Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/09/20 00:00

¿Falta lo peor?

Tambalea el capitalismo financiero global. Caen, como fichas de dominó, las firmas más prestigiosas del mundo. La Reserva Federal destinó cerca de 500.000 millones de dólares para salvarlas. Pero la crisis todavía no ha tocado fondo, y en Colombia ya se sienten sus coletazos.

¿Falta lo peor?

Desde que comenzó la debacle del sistema financiero en Estados Unidos, hace poco más de un año, sólo se han escuchado malas noticias. La crisis se ha regado como pólvora por todo el planeta, lo que ha empujado a nuevas entidades al abismo. Lo sucedido la semana pasada con la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y el rescate urgente aplicado por la Reserva Federal Estadounidense (FED) a la aseguradora AIG pusieron en evidencia que en esta crisis todavía no se ha tocado fondo y que probablemente se verán cosas peores.

Los expertos están sorprendidos. El ex presidente de la FED, Alan Greenspan, dice que "debemos reconocer que esto es un evento que se produce una vez cada medio siglo". Greenspan, quien presidió la FED de 1987 a 2006, pronosticó que esta crisis todavía está lejos de terminar. El financista y multimillonario norteamericano George Soros teme que el mundo siga dirigiéndose hacia la tempestad en lugar de alejarse y el premio Nobel de Economía, el estadounidense Joseph Stiglitz, no cree que las turbulencias en los mercados financieros internacionales acaben pronto. "Se extenderá por lo menos hasta principios de 2010. Y las pérdidas en el nivel mundial van a superar con creces los 1.000 millones de dólares". Para el director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, "estamos frente a una crisis financiera nunca vista" que sin duda afectará al mundo entero.

¿Por qué se llegó a tal situación? Esta historia nefasta para la economía mundial se gestó entre los años 2002 y 2006 cuando, ante los excesos de liquidez y las bajas tasas de interés, los bancos en Estados Unidos otorgaron créditos de vivienda con el peligrosísimo esquema de cuotas supermínimas (los llamados subprime), muchas veces a gente que no tenía capacidad de pago y con la financiación hasta del ciento por ciento del valor de las casas. El mercado estaba animado porque, además, la finca raíz se valorizaba a un ritmo sorprendente. En ese período los precios de las viviendas subieron entre 70 y ciento por ciento.

Paralelamente, en el mercado se dio una rápida y desordenada titularización de las deudas hipotecarias, es decir los créditos de vivienda se convirtieron en papeles valores para ser negociados en todo el mundo. Los grandes bancos de inversión acumularon en sus activos estos títulos que gozaban de excelente calificación de parte de las firmas evaluadoras de riesgo.

Pero el boom terminó cuando subieron las tasas y la burbuja de los precios de la vivienda se reventó. La gente empezó a colgarse en sus pagos a los bancos y por consiguiente, los títulos que respaldaban esos créditos hipotecarios perdieron valor y el mercado se cerró para ellos. Nadie quería tenerlos en sus manos.

Ahí sí, quién dijo miedo. Las consecuencias no se hicieron esperar. Como un efecto dominó, primero cayeron las utilidades de los grandes bancos que tenían estos papeles en sus portafolios, tanto en Estados Unidos, como en el resto del mundo, principalmente Alemania, Inglaterra y Asia. Luego el turno fue para las entidades más comprometidas con las titularizaciones (Fannie Mae y Freddie Mac), que el gobierno estadounidense rescató rápidamente este mes y más tarde el golpe fue para las aseguradoras que vendieron complejos seguros contra cesación de pagos para proteger a los inversionistas.

