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| 11/26/2016 12:00:00 AM

Pacific renace entre las cenizas

El fondo de inversión Catalyst acaba de tomar las riendas de la petrolera canadiense. Los accionistas de la antigua Pacific perdieron toda su inversión. Así arranca la nueva firma.

La petrolera canadiense Pacific, una de las compañías más exitosas que ha tenido el país en el sector de hidrocarburos, cerró un capítulo de diez años en Colombia. Pero acaba de abrir uno nuevo, ahora bajo el nombre Pacific Exploration & Production (Pacific E&P).

Para los analistas es como si la firma hubiera resurgido de entre las cenizas. No hay que olvidar que tras ser la segunda empresa más grande de Colombia, después de Ecopetrol, y la principal petrolera privada de América Latina, Pacific afrontó una grave crisis financiera. El desplome en los precios del petróleo, los gastos excesivos, la devaluación del peso y las deudas, que llegaron a 5.300 millones de dólares, la pusieron al borde de la quiebra. Ahora, con nuevos dueños y administradores, es más liviana en costos, tiene un menor endeudamiento y nuevos bríos para tratar de recuperar parte del gran terreno perdido en los últimos años.

Su tabla de salvación llegó de la mano del fondo de inversión canadiense Catalyst, que le inyectó 500 millones de dólares tras un cuestionado proceso de reestructuración que dejó a muchos afectados en el camino. Recibieron el mayor golpe quienes compraron acciones de la petrolera, pues lo perdieron todo. Pero también salió afectada la industria en este ramo por la incertidumbre que provocó la crisis de uno de sus grandes jugadores, que llegó a responder por cerca del 25 por ciento de la producción del país. El municipio de Puerto Gaitán, principal centro de operaciones de la canadiense, sintió con fuerza el impacto de la crisis de Pacific, pues perdió miles de empleos y millones de pesos por regalías.   

Por eso, el resurgimiento de la nueva Pacific ha generado grandes expectativas. La industria espera que esa empresa se fortalezca y realice inversiones en exploración y producción, en momentos en que estas actividades están frenadas y surge la amenaza de que Colombia vuelva a importar hidrocarburos.

Los nuevos dueños confían, por su parte, recuperar su inversión y poner a andar la compañía lo más pronto posible. Con este fin, realizaron los primeros cambios administrativos, lo que implicó la salida de los anteriores dueños, es decir, los inversionistas venezolanos Miguel de la Campa, Serafino Iácono y Ronald Pantin, quien estará en la presidencia hasta este martes. Cabe recordar que el año pasado también se retiró Francisco Arata. En los próximos meses la firma de cazatalentos Spencer Stuart seleccionará al nuevo presidente.

La nueva empresa también renovó su junta directiva en su totalidad. Salieron Mónica de Greiff, Hernán Martínez, Augusto López, Francisco Solé, entre otros. En su reemplazo ingresaron el mexicano Gabriel de Alba, socio del fondo Catalyst y quien presidirá ese cuerpo. Lo acompañarán los ejecutivos W. Ellis Armstrong, Raymond Bromark, Russell Ford, Barry Larson, con amplia experiencia en los sectores petrolero y financiero. A ellos se unen los colombianos Luis Fernando Alarcón Mantilla, expresidente de ISA, y Camilo Marulanda, expresidente de Cenit, filial de Ecopetrol.

Los nuevos directivos tienen claros sus derroteros. Según Gabriel de Alba, se enfocarán en “reconstruir a Pacific de una manera que le permita ser una productora verdaderamente competitiva y de bajo costo y una empresa líder del mercado en el largo plazo”.

La nueva compañía continuará su fuerte plan de ajuste. Se calcula que en los dos últimos años despidió a cerca del 40 por ciento de la planta de personal y para 2017 espera reducir sus gastos a la mitad. La petrolera también saldrá de sus negocios menos rentables. Durante diez años incursionó en oleoductos, puertos, carbón, acero y hasta agroindustria. Ahora pondrá el foco en su negocio principal, explorar y producir el petróleo que tanto necesita el país.

