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| 4/11/2009 12:00:00 AM

Fin de una era

'The New York Times', que sufre pérdidas enormes, amenazó con cerrar 'The Boston Globe' y con ello reforzó la tesis de algo impensable: que en Estados Unidos se pueden acabar los periódicos. ¿Es bueno esto para la democracia?

El sábado 4 de abril, el diario norteamericano The Boston Globe informó a sus lectores en primera plana que está herido de muerte. 'La compañía de The New York Times', decía el titular de portada en alusión a la empresa propietaria del rotativo bostoniano, 'amenaza con cerrar el Globe y busca recortar 20 millones de dólares a los sindicatos'. La noticia se regó como pólvora y causó un impacto mayúsculo en el mundo de los medios de comunicación. Pero por encima de todo puso sobre el tapete un fenómeno que avanza con inusitada rapidez y que cada día parece más probable en Estados Unidos: la desaparición de los periódicos impresos.

Lo que ocurre con el prestigioso The Boston Globe es un ejemplo más de lo que pasa en muchos periódicos de ese país, otrora el paraíso de la prensa. El problema, según le explicó a SEMANA en la sala de redacción de ese diario el periodista Robert Gavin -quien firmó la noticia de portada-, es que "en 2008 las pérdidas del periódico fueron de 50 millones de dólares y para este año se calculan en 85 millones". Esa es la razón por la cual The New York Times Company, propietaria de la publicación, exige a los sindicatos eliminar los beneficios de que gozan los pensionados, así como una rebaja sustancial de los sueldos. De lo contrario, acabará con la edición impresa.

Semejante noticia, sumada al reciente despido de 50 de los casi 400 redactores del periódico, cayó como un baldado de agua fría en una de las ciudades más tradicionales de Norteamérica. No era para menos. The Boston Globe es el principal diario de Nueva Inglaterra, la zona noreste del país, donde funcionan algunas de las mejores universidades del mundo como Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés). Con una circulación promedio de 350.000 ejemplares figura como el número 14 en Estados Unidos, una lista que encabezan el USA Today con 2,3 millones; The Wall Street Journal con 2,1 millones, y el Times con algo más de un millón. Fundado hace 137 años, el Globe ha ganado 20 premios Pulitzer. Si llegara a desaparecer, Boston se convertiría en el primer gran centro urbano que pierde su principal periódico, gracias en parte a la crisis financiera que agobia a The New York. El diario de la Gran Manzana, adquirido en 1896 por Adolph Ochs y manejado por sus descendientes, los Sulzberger, está literalmente haciendo agua y por eso amenaza con echarle el cerrojo al Globe, rotativo que adquirió en 1993 por 1.100 millones de dólares y para el cual no encuentra comprador en estos días.

La situación del Times es dramática. En diciembre informó que pediría un préstamo de 225 millones de dólares para el cual iba a hipotecar su nueva sede en Manhattan, un espectacular rascacielos diseñado por Renzo Piano. En enero, y ante la caída del 16 por ciento anual en sus ingresos por anuncios, rompió la tradición: publicó un aviso en primera página, una costumbre que ha seguido desde entonces. El mismo mes recibió 250 millones de dólares del multimillonario mexicano Carlos Slim, que posee un pequeño porcentaje del rotativo. Fue un salvavidas. Hace poco, y para ahorrar 130 millones, suspendió el pago de los dividendos a sus accionistas, cuyos títulos han perdido el 74 por ciento del valor en los últimos 12 meses. Y a finales de marzo desvinculó a 100 de los más de 1.000 redactores y redujo los salarios en un 5 por ciento en lo que resta de año. Peor, imposible.

La debacle de The New York Times, buque insignia de la prensa mundial, se suma a la de otros colosos en el campo de los medios de comunicación en Estados Unidos. El caso más sonado ha sido el de The Tribune Company, la empresa propietaria de dos de los periódicos más emblemáticos del país: Los Angeles Times y el Chicago Tribune, que en circulación ocupan el cuarto y el octavo puesto del listado. A principios de diciembre, y de cara a unas pérdidas superiores a los 12.000 millones de dólares, la compañía no tuvo más remedio que acudir a la solicitud judicial de quiebra. Algo similar se produjo a finales de febrero con la firma editora de The Philadelphia Inquirer, el tercer diario más antiguo de Estados Unidos. Su deuda asciende a 390 millones de dólares.

