Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1982/10/04 00:00

FIEBRE DE ORO

Un asalto frustrado

FIEBRE DE ORO

En la mañana del miércoles, los tranquilos habitantes de Guapí fueron despertados con el estrépito de un fuerte tiroteo; cinco individuos poderosamente armados fueron sorprendidos por la inusitada acción de la policía, cuando intentaban asaltar la Agencia del Banco de la República de esa localidad. Un intento fallido que hacia las doce del día ya tomaba las proporciones de una catástrofe: ocho muertos tendidos en el suelo.
Los cinco sujetos habían remontado el río Guapí en las horas de la mañana, con la mira puesta en los dos millones de pesos en oro que las arcas del Banco guardaban. Dos de ellos se quedaron en la embarcación y los otros se encaminaron a la agencia, que hacia las nueve de la mañana ya comenzaba con las labores del día. Un asalto que intentó frustrar el gerente del Banco, el Sr. Elmer Cobo Quiñones, cuando puso a funcionar los sistemas de alarma y logró que cinco agentes de policía rodearan el local: en represalia, los asaltantes que se aprestaban a salir del Banco con su botín a cuestas, tomaron como rehenes a Cobo Quiñones, al carpintero Sixto Neoker Castillo, y al vigilante Freddy Zúñiga. El primero, apuntado con el cañón de una pistola en la sien, hizo señas a la policía para que no disparara, y no se sabe quien disparo el tiro que hiriendo la pierna del atacante que apuntaba al gerente, desencadenó una de las más funestas y largas balaceras: el ladrón herido mató inmediatamente al gerente, y el vigilante y el carpintero fueron cayendo desplomados. Los asaltantes murieron acribillados en la huída, y los que se habían quedado en la lancha fueron alcanzados por los disparos de la policía.
Ocho muertos en menos de cuatro horas. Un saldo que resulta impresionante cuando se cuenta que la policía ya había sido avisada.
El Banco logró conservar intactos sus millones de pesos en oro puro, y la localidad caucana del Guapí seguirá sobreaguando con las ganancias de ese metal. Mientras tanto, los habitantes del pueblo enterrarán a sus muertos y las autoridades investigarán, sin ninguna fuente a mano, sobre el posible origen del asalto.

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