La crisis ha sido de tal dimensión que en 2006 en Estados Unidos se presentaron 750.000 procesos jurídicos por créditos hipotecarios; en 2007 la cifra aumentó a un millón y medio y para este año se estima que hay en fila tres millones de procesos. Estas son personas que están a punto de perder sus viviendas. De los 57 millones de créditos hipotecarios que hay en ese país, se calcula que ocho millones presentan una característica muy conocida por los colombianos: la deuda vale más que el valor de la vivienda. Lo más grave es que en promedio, en el último año, el precio de la finca raíz ha caído un 15 por ciento.

Como se ve, el asunto es de una gravedad pasmosa. Con un mundo globalizado el pánico se ha regado por los mercados financieros en donde esos títulos hipotecarios se negociaron como pan caliente. Como era lógico, cuando nadie los quiso reinó la desconfianza y los mercados se quedaron ilíquidos, lo que obligó a los bancos centrales a inyectar millonarios recursos para evitar colapsos mayores.

Y mientras los grandes bancos reflejan enormes pérdidas sus acciones en las bolsas caen estrepitosamente.

El pico de la crisis fue la semana pasada cuando se vivió un auténtico crash bursátil mundial. Las bolsas asiáticas, europeas, latinoamericanas y por supuesto Wall Street tuvieron millonarias pérdidas que todavía se están contando.

La sucesión de calamidades que empujó a varias entidades a la catástrofe no tiene precedentes y parece que tampoco final. Quién hubiera imaginado que las insignias de Wall Street, muchas de ellas de más de 100 años de vida, cayeran como un castillo de naipes.

Quienes conocen el sofisticado mundo de Wall Street entienden el drama que se vive por estos días en sus calles. Al mejor estilo neoyorquino, la semana pasada la casa de subastas eBay estaba vendiendo en Internet recuerdos de Lehman Brothers, cuyos precios superaban lo que terminó valiendo una de las acciones de este banco que quebró. Gorras, bolígrafos, tazas, alfombrillas para el ratón del computador, camisetas y termos con el logotipo de LB se subastaban al mejor postor. Por una gorra se pidieron 26 dólares y por una camiseta 21,50 dólares.

Tras esta crisis el símbolo del capitalismo no será el mismo. De los cinco bancos más grandes de inversión independientes en Estados Unidos, sólo dos quedan en pie y ya se anuncia que vendrán fusiones. Ya desaparecieron del mapa Bear Stearns que fue adquirida por J.P. Morgan, Lehman Brothers que se declaró en bancarrota y está vendiendo algunos activos al británico Barclay, el legendario Merrill Lynch negoció urgentemente su venta al Bank of America y Morgan Stanley, bajo presión, está negociando con Wachovia, un banco que también ha sido duramente vapuleado por los créditos hipotecarios.

Los analistas creen que Goldman Sachs, uno de los alumnos más aplicados de la banca de inversión en Estados Unidos, probablemente terminará aliado con un banco más.

El costo de esta crisis será inmenso. Si se llegara a una debacle total, los analistas no dudan que podría acercarse a 10 puntos del PIB de Estados Unidos, una cifra que no cabe en la cabeza, algo así como 1,3 billones (millones de millones) de dólares, varias economías del mundo juntas.

Esto ha puesto al gobierno estadounidense a buscar urgentemente soluciones. Al finalizar la semana el secretario del Tesoro, Henry Paulson, anunció un mega plan para devolver la confianza a los mercados. Y parece que dio efecto, pues el viernes reaccionaron las bolsas del mundo, incluida la colombiana. Si los inversionistas están nerviosos, los banqueros aún más. Todos tratan de protegerse. El gigante hipotecario de Inglaterra, el Hbos será adquirido por el Lloyd, presionado para evitar un desplome futuro.

El asunto es que ya nadie parece sentirse a salvo en la actual coyuntura. Quienes pensaban que América Latina iba por su lado y Estados Unidos por el suyo o que China e India harían un contrapeso ante un descalabro de la mayor economía del mundo parece que se han equivocado. A lo mejor, por mucho tiempo más, cuando estornude la mayor economía del planeta, al resto del mundo le dará gripa.
 

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.