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| 9/27/1993 12:00:00 AM

FIN DE LA NOVELA

Con la firma el viernes pasado del acta que dio por terminado el fideicomiso del Grupo Michelsen con el Banco de Colombia, terminan una década de debates jurídicos y discusiones financieras.

EL VIERNES PASADO, EN LA DIRECCION GEneral del Banco de Colombia, terminó una de las controversias jurídicofinancieras más sonadas en la historia del país: el matrimonio entre Cingra S.A., sociedad encabezada por Jaime Michelsen Uribe, y el propio banco. Ese día se reunieron representantes de una y otra y pactaron su separación definitiva, mediante un acta en la que dieron por finalizado el contrato que los unía desde hace cerca de 10 años.
Ese contrato fue suscrito el 2 de febrero de 1984. un año después de que Michelsen Uribe y la plana mayor de la directiva del Banco de Colombia y del Grupo Grancolombiano dejaran sus cargos en la organización o viajaran al exterior para evitar su captura. Así se pactó la entrega que en fideicomiso hicieron. al Banco de Colombia, Michelsen, su hijo Pablo, Roberto Ordóñez Ibáñez, Juan Agustín Carrizosa, Rafael Padilla, Eduardo Ospina Fernández, Manuel José Arrázola y la sociedad Cingra Dos Ltda., de todas las acciones que poseían en Cingra S.A., empresa holding de esa telaraña de compañías en que se había convertido el Grupo. La negociación tenía por objeto central garantizar a los acreedores de las sociedades del Grupo Grancolombiano el pago del dinero que se les debía.
En un principio, el contrato produjo bastante descontento entre los antiguos directivos del Grupo. A pesar de que tenían derecho a dos miembros en la Junta Asesora del fideicomiso, se abstuvieron de ir a las reuniones. Se sentían perjudicados, entre otras cosas porque durante mucho tiempo el banco dejó de pagarles honorarios por tres millones de pesos mensuales, tal y como lo estipulaba el contrato. Por eso demandaron ejecutivamente a la entidad bancaria en 1985, sin que hasta ahora haya habido una condena en firme.

DISTANCIA Y REENCUENTRO Pero los problemas no paraban ahí. Dos años más tarde Michelsen y su grupo tomaron la decisión de revocar el fideicomiso por medio de una escritura pública. Sin embargo, no tuvieron éxito. Además llevaron adelante con más fuerza las demandas contra la Nación por el proceso en que fueron nacionalizados, en enero de 1986, el Banco de Colombia, Granfinanciera, Pronta y la Compañía de Financiamiento Comercial Grancolombina.
Estas actitudes hicieron aún más complicado el matrimonio. El endeudamiento de las compañías objeto de fideicomiso no se eliminaba. Según le dijeron a SEMANA directivos actuales del Banco de Colombia, había que pagar deudas en favor del Banco de Colombia S.A. de Panamá, y emplear la inversión de Cingra S.A. en la Aseguradora Grancolombiana S.A., la Aseguradora de Vida Grancolombiana S.A. y la Capitalizadora Grancolombiana S.A.
Fue entonces cuando el banco, como consecuencia del descontento de Michelsen y los demás fideicomitentes, contrató a tres abogados para que dieran un concepto sobre el contrato: Carlos Holguín Holguín, Juan Carlos Esguerra Portocarrero y Alberto Hernández Mora. Y con base en algunos criterios de este grupo de asesores, empezó a buscar fórmulas para llegar a un arreglo con los fideicomitentes. La meta que se habían fijado los directivos del Banco de Colombia era terminar en forma anticipada el contrato de fideicomiso para darle vía libre a la venta del organismo con la intervención del Fondo de Garantías de Instituciones Financieras. Al fin y al cabo, a mediados de junio el Fondo firmó un convenio con la First Boston Corporation, la , misma entidad estadounidense que llevó de la mano la privatización de 18 bancos en México. Además, como dijo a SEMANA la presidenta del Banco de Colombia, Leonor Montoya, "otro objetivo fundamental era dejar al banco sin esa mano de pleitos".
Finalmente, el acercamiento entre el banco y los fideicomitentes se dio en julio pasado. En ese momento, y en buena parte gracias a las gestiones mediadoras de Esguerra, unos y otros comenzaron a rastrear mecanismos de paz. Lo que los fideicomitentes querían era, principalmente, el pago de las mensualidades atrasadas, reajustab]e de acuerdo con el índice de devaluación, y los intereses correspondiente Y el banco aceptó.

