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| 1/9/1995 12:00:00 AM

ESPAGUETI CON FRIJOLES

Una firma colombo-italiana está demostrando que el país tiene futuro en el competido mundo de la ingenierìa de diseño y montaje de plantas.

EL SITIO TIENE UN NOMBRE lo suficientemente exótico como para producir curiosidad. Se trata de Aspropyrgos, una ciudad industrial localizada en plena península del Peloponeso, a unos cuantos kilómetros de Atenas. Allí se está adelantando la construcción de una refinería que debe producir 17.000 barriles diarios de gasóleo a finales de 1995.
Claro que nada de eso sería noticia si no fuera porque una parte pequeña de esa obra de 30 millones de dólares va a ser diseñada por una firma de ingeniería colombo-italiana que emplea a cerca de 120 profesionales en Bogotá. Pero así es. Al igual que ya sucedió con el diseño de un acueducto en Arabia Saudita, el país está demostrando que cuenta con los recursos para asomarse, así sea tímidamente, al mundo internacional de la ingeniería.
Todo comenzó a finales de 1975 cuando una empresa italiana, Tecnologie Progetti Lavori -TPL-, decidió fundar una filial en el país con mayoría de capital colombiano. Las perspectivas de desarrollo del sector de refinación de derivados del petróleo hacían atractiva la existencia de una empresa que sirviera como punta de lanza en el mercado nacional del diseño y el montaje de plantas.
De esa manera nació Tipiel S.A. En ese momento los socios locales fueron La Nacional de Seguros S.A. con el 41 por ciento de las acciones y una firma de abogados que se quedó con el 15 por ciento. Por su parte, TPL aportó el 37 por ciento y Technip, la mayor compañía francesa de ingeniería y construcción -socia de la empresa italiana-, participó con el 7 por ciento restante.
En los años que siguieron Tipiel se movió en el ambiente local y realizó contratos concentrados en el área de la refinación de petróleo. Al mismo tiempo, el socio mayoritario colombiano le vendió su participación a Pizano.
Para mediados de la década pasada se produjo un nuevo cambio con la llegada de Suramericana de Seguros, la empresa bandera del llamado Sindicato Antioqueño. La entrada del conglomerado paisa al panorama amplió el espectro de negocios de Tipiel y el apalancamiento que le podía brindar el socio colombiano. Aparte de las consabidas obras en el sector petrolero (incluìda la nueva planta de fraccionamiento catalìtico de Ecopetrol en Barrancabermeja), el abanico se amplió a otras áreas de la industria.
Por ejemplo, en 1992, Tipiel se ganó un contrato de 11 millones de dólares para la construcción de la planta de Setas Colombianas, un proyecto de producción y empaque de champiñones con destino a la exportación, en el cual las empresas asociadas al Sindicato tienen la mayoría accionaria. La fábrica, ubicada en Santa Rosa de Osos, al norte de Medellín, ya comenzó a producir.
Pero quizás el cambio más dramático fue el que se produjo en materia de capacitación. A comienzos de la década 10 ingenieros colombianos fueron seleccionados para irse por un período de dos años a las oficinas de TPL en Italia. La idea resultó tan buena que por esta época un tercer grupo ya está alistando maletas. "Los ingenieros colombianos demostraron que son tan capaces como los italitmos y han tenido una inmensa capacidad de integraciòn al medio europeo", afirma Gildo Zuccarini, gerente TIPIEL 8A de Tipiel en Bogotá.
El hecho de contar con un grupo de profesionales en Colombia que ya había recibido el entrenamiento y hecho contactos en la casa matriz, llevó a TPL a pensar en su filial colombiana para que esta ejecutara diversos trabajos en Europa. Si en los años 70 Tipiel resultó ser la punta de lanza para que TPL entrara en Colombia, 20 años después esa ecuación comenzó a invertirse. Nicanor Restrepo, presidente de Suramericana, estima que Tipiel ha exportado ya más de 40 mil horas de trabajo de ingeniería al Viejo Continente.
Y ese es el comienzo. A medida que aumenta el grupo de ingenieros entrenados, la empresa colombo-italiana ya está contemplando nuevos horizontes. Por ahora piensa concursar en proyectos en Chile y Ecuador. Eso sin contar lo que le pueda reportar su asociación con TPL en Europa, donde la buena fama que han dejado los profesionales colombianos ha caído en tierra fértil. Tal como dice Zuccarini, "los ingenieros colombianos son los mejores embajadores que puede tener este paìs y eso hay que aprovecharlo al màximo".
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