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| 4/5/1999 12:00:00 AM

EN TIERRA DE CIEGOS

La crisis económica colombiana palidece al lado de las dificultades que atraviesan Ecuador <BR>y Venezuela.

Para quienes se sienten agobiados por la grave crisis económica que atraviesa Colombia
y estén considerando seriamente emigrar del país, lo aconsejable es mirar más allá del vecindario. La
devaluación de cerca del 40 por ciento del sucre ecuatoriano la semana pasada volvió a desnudar las
serias debilidades estructurales dela economía de ese país que se encuentra sumergida en su peor crisis
de los últimos 70 años. Al este, en Venezuela, aunque la economía no ha entrado en el espiral
devaluacionista, los riesgos siguen latentes. El principal es la incertidumbre que generan las ambiguas
declaraciones del presidente Hugo Chávez en materia de política económica. Con crecimientos cercanos al
cero en 1998 en Colombia, Venezuela y Ecuador, y ninguna evidencia de que ya se tocó fondo, todo apunta a
una depresión regional en 1999.
El caso de Ecuador es patético. Los nefastos efectos del fenómeno de 'El Niño' sobre la zona costera
_corazón económico del país_ en 1997 y principios de 1998 y la prolongada baja en los precios del petróleo
ha producido un enorme saldo en rojo en las cuentas del gobierno y la balanza externa. De hecho, los déficit
fiscal y externo del Ecuador como porcentaje del PIB son superiores en un 80 por ciento y un 35 por ciento
respectivamente a los ya escandalosos niveles de los indicadores colombianos. Como si esto fuera poco, las
reservas externas del país apenas alcanzan para cubrir unos tres meses de importaciones _esta relación en
Colombia es de seis meses_ y la deuda externa equivale a un 80 por ciento del Producto Interno Bruto
_frente a un 39 por ciento en Colombia_. Este precario balance tiene con los nervios de punta a los
acreedores del país quienes se muestran reacios a aportar los 1.700 millones de dólares de financiación
adicional que el país necesitará este año.
En lo que se refiere al sector financiero, eje vital de cualquier economía, los problemas del vecino del sur
también hacen palidecer a los colombianos. Desde que el presidente Jamil Mahuad asumió el poder en agosto
del año pasado son ya ocho los bancos que han cerrado, entre ellos Filanbanco, el más grande del país. A
pesar de sufrir de problemas estructurales similares a los que se presentan en Colombia, en el sector
financiero ecuatoriano no hay presencia importante de grandes grupos financieros internacionales _que en
Colombia controlan más del 25 por ciento de los activos bancarios y que constituyen una garantía no
despreciable en épocas de crisis_, y los bolsillos de los grupos locales son más reducidos.

¿El primer dominó?
Con la caída del sucre la semana pasada muchos de la región se preguntan cuál de las otras dos economías
del área será la siguiente en caer. Después de todo el panorama tanto en Venezuela como en Colombia es
similar al que precipitó la crisis del sucre _bajo crecimiento, hueco fiscal y un controvertido sistema de
bandas cambiarias_. Sin embargo, al menos a juzgar por la situación actual, lo más probable es que si
ocurre una nueva macrodevaluación, ésta sea en Venezuela.
Aunque la situación en Colombia es grave, los problemas de Venezuela son, en términos generales,
bastante más agudos. Por una parte, el desfase en las cuentas del Estado es sustancialmente mayor. Según
un informe de Corfivalle, aunque el gobierno venezolano sostiene que en 1998 el déficit fiscal fue del 6,5 por
ciento del PIB _frente a 3,9 por ciento en el caso de Colombia_ la firma de investigación independiente
Veneconomía estima que realmente fue del 11 por ciento, pues en las cifras oficiales "no se tienen en
cuenta los gastos por intereses y las pérdidas del Banco Central que por ley deben ser reembolsadas por el
gobierno". Además, según cálculos del Banco Mundial, el bolívar estaría sobrevaluado en un 40 por ciento.
Si bien algunos analistas sostienen que el peso también se encuentra sobrevalorado, nadie habla de este tipo
de magnitudes. Este hecho aumenta considerablemente el riesgo de devaluación. Finalmente y quizás más
importante es el hecho de que el presidente Chávez no ha logrado despejar las dudas sobre su pasado
populista ni enunciar un programa económico coherente.
No obstante, Venezuela también presenta un par de fortalezas estructurales con respecto a Colombia. La
primera es que su déficit de cuenta corriente es reducido _1,8 por ciento del PIB en 1998 frente a 6,7 por
ciento en el caso colombiano_ y por lo tanto sus reservas de 14.500 millones de dólares cubren más de 11
meses de importaciones. Segundo, tras atravesar una costosísima crisis financiera a mediados de la
década, Venezuela cuenta hoy con un sector financiero bastante sano en el que la mayoría de las
instituciones más importantes están en manos de grandes grupos internacionales. La importancia de este
factor no puede ser subestimada, pues el sistema financiero es con frecuencia el punto de quiebre en
momentos de crisis.
En cualquier caso, los prospectos para la región no son alentadores. Tal vez este sea el momento de
buscar soluciones de fondo de manera conjunta para asegurar que la crisis se pueda aprovechar para
fortalecer a los países de cara al próximo siglo.
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