En la Florida también se viven días críticos. A mediados de marzo, el grupo McClatchy anticipó el recorte de 175 puestos de trabajo en su diario, The Miami Herald, al tiempo que Humberto Castelló, el director de otra publicación del mismo conglomerado, El Nuevo Herald, presentaba la renuncia porque lo obligaban a hacer más despidos. "No estuve de acuerdo con eso. Aunque el periódico tenía ingresos importantes, me pidieron desvincular más gente de la sala de redacción, que es donde está la calidad de un diario. Me resistí a obedecer al club de los que mandan, y me fui", le dijo Castelló a SEMANA desde Miami. Y es que los periodistas norteamericanos están pasando saliva del susto. El año pasado fueron despedidos más de 7.000, según cálculos de la prestigiosa revista American Journalism Review. No se sabe cuántos más se irán a la calle en este 2009.

El fenómeno es de tal magnitud que este año, y por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, fue cancelada la asamblea de la Sociedad Norteamericana de Editores de Periódicos. Desde marzo de 2007, han cerrado 10 diarios de igual número de áreas metropolitanas. El más notable era el Rocky Mountain News, el periódico más antiguo de Colorado. Con 150 años de historia, salió a la calle por última vez el 27 de febrero. Su dueño, E. Scripps Company, había perdido 16 millones de dólares el año pasado y no pudo vendérselo a nadie. Otros diarios han clausurado su edición impresa y siguen con vida en sus páginas web. Ahí están el Christian Science Monitor y el Seatle Post-Intelligencer, que pertenece al grupo Hearst.

La pregunta es simple. ¿Qué pasó? ¿Qué ocurrió para que lo que era un gran negocio en los años 80 y 90 se fuera a pique como el Titanic? Hay principalmente dos respuestas. Una de ellas es la actual crisis económica, que se traduce en una reducción notable de la publicidad, una tendencia que venía de tiempo atrás. De acuerdo con la Asociación de Periódicos de Estados Unidos, la caída publicitaria a finales de 2008 fue del 18,1 por ciento en comparación con el año anterior. Eso equivale a la friolera de 2.000 millones de dólares.

La otra razón del desastre de los diarios fue el surgimiento de Internet. "Antes los periódicos tenían un monopolio virtual de los avisos clasificados, pero la llegada en los años 90 de portales como Craigslist y Monster los golpeó durísimo", le dijo a SEMANA Dan Kennedy, profesor de Northeastern University en Boston y cuyo blog Media Nation es uno de los más consultados sobre la materia. Está en lo cierto. Sin costo alguno, cualquier persona puede poner a la venta o buscar puesto en esas páginas web. Monster recibe 63 millones de visitas al mes y alberga 160 hojas de vida, mientras que Craigslist cuenta con más de 50 millones de visitantes cada 30 días.

Paradójicamente, como señala Kennedy, "nunca como ahora, cuando la muerte los acecha, habían tenido los periódicos tantos lectores". El ejemplo de The New York Times es sorprendente: su portal de Internet recibe 19,5 millones de visitas al mes. A The Boston Globe le pasa algo parecido. "Con cinco millones de visitas al mes, posee la página de Internet más exitosa de la prensa regional, pero la publicidad no ha migrado a la red", agrega Dan Kennedy. Allí está el quid del asunto: los ingresos por Internet son, en el mejor de los casos, apenas el 10-15 por ciento de lo que reciben los periódicos impresos por avisos.

Otro punto clave a favor de Internet ha sido la proliferación de blogs. En Estados Unidos, el más exitoso ha sido The Huffington Post, de la griega Arianna Huffington (su apellido original es Stassinopoulos), que surgió en 2005 y que con una nómina ínfima de trabajadores está avaluado ya en 90 millones de dólares, según la revista Time.

