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| 2/27/2016 12:00:00 AM

Crisis energética prende la alerta roja

Con el incendio en la hidroeléctrica de Guatapé, el suministro de energía se puso color de hormiga. El fenómeno de El Niño y el mal manejo del potencial energético tienen al país al filo de recortes de luz.

La situación energética del país se complicó. Al fuerte fenómeno de El Niño se sumó que la hidroeléctrica de Guatapé, de Empresas Públicas de Medellín (EPM), estará paralizada por cuatro meses. Esta eventualidad ejercerá una presión adicional en un sector que afronta serias dificultades desde hace algún tiempo, debido al bajo nivel de los embalses y a los problemas financieros de las plantas térmicas.

El problema se produjo el 15 de febrero, cuando se presentó un corto circuito en la central ubicada en el oriente antioqueño, que causó un incendio en el túnel de acceso a la casa de máquinas. El fuego destruyó 4 kilómetros de cable que llevan la energía desde la central hasta la subestación, con lo cual la hidroeléctrica saldrá del Sistema Interconectado Nacional mientras los técnicos reparan el daño.

El hecho, que generó gran preocupación en Antioquia, pasó inadvertido en el resto del país a pesar de su gran impacto, pues Guatapé responde por el 4,2 por ciento de la demanda de energía del país, con 560 megavatios.

Ante la gravedad de la situación, la Superintendencia de Servicios Públicos le pidió a EPM poner en marcha medidas que permitan superar los problemas en el menor tiempo posible. Sin embargo, el tema no es tan sencillo y así lo reconoció el propio gerente de EPM, Jorge Londoño de la Cuesta, quien dijo que la solución tardará varios meses porque los cables destruidos son muy especiales y hay que traerlos del exterior. De las ocho unidades afectadas solo dos estarán en servicio en mayo. Las restantes entrarán de manera paulatina de ahora a septiembre. Es decir, antes de siete meses no quedará resuelto en su totalidad este grave incidente.

Para reemplazar la energía que dejará de suministrar Guatapé, nuevamente las térmicas tendrán que actuar. Termocandelaria, intervenida hace unos meses por la Superintendencia de Servicios Públicos, así como Termodorada tienen sus máquinas a todo vapor para ayudar en estas circunstancias.

Pero lo más grave no es solo que se dejará de suministrar energía cuando más se necesita, sino que Guatapé, a través del embalse de El Peñol, surte de agua a las hidroeléctricas Playas y San Carlos, también en Antioquia. El Peñol tiene cerca del 30 por ciento de las reservas hídricas del país y de él dependen estas centrales. Si se llegara a afectar la generación de energía de San Carlos, al no llegarle agua suficiente de El Peñol, la situación se complicaría. San Carlos es la hidroeléctrica de mayor capacidad, con 1.240 megavatios. Es decir, es responsable por cerca del 10 por ciento de la demanda del país.

El ministro de Minas y Energía, Tomás González, reconoció que la situación es muy complicada y que lo sucedido en Guatapé es “como si Colombia se quedara sin James cuando tiene que jugar la final del campeonato”. Para el senador Iván Duque la parálisis de Guatapé es un riesgo adicional que no puede distraer lo que está pasando en el sistema eléctrico nacional, que se ha visto afectado por la escasez de gas en el país.

Ante el agravamiento del panorama energético, el gobierno anunció nuevas medidas para impedir un racionamiento. El ministro González anunció que se importará energía de Ecuador y que se usarán las reservas acumuladas en los últimos meses, lo que llevará a que las hidroeléctricas y las térmicas tengan que trabajar a plena capacidad.

Ecuador suministrará 7 gigavatios diarios, el nivel máximo de capacidad que permite la línea de transmisión. Si bien esto representa menos del 4 por ciento de la demanda total de energía de Colombia, que asciende a 190 gigavatios, el anuncio lanza un claro mensaje sobre la complicada situación del sector y los nuevos riesgos que pueden poner en peligro la confiabilidad del sistema. Aunque Colombia ha mantenido un intercambio permanente de energía con Ecuador y Venezuela, las nuevas circunstancias no solo llevaron al país a suspender las exportaciones hacia esos dos países sino por el contrario, a tener que recurrir a comprar este recurso.

Además, debido a que el fenómeno de El Niño se ha endurecido, el nivel de los embalses sigue en picada y se encuentra en el 43,5 por ciento, muy por debajo del 64 por ciento del año pasado cuando se encendieron las primeras luces de alerta sobre los riesgos de un racionamiento de energía. Las regiones más vulnerables son Valle del Cauca, que tiene el nivel más bajo, con el 24 por ciento, seguido del centro y el oriente, con el 41 por ciento.

Sin embargo, con la salida del embalse de El Peñol, la situación se torna más crítica ya que el nivel útil de los embalses (capacidad para generar energía) baja al 31 por ciento, una cifra que comienza a preocupar.

No hay que olvidar que en tiempos normales las hidroeléctricas responden por más del 70 por ciento de la energía del país y las térmicas surten el resto. Ahora estas últimas han tenido que salir a respaldar el sistema con más del 45 por ciento de la energía, lo cual puede agravar su situación financiera porque los combustibles, como el diésel, están subiendo aceleradamente de precio.

Ante esta situación, Luis Alejandro Camargo, gerente de XM, filial de ISA encargada de gestionar el mercado eléctrico, indicó que es necesario que los colombianos tomen conciencia y ahorren más energía ya que el consumo no ha disminuido como se esperaba. Por el contrario, en enero pasado la demanda creció 5,7 por ciento y en regiones como la costa Atlántica aumentó 8 por ciento, una cifra preocupante. Con el fin de incentivar el ahorro, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) anunciará en los próximos días medidas que podrían beneficiar el bolsillo de los consumidores que no malgasten el servicio.

La preocupación en el gobierno es alta ya que cualquier evento adicional podría provocar un suspensión en el servicio, especialmente en horas pico, entre las 6 y las 9 de la noche.

Alejandro Castañeda, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras (Andeg), reconoce que la situación se puso más compleja y no se puede descartar ninguna medida de contingencia. Un experto en el sector ratificó que ante esta coyuntura el país queda “en el filo de la navaja” y que cualquier evento adicional comprometería el suministro de energía en el país. La razón es que con la salida de Guatapé y del embalse de El Peñol, unido al fuerte verano, el nivel de los embalses podría bajar en mayo a niveles críticos del 20 por ciento.

A esta situación se suma que la hidroeléctrica de El Guavio tiene un nivel de tan solo el 37,5 por ciento y no puede descender mucho más porque comprometería el suministro de agua para Bogotá. Lo más complejo en esta coyuntura es que no hay certeza sobre cuándo El Niño disminuirá su intensidad. El Ideam sostiene que bajará a finales de marzo, pero aun así el nivel de lluvias no alcanzará a compensar lo que han dejado de recibir los embalses en los últimos meses.

Más allá de los episodios accidentales, como el incendio en Guatapé y el recrudecimiento del fenómeno de El Niño, lo que está pasando en el sector eléctrico deja un sabor muy amargo. Hace diez años, Colombia pintaba ser una potencia energética, no solo por la riqueza hídrica que tiene sino por la regulación que, en su momento, se diseñó para el sector; por la interconexión y por el mismo dinamismo de las empresas. Hoy el panorama es desafortunado. Hay que importar energía, la amenaza de un racionamiento está en presente, la regulación no se modernizó y no se tomaron medidas a tiempo.

Lo cierto es que el panorama energético del país se complicó a niveles que nadie imaginaba.

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