991 por 7.900 millones de dólares (el noveno negocio más grande en la historia del país).
Eso, sin embargo, no debe preocuparle mucho a Craig McCaw, que con sólo 44 años y de un día para otro pasó a formar parte de la exclusiva lista de los billonarios de su país. De acuerdo con su participación en McCaw Cellular, y dado el precio que tenían la semana pasada las acciones de ATT que recibió a cambio de la empresa, su riqueza personal superará los 1.000 millones de dólares. Sus tres hermanos quedarán con una fortuna que oscila entre los 550 y los 700 millones de dólares. Es más, de aprobarse la negociación, la familia se convertirá en el más importante accionista independiende de ATT. Y Craig McCaw llegará a la Junta Directiva de la empresa.
En ese momento arribará a su fin otra de las tantas historias de éxito que se presentan en la vida comercial y de negocios de los Estados Unidos, y que con cierta periodicidad permiten a los defensores del sistema recordar que todavía, y en medio de todos los problemas de su sociedad, es una posibilidad "el sueño americano".

LA EXPLOSION DEL CELULAR
La industria de la telefonía celular es, sin lugar a dudas, una de las que los expertos denominan "industrias de punta". Es decir, de las que no solamente jalonan el desarrollo tecnológico, sino que ofrecen las mejores alternativas de rentabilidad a quienes deciden intervenir en ellas, por su rápida expansión.
Lo que ha pasado con el mercado de los Estados Unidos en los últimos años es una prueba más que fehaciente de ello. Entre 1984 y 1988, siendo todavía una industria en formación, la demanda tuvo un lento crecimiento, y con trabajo el mercado alcanzó los dos millones de usuarios. Pero a partir de ese momento se disparó el pedido del servicio, hasta llegar en la actualidad a superar la cifra de los 12 millones de abonados. En el solo año de 1992 se afiliaron más de tres millones de personas.
Según estimativos del New York Times, realizados con base en las cifras de la Asociación de la Industria de Telecomunicaciones Celulares de los Estados Unidos, el número de suscriptores se incrementa, en la actualidad, a una tasa que supera los 9.500 usuarios por día.
El crecimiento en la demanda ha ido acompañado, por supuesto, de un incremento en los ingresos de las compañías que prestan el servicio. En 1988 los ingresos llegaban a 2.000 millones de dólares y a finales del año pasado ya se acercaban a los 8.000 millones.
Para los usuarios, en cambio, la mayor difusión del servicio ha representado un alivio en la factura que pagan mensualmente por el uso del servicio. Hasta 1988 los usuarios pagaban, en promedio, cerca de 100 dólares al mes. Hoy en día la factura promedio se acerca a los 60 dólares al mes. Y ese es un factor que contribuye todavía más a la expansión del servicio.
Por eso, más que los usuarios actuales, las compañías han ido ganando importancia por los usuarios potenciales. Y en ese aspecto la de mayor proyección es, sin duda, McCaw Cellular, que gracias a la estrategia de su fundador controla el servicio en va rios de los principales centros urbanos del país.
Entre las grandes ciudades norteamericanas colonizadas por McCaw en la década del 80 se destacan Nueva York, Miami, Seattle, Houston, Dallas, Pittsburg, Minneapolis, Denver y Kansas City.
Según las cifras del New York Times, el número de usuarios potenciales de McCaw es de 61 millones de norteamericanos. Después estarían, en su orden, CTE con 54 millones, Bell South con 39 millones, Bell Atlantic con 34 millones, Pactel con 33 millones y Southwestern Bell con 32 millones.
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