Todo lo anterior hace pensar que, tal como previó en 2004 Philip Meyer en su libro The Vanishing Newspaper, si las cosas siguen como van los diarios impresos habrán muerto en el año 2043. O antes. Gravísimo, sí. No obstante, ¿les importa esto a los gringos? Menos de lo que se cree. Un sondeo del 12 de marzo elaborado por el Pew Research Center sostiene que sólo el 33 por ciento extrañaría "mucho" la edición impresa del periódico y que apenas el 43 por ciento cree que la desaparición del periódico sería "perjudicial" para la "vida cívica" de la comunidad.

Pero no resulta fácil imaginar a los Estados Unidos sin diarios cada mañana en la puerta de las casas. En ningún otro país los periódicos llegaron a erigirse en el 'Cuarto Poder' tanto como allí, una expresión atribuida al historiador escocés Thomas Carlyle a principios del siglo XIX. Y así como han cometido errores gigantescos, nadie duda que han fiscalizado al poder político y le han hecho contrapeso. Fue The New York Times el que contó la verdad de la presencia estadounidense en la Guerra de Vietnam al revelar en los años 70 los 'Papeles del Pentágono', y fue The Washington Post el que forzó la renuncia en 1974 del presidente Richard Nixon por su implicación en el espionaje a la oposición demócrata en el edificio Watergate.

Digan lo que digan, y aunque no sean tan rentables, los diarios siguen siendo la columna vertebral del periodismo. Son, como afirmaba Phil Graham, editor de The Washington Post, "el primer borrador de la Historia". Su información es la materia prima en la que se basan casi siempre la televisión y la radio. Lo mismo hace Internet. Como dijo recientemente en la Universidad de Oxford el director del diario londinense The Guardian, Alan Rusbridger, "en la web nos seguirán citando, seguirán poniendo nuestros 'links' e intentarán criticarnos, pero nadie se gastará como nosotros un dinero para reunir a un grupo de periodistas cuyo objetivo sea establecer la verdad y escribirla rápidamente y comprensiblemente". Y eso cuesta: a pesar de la multiplicación de sitios de 'noticias' en Internet, la inmensa mayoría de las chivas provienen de los medios tradicionales, quienes han invertido en tener corresponsales en el lugar de los hechos y en el darles tiempo y los recursos a investigaciones de corrupción. Tal vez por eso Rusbriger, cuyo www.guardian.com es considerado de las mejores del mundo, dice que en la web campean "los parásitos de los medios". Y concluye: "Ni Yahoo ni Google están interesados en crear contenidos".

Bill Keller, el director de The New York Times, muestra una postura similar. A principios de este mes, en una conferencia en la Universidad de Stanford, se burló de quienes le han colgado la lápida al cuello a su periódico. Keller contó además que miles de lectores se han ofrecido a poner plata antes que permitir la muerte del diario. "No creo que hubiera pasado lo mismo con la General Motors", dijo. "Parece como si salvar al 'Times' fuera tan importante como salvar a Darfur", agregó y se fue lanza en ristre contra la CNN: "Es difícil recordar que esa sigla signifique Cable News Network (Canal de Noticias por Cable, en español) cuando lo cierto es que han reemplazado la reportería por un jurado de comentaristas detrás de un computador portátil". Y con Google sacó las uñas: "Si usted está inclinado a creer en eso como fuente de noticias, búsquese usted mismo en Google".

Y mientras se averigua qué suerte correrán los diarios en el futuro próximo, surge el debate sobre si la democracia puede sobrevivir sin ellos. Thomas Jefferson, el principal redactor de la Declaración de Independencia norteamericana, dijo hace 200 años que prefería "un país con prensa y sin gobierno, y no con gobierno y sin prensa". Dan Kennedy lo pone más simple: "No sé si la democracia pueda sobrevivir sin periódicos. Lo que sí sé es que no podrá hacerlo sin periodismo".
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