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| 9/10/2001 12:00:00 AM

En llave

Los programas desarrollados por Finagro y la empresa privada han propiciado la recuperación de importantes sectores del agro colombiano.

Cada vez que se habla del tema del agro colombiano se toca una fibra sensible. Pocos sectores se han visto tan afectados por problemas de violencia, abandono estatal, catástrofes naturales y políticas económicas, que han sembrado más pobreza que desarrollo rural. Aún así hay que decir que en los últimos tres años el campo colombiano comenzó a mostrar síntomas de reactivación que se deben, en parte, a que algunas empresas privadas han vuelto sus ojos hacia el sector agropecuario.

Muchos pequeños y medianos empresarios del campo, que antes estaban excluidos del sector financiero y producían a pérdida, han encontrado nuevas alternativas. Proyectos e iniciativas del Fondo de Financiación del Sector Agropecuario (Finagro) han facilitado el reencuentro de las compañías privadas con el campo colombiano. “Es cierto que todavía hay muchos sectores deprimidos en el campo colombiano pero con estos proyectos y nuestros esfuerzos financieros y la participación de la empresa privada tenemos un panorama alentador”, dice César Pardo Villalba, presidente de Finagro.

Más que de simples préstamos se trata de apostarle a la generación de verdaderas empresas rurales en Colombia mediante alianzas estratégicas, créditos asociativos y convenios entre clientes y proveedores (agricultura por contrato). Así, campesinos que antes trabajaban por separado y no tenían muchas garantías a la hora de vender ahora han encontrado el respaldo de importantes empresas que los apoyan en la producción y les compran sus cosechas.

Tres ejemplos ilustran lo que se puede lograr por la vía de las alianzas entre los sectores financiero, empresarial y agropecuario.

Cultivo sensible

Un ejemplo interesante es el de la Compañía Nacional de Chocolates, que tiene convenios con los productores de cacao para la compra de sus cosechas. Entre 1999 y 2001 Finagro ha otorgado créditos por 56.600 millones de pesos para que la Compañía Nacional de Chocolates compre sin intermediarios la producción cacaotera que le sirve de materia prima. Para este año se estima que la cosecha de cacao estará por el orden de las 35.000 toneladas y cerca de 47.900 millones de pesos, de los cuales Finagro financiará el 80 por ciento.

Los beneficiados con este esquema de agricultura por contrato son las 35.000 familias que viven del cultivo de cacao en pequeña y mediana escala en todo el territorio nacional. En los convenios que suscriben con la Compañía Nacional de Chocolates se acuerdan con antelación el volumen por producir, el precio y la calidad esperada del producto. De esta manera el cultivador sabe a qué atenerse desde un principio. Hay un cliente seguro para su producción y no tiene que desvelarse con el vaivén de los precios o la especulación de los intermediarios.

Si se mira el mapa de Colombia se encuentra que sólo en Santander, Huila y Tolima, zonas críticas en materia de orden público, se concentra más del 70 por ciento del total de la producción nacional de cacao. Es un dato que habla de lo necesario que es mantener viva esta actividad. “La importancia de este cultivo en el país se debe a su impacto social, pues son 200.000 personas las que derivan de él su sustento, asegura Carlos Alberto Piedrahita, presidente de la Compañía Nacional de Chocolates. El cacao ha sido escogido como uno de los cultivos alternativos dentro del Plan Colombia por ser una excelente alternativa en zonas de conflicto”, añade.

Leche de exportacion

Otra iniciativa exitosa es la de la Cooperativa de Lácteos de Antioquia (Colanta), una asociación que se fundó hace 37 años y que hoy cuenta con 2.700 trabajadores y 11.500 socios. Esta empresa ha ayudado a sus asociados a gestionar créditos para comercialización e instalación de equipos.

De esta manera los ganaderos han podido adquirir tanques de enfriamiento, que reciben la leche tan pronto como se ordeña y facilitan su tratamiento y transporte en condiciones óptimas de calidad. Actualmente Colanta cuenta con 2.500 tanques, la mitad de los cuales están al servicio de las cooperativas y otros tantos quedan a disposición de los ganaderos, quienes los han instalado en sus propias fincas y los comparten con vecinos involucrados en el negocio.

A su vez Colanta paga unas bonificaciones por la leche que se enfría oportunamente y tiene el más bajo contenido de bacterias. Así los productores asociados, además de tener asegurada la venta de la leche, obtienen una calidad de exportación pues ya han alcanzado los estándares internacionales.

“Hemos pasado de ser un país importador de leche en polvo a ser uno exportador. Este año vendimos en el mercado internacional 20 millones de dólares en productos lácteos y seguimos creciendo gracias a proyectos asociativos en los que involucramos a productores de todo el país”, dice Jenaro Pérez, gerente general de Colanta.

Palma asociada

Un cultivo que ha crecido mucho en los últimos años en el país es el de la palma africana. Una de las empresas agroindustriales más importantes de este ramo es Indupalma, que después de pasar momentos críticos a comienzos de los 90 hoy tiene mucho que mostrar. Por ejemplo, los 40 proyectos de cultivo de palma que ha consolidado a través de alianzas estratégicas, en las que el empresario que tiene la infraestructura y el conocimiento técnico organiza expansiones de cultivo incluyendo a pequeños y medianos productores.

Es así como una familia que comienza con 10 hectáreas sembradas de palma en una de estas alianzas puede, a partir del cuarto año, pagar la totalidad del crédito obtenido y generar mayores recursos para su sostenimiento. Lo interesante es que el empresario se obliga a organizar a los campesinos, prestarles asistencia y comprarles la cosecha a precios competitivos.

A la fecha se han sembrado cerca de 16.000 hectáreas de palma, de las cuales la mitad son cultivadas a partir de alianzas estratégicas y el resto corresponde a pequeños y medianos productores. Los proyectos de Indupalma se desarrollan en departamentos como Magdalena, Cesar, La Guajira y en zonas como el sur de Bolívar y el noroccidente de Santander, donde a pesar de los difíciles problemas de seguridad se está dando una reactivación importante.

Ya hay 2.000 familias vinculadas como propietarias de los proyectos y se han generado cerca de 28.000 empleos directos en los diferentes departamentos. Gracias a este modelo autosostenible se ha dado una oportunidad real de empleo y de educación a miles de campesinos quienes, además de tener sustento, están terminando sus estudios básicos o capacitándose en técnicas para el cultivo de palma o en áreas administrativas. Quienes se han vinculado a estas empresas asociativas ya tienen su propia sede y sus propios cultivos y están montando nuevos negocios derivados de la palma.
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