Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/11/18 00:00

Frente al abismo

El presidente Álvaro Uribe encontró un Washington, hoy en manos de los demócratas, mucho menos receptivo a su agenda comercial.

Charles Rangel es uno de los congresistas que más conocen Colombia. Fue uno de los artífices de la primera ley de preferencias andinas de 1991. Hoy, el demócrata vuelve a ser protagonista, como presidente de una comisión clave de la Cámara

"Queremos visitar los 535 congresistas de Estados Unidos, uno a uno, o en grupo, con toda la paciencia, con toda la dedicación, para llevar todos nuestros argumentos, hacerlo de la misma manera como lo hemos venido hablando con cada uno de los congresistas de Colombia", dijo el presidente Álvaro Uribe al finalizar su visita de dos días a Washington D. C. la semana pasada. El Presidente había viajado a la capital estadounidense con tres objetivos: lograr la extensión de las preferencias andinas que se vencen el 31 de diciembre, generar un ambiente favorable para la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) y demostrarles a los más escépticos que nada había cambiado en la relación Colombia-Estados Unidos, después de la victoria de los demócratas en las elecciones de mitaca.

Esta vez la fórmula de la visita relámpago, de arremangarse y tomar el toro por los cuernos -que en Colombia produce tantos aplausos en las galerías- no provocó la reacción esperada. No hubo chispas, más bien pólvora mojada.

El gobierno insiste que el viaje se planeó antes de las elecciones legislativas norteamericanas. Que la inminencia de la pérdida de los beneficios comerciales unilaterales, cuyo impacto sería devastador (ver artículo siguiente), obligaba a una intervención directa del mandatario. Que la presencia de Uribe le daría un empujón al TLC, cuya firma protocolaria se hará este miércoles 22 de noviembre en Washington. En fin, que por esa vía se llegaría a la tierra prometida. Y esa estrategia no cambió después de la debacle republicana. Se incluyeron unos nuevos nombres de líderes demócratas como si el asunto fuera apenas de formalidad y la visita se mantuvo en pie.

Hoy, muchos se preguntan si no habría sido mejor aplicar la frase de Napoleón: "Vístame despacio que voy de prisa". Arribar a Washington la misma semana que los congresistas demócratas venían a disfrutar de su botín, después de 12 años en el desierto burocrático, no era precisamente el mejor momento para persuadirlos sobre la importancia de unos acuerdos con un país suramericano. Ellos tenían miles de otras prioridades, como elegir sus líderes, medir las nuevas y más espaciosas oficinas que ocuparán en enero y, como buenos políticos, disfrutar de la desazón republicana. En ese escenario de volatilidad política lograr algún compromiso o promesa concreta sería una hazaña para cualquier país. De las múltiples reuniones que mantuvo Uribe en Estados Unidos, posiblemente ninguna era más importante que la sostenida con el congresista Charles Rangel, el demócrata que presidirá desde enero el poderoso comité de medios y arbitrios de la Cámara. Cualquier acuerdo debe pasar por su escritorio. Rangel no es cualquier político norteamericano. Fue uno de los promotores de las primeras preferencias andinas otorgadas en 1991 y durante años, especialmente en las administraciones de Virgilio Barco y César Gaviria, uno de los principales aliados de Colombia

En su cara a cara con Uribe, Rangel fue claro. Aunque apoya la extensión de las preferencias andinas y espera que el Congreso alcance a aprobarlas antes del receso el 9 de diciembre, no puede garantizarlo. Sobre el TLC, fue aun más contundente. Habrá que revisarlo, ya que lo negociaron los republicanos. Para los demócratas, muchas veces 'revisar' se conjuga renegociar.

Ahora sólo le queda al gobierno (y a los empresarios) rezar, rezar y rezar. Rezar porque Rangel y compañía se apiaden de los colombianos (y sus vecinos andinos) y prorroguen las preferencias, aunque sea por sólo un año más. Rezar por que los esperados cambios propuestos al TLC por los demócratas en los campos laborales y ambientales no descarrilen el precario respaldo que existe en el Congreso colombiano. Y finalmente, rezar por que Uribe no tenga que cumplir su compromiso de reunirse con cada uno de los congresistas gringos.

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