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| 5/27/1996 12:00:00 AM

EMPIEZA EL DESCENSO

LO QUE EN 1995 PARECIA TAN SOLO UN ALTIBAJO RESULTO SER EL PREAMBULO DE LA ACTUAL DESACELARACION ECONOMICA

Definitivamente a veces las cosas se ven más claras con el tiempo. Hace apenas unos meses el gobierno y la opinión pública registraban el desempeño de la economía durante el año pasado como una ligera reducción del crecimiento respecto a 1994. Y lo que entonces se percibía tan sólo como una leve perturbación hoy ya se califica como el comienzo de una drástica desaceleración económica que ha llevado a los menos optimistas a hablar de recesión.Y es que si bien el año anterior fue bueno para la economía, los signos de desaceleración empezaron a ser evidentes, debido en buena parte a una estricta política monetaria concentrada en derrotar la inflación. El Producto Interno Bruto _PIB_ creció 5,3 por ciento, cifra apenas ligeramente menor que la registrada en 1994 pero que marcó la ruptura de una tendencia expansionista que se mantenía desde 1991 (ver gráfico). Este cambio en el panorama se confirma al observar las cifras sobre empleo. En efecto, después de haber alcanzado entre 1993 y 1994 su punto mínimo en la presente década, el desempleo reanudó su carrera ascendente el año anterior hasta llegar a un nivel de 10,4 por ciento al finalizar el primer trimestre del presente año.Pero, ¿cuáles son los motivos de la desaceleración iniciada el año anterior y que se mantiene en el presente? Según los analistas, se trata de una combinación de factores asociados con el ciclo económico, mezclados con los efectos de una política monetaria austera y una creciente incertidumbre política. Para nadie es un secreto que factores como la crisis cafetera o la destorcida de la construcción _que había sido protagonista del crecimiento económico de los años anteriores_ tuvieron un impacto negativo sobre la economía en 1995. Pero la historia no termina allí. Los empresarios tuvieron que enfrentar además una notable caída de la demanda agregada, que había venido creciendo desmesuradamente a costa de un gran endeudamiento privado y público. El frenazo fue mayor por una dramática elevación de las tasas de interés, especialmente durante el primer semestre del año anterior. En efecto, el Banco de la República apretó las riendas a la política monetaria como resultado de un diagnóstico tajante: la economía se encontraba recalentada y el riesgo de que se dispararan los precios era muy grande si no se tomaban las medidas del caso. Y la terapia no fue inútil: aunque al final del año no se alcanzó la meta de inflación que el Banco había previsto (18 por ciento), el crecimiento de los precios mantuvo su tendencia descendente (ver gráfico).Las quejas, sin embargo, no se hicieron esperar. Según varios analistas el precio que se estaba pagando por reducir la inflación un par de puntos era demasiado alto: para finales del primer semestre del año anterior el apretón monetario había llevado las tasas reales de captación por encima de 10 por ciento, mientras que las de colocación superaban el 20 por ciento. Si bien a mediados de año el Banco impuso controles que llevaron a una reducción de las tasas de un poco más de cinco puntos, el estímulo sobre la economía fue mínimo: a esas alturas la incertidumbre generada por la crisis política del gobierno Samper ya había empezado a afectar negativamente las decisiones de los agentes económicos. El dólar subeIrónicamente, esta incertidumbre también tuvo su lado bueno. Las inquietudes sobre la situación del país empezaron a generar una mayor demanda por dólares en el segundo semestre del año, lo que contribuyó a acelerar la devaluación hasta alcanzar un nivel de 19 por ciento al final del año. Esta mayor depreciación del peso _que representó una devaluación real por primera vez en muchos años_ fue factor decisivo para que en 1995 las exportaciones crecieran más rápido que las importaciones, cosa que no sucedía desde 1992. Para los empresarios tuvo especial importancia el crecimiento de las exportaciones menores, que alcanzó el sorprendente nivel de 22 por ciento (ver artículo especial en esta edición).Pero muchas veces el bosque no deja ver los árboles. Una de las cosas que más preocupa a los analistas económicos sobre la evolución de la economía durante 1995 es que, si bien nadie puede negar que un crecimiento de 5,3 por ciento es satisfactorio, se observa un evidente desequilibrio entre los distintos sectores. Los hechos hablan por sí solos. Durante el año anterior la economía estuvo esencialmente jalonada por la minería, sector que creció casi 18 por ciento, en buena parte debido a un aumento de la producción petrolera de 30 por ciento. En contraste, la industria creció menos de 3 por ciento, situación que ha llevado a muchos a decir que Colombia no se salvará del síndrome de la enfermedad holandesa, según el cual una bonanza petrolera es una maldición para el resto de la economía. Pero de una manera u otra, el que sí sorprendió fue el sector agrícola, que durante el año anterior alcanzó un crecimiento de 5 por ciento _excluyendo café_ gracias al buen clima y a los altos precios internacionales.Al ver lo que pasó al interior de la industria en 1995, cada sector también puede hablar distinto de cómo le fue en la fiesta. Para los empresarios las preocupaciones se distribuyeron de manera desigual. La celebración estuvo por el lado de aquellos sectores que en el año anterior no sólo jalonaron la industria, sino que mejoraron el buen desempeño de 1994. Este es el caso de los productos químicos, las bebidas, el papel y, contra los malos augurios, los textiles (ver cuadro). Otros que mejoraron, pero que crecieron por debajo del promedio de la industria, fueron los sectores de las confecciones y el tabaco, que luchan a brazo partido para sobrevivir en un contexto de apertura. Las lágrimas estuvieron por el lado de aquellos sectores que no sólo jalonaron el crecimiento industrial hacia abajo, sino que empeoraron respecto a 1994. Entre estos sobresale el caso de los productos de cuero, incluido el calzado, y los productos de caucho.¿Y entonces..?Una de las expresiones que más ha aparecido en los últimos análisis de los observadores económicos es la incertidumbre. Sin embargo hay ciertas tendencias que se pueden observar. Y es que, más allá de la evolución sectorial, para muchos analistas el desempeño económico del año pasado reveló los principales problemas que acechan a la economía colombiana en 1996. Mientras los macroeconomistas y el gobierno se ocupan de las discusiones sobre el déficit fiscal y el desequilibrio en la cuenta corriente de la balanza de pagos, a los empresarios les quita el sueño el alto nivel de las tasas de interés y la incertidumbre acerca del desenlace de la crisis política. Y lo cierto es que las discusiones parecen un partido de volibol en el que todos se botan la pelota. El Banco de la República afirma que el gobierno debe reducir el gasto público, mientras éste le dice a la Junta del Banco que afloje la política monetaria. A su vez, los dos le dicen al sector financiero que reduzca los niveles de las tasas de interés, pero las entidades bancarias desconfían de la estabilidad de la política monetaria y cambiaria y no se atreven a mover un dedo. Y mientras el gobierno le pide al sector privado que no mezcle la política con los negocios, el desempleo sigue subiendo.En medio del desorden, lo que nadie niega es que la crisis política sí le ha dado un matiz distinto a la coyuntura económica: la inversión privada está detenida, las amenazas de sanciones económicas por la descertificación se mantienen y el Banco de la República conserva las tasas de interés como un recurso para evitar una disparada del dólar. Por eso son muchos los que advierten que mientras se mantenga la incertidumbre política la niebla no se disipará.
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