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| 2/16/2003 12:00:00 AM

En el partidor

Arrancó la cuenta regresiva de las negociaciones del Alca. Colombia y los demás países destapan las cartas que se jugarán.

Como un estudiante que deja las tareas para última hora, los ministros de Comercio de los países latinoamericanos corrieron la semana pasada para preparar sus propuestas de negociación para el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca). Para Colombia, sin embargo, el problema no era que el gobierno no tuviera lista la tarea, sino que tenía que hacerla en grupo con los vecinos andinos, y así es mucho más difícil.

El pasado sábado 15 de febrero se venció el primer plazo para presentar las llamadas ofertas comunes en el Alca. Esto es, lo que cada nación pone sobre la mesa para negociar, no sólo en lo que tiene que ver con aranceles sino con comercio de servicios y reglas para la inversión, entre otras cosas. Y aunque el plazo no es definitivo, pues se pueden presentar mejoras a las propuestas hasta el 15 de junio, ya se destaparon las cartas que se jugarán los diferentes países en las negociaciones.

Desde que empezó a hablarse del Alca la teoría oficial ha sido que los países andinos deben actuar como bloque para tener más poder de negociación. Es algo que tiene sentido. A estas alturas, sin embargo, es claro que la unidad difícilmente se va a lograr. A fines del año pasado los países andinos debieron haberse puesto de acuerdo en un arancel externo común, a partir del cual se negociaría con las demás naciones y bloques económicos que participan del Alca. Esta tarea sigue pendiente, pues cada país andino tiene sectores productivos diferentes, y los aranceles que le convienen a uno no le gustan al otro. Ya llevan 10 años intentando sin éxito ponerse de acuerdo. De manera que, tanto en el tema arancelario como en los demás frentes de negociación del Alca, lo más probable es que los andinos logren acuerdos tan sólo parciales y se reserven el derecho de actuar por sí solos en lo que no estén de acuerdo con los vecinos. Será, en el mejor de los casos, una coalición bastante frágil.

Estados Unidos, por su parte, presentó al Alca una propuesta para eliminar gradualmente los aranceles de todos los productos, incluyendo los agrícolas y los textiles y confecciones. Pero no ofreció desmontar los subsidios a la producción agropecuaria ni revisar sus leyes antidumping, que son precisamente los puntos que más les interesan a los demás países. El gobierno estadounidense ha dicho que tratará esos temas en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Brasil, de otro lado, ha acelerado los contactos para fortalecer el Mercosur y profundizar los vínculos comerciales con los demás países de Suramérica, para tratar de hacerle contrapeso a Estados Unidos en una negociación que al parecer va para largo.

En efecto, como el país del norte no quiere hablar de subsidios agrícolas con los latinoamericanos, hay quienes especulan que los acuerdos del Alca, una vez pactados, quedarán sin firmar hasta que no se cristalicen los acuerdos globales de la OMC que incluyen el tema del agro. Esto no está asegurado, y aun si se logra, podría tomar más tiempo de lo previsto.

El problema para Colombia es que las preferencias del Atpa, que Estados Unidos otorgó unilateralmente a los países andinos, se vencen en 2006, cuando se supone que debe haber culminado la negociación del Alca. Si el acuerdo continental no está listo en esa fecha, los productores colombianos que se benefician de las preferencias quedarían colgados de la brocha. Por eso la semana pasada el ministro de Comercio Jorge Humberto Botero viajó a Washington y reveló su "plan B": le hizo saber al gobierno estadounidense que Colombia, acompañada de otras naciones andinas, estaría interesada en negociar un acuerdo de comercio bilateral con ese país, en caso de que el Alca se embolate.
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