Hoy, la renovada Pacific produce la mitad de los barriles diarios que alcanzó a sacar en las mejores épocas, cuando manejaba Rubiales, el mayor campo de crudo del país, que llegó a producir 220.000 barriles diarios. Este yacimiento, que le dio el primer nombre a la compañía (Pacific Rubiales), pasó en julio a manos de Ecopetrol, empresa con la que compartió durante varios años su manejo.

La petrolera canadiense también ha salido de campos pequeños. Recientemente anunció la venta del 35 por ciento de su participación en los bloques petroleros Karoon, en la Cuenca Santos (Brasil), por los que recibirá 15 millones de dólares. De 70 bloques que tenía en Colombia, Brasil, Perú, Guatemala, Guyana y Belice, hoy tiene cerca de 50 bloques. Su principal campo es Quifa, en Puerto Gaitán (Meta), que produce alrededor de 50.000 barriles diarios y en el que participa en el 60 por ciento –el resto pertenece a Ecopetrol–.    

Golpe a inversionistas

Pero mientras la industria petrolera tiene expectativas por la nueva compañía, los pequeños accionistas de la vieja Pacific ven cómo se esfumó su inversión. Entre ellos, alrededor de 7.000 personas naturales con menos de 100.000 acciones ya saben que perderán todo el dinero que invirtieron. Uno de ellos le dijo a SEMANA que ahora no tiene a quien reclamar por sus 25 millones de pesos.

Pacific reconoce que estos accionistas resultaron afectados con el proceso de reestructuración. Es difícil determinar el monto de la pérdida, pues depende del precio al que compraron sus acciones. Si bien cuando comenzó a listarse en la Bolsa de Valores de Colombia esta despegó con un precio de 31.600 pesos, en 2011 llegó a cotizarse a 65.000 pesos, cuando se encontraba en la cumbre de producción y los precios internacionales del crudo superaban los 100 dólares el barril.

Pero tras la debacle, la acción se desplomó y terminó por debajo de los 2.000 pesos. Los títulos dejaron de negociarse en las bolsas de valores de Colombia y Toronto (Canadá) y los inversionistas se quedaron con papeles que hoy no tienen valor alguno.

Para los grandes inversionistas, Pacific informó que entregará una acción de la nueva compañía reestructurada por cada 100.000 acciones de la antigua. En este grupo están 38 colombianos así como la mexicana Alfa y la venezolana O’Hara Administración, de los empresarios del vecino país conocidos como los bolichicos.

Cada una llegó a tener cerca del 20 ciento de las acciones de la antigua Pacific, es decir, alrededor de 63 millones de acciones si se tiene en cuenta que durante la vida de la petrolera se emitieron 318 millones de acciones. Según Orlando Santiago Jácome, gerente de Fénix Valor, esto significa, en la práctica, una pérdida total para Alfa y O’Hara. La razón es que recibirán cada uno 630 acciones de la nueva compañía, que hoy solo valen 1,5 millones de pesos. Aunque no se ha revelado cuánto invirtieron en Pacific, cifras conservadoras de algunos analistas sugieren que cada una aportó más de 600 millones de dólares.

Ante esta debacle, Alfa y O’Hara contrataron al abogado Jaime Granados para que los represente en la reclamación de sus derechos e interponga las acciones legales necesarias. Lo paradójico es que estos dos grupos libraron una dura batalla para quedarse con el control de Pacific. Alfa estuvo a punto de cerrar la negociación, que fracasó por la oposición de O’Hara. En síntesis, la historia de la antigua Pacific en Colombia termina con demandas. Lo importante ahora es que la nueva compañía logre posicionarse en este sector, que requiere jugadores que, con gran músculo financiero, estén decididos a buscar el petróleo que necesita el país. 

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