EL ULTIMO ADIOS Así, pues, el viernes pasado s realizó la reunión del adiós del matrimonio Michelsen Banco de Colombia.
que se inició hace algo más de 20 años atrás, cuando este hombre se hizo cargo de la representación legal de la entidad financiera. En una oficina contigua a la de Leonor Montoya se diero cita no solo ella, sino los demás integrantes de la Junta Asesora del Fideeomiso: Pedro Camargo, vicepresdente ejecutivo del banco; Pablo Michelsen Niño y Juan Agustín Carrizosa representantes de los fideicomtentes, y Ernesto Anzola Gómez miembro restante elegido de comúnacuerdo por las partes. También estuvieron Claudia Michelsen Niño, como apoderada de Cingra Dos Ltda Manuel José Arrázola, en representación de Inversiones Arrázola Gutierrez Ltda.; Christian Fernando Cardona, apoderado de Jaime Michelsen y Félix Emilio Duque, abogado de Alcides Caicedo y de Eugenio Concha Asociados Ltda. No se presentaron Eduardo Ospina Fernández, Manuel José Arrázola, Rafael Padilla ni Roberto Ordóñez.
En seguida se inició una de las sesiones más agitadas que se recuerden de esta Junta. Si bien es cierto que tanto los fideicomitentes como el banco convinieron que el fideicomiso sí garantizó el pago de las obligaciones de las empresas del Grupo Grancolombiano; que desistirán de cualquier acción legal en curso, incluso contra la Nación, por motivo del contrato suscrito en 1984, y que los fideicomitentes venderán al Banco de Colombia S.A. en Panamá las acciones de Cingra S.A. en las aseguradoras y a comprar de nuevo al banco los derechos que posee en Hacienda Terreros Ltda., cerca de Soacha (Cundinamarca), Carrizosa leyó una carta en la que expresó su desacuerdo con lo pactado. También revocó de viva voz el poder que le había otorgado a Pablo Michelsen para lo relacionado con la prestación pactada en favor de los fideicomitentes.
Consultado por SEMANA, Carrizosa, quien fuera presidente de Granahorrar y sin duda uno de los hombres más cercanos a Michelsen en las épocas de gloria del "águila", dijo: "Me citaron a una junta con la intención de que ratificara hechos cumplidos resueltos entre el Banco de Colombia y los accionistas de Cingra distintos a mí. No estoy en condiciones de aceptar un arreglo hecho a mis espaldas que pretende rectificar afirmaciones que he sostenido durante 10 años con honesta convicción, pues no le pago salario de miedo a nadie.
Estimo que la negociación aceptada por toda clase de presiones judiciales forzó a mis colegas a aceptar un precio ridículo. No estoy dispuesto a que unilateralmente se resuelva reconocer un buen manejo del fideicomiso contrariando lo que siempre he sostenido en defensa de mi verdad de una causa a la que dediqué por entero los mejores años de mi juventud. Me parece divertido que a estas horas sea yo el malo de la película ".
¿Pero qué tan grande es la discrepancia entre Carrizosa y los demás fideicomitentes por el dinero que reclaman? Todo parece indicar que bastante. Según varios vicepresidentes del Banco de Colombia, mientras la pretensión de Carrizosa, dueño de un seis por ciento de Cingra S.A., era de 1.200 millones de pesos, la suma que una vez finalizado el fideicomiso, se asignará a los otros fideicomitentes estará por el orden de los 4.460 millones. No obstante, Carrizosa dijo a SEMANA que "conforme a los cálculos que alcancé a hacer, los fideicomitentes estarán recibiendo la cuarta parte de lo que deberían " .
Esto quiere decir que a Jaime Michelsen Uribe, propietario de algo más del 50 por ciento de Cingra S.A., le corresponderán unos 2.300 millones de pesos, cifra insignificante frente a lo que fuera su inmenso poder y su gigantesca influencia en el sector financiero y en el conjunto del sector privado colombiano de la década del 70, pero en todo caso importante si se piensa que en un momento se creyó que de todo esto no le quedaría absolutamente nada.
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