Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/04/02 00:00

Futuro crudo

Si las cosas siguen como van, y no solo por cuenta de la guerrilla, Colombia volverá a ser importador de petróleo.

Futuro crudo

Nada debería haber ocurrido así. Al fin y al cabo, en un país en donde la improvisación sigue siendo la norma, era llamativo que surgiera un plan a largo plazo. Por eso, cuando a finales de 1987 Ecopetrol dio a conocer sus metas sobre exploración y explotación de hidrocarburos hasta el año 2000, la mayoría de los conocedores penso que Colombia ya no tendría que preocuparse más por el problema del petróleo.
Aparte de los ataques de la guerrilla y de una que otra amenaza de huelga en el sector, nada parecía poner en peligro las perspectivas de la empresa mas grande del país. Ahí estaban las cifras y los cálculos que aseguraban que en materia de hidrocarburos Colombia podía considerarse al otro lado.
Sin embargo, dos años y medio más tarde la situación se ve bien diferente. Las proyecciones financieras de Ecopetrol no son las mejores, lo cual se ha unido a una baja sensible en la exploración de pozos petroleros que le colocan un serio interrogante al país a mediano plazo. Los cálculos hechos revelan que si no se encuentran nuevos yacimientos, para mediados de la década, Colombia podría verse obligada a importar crudo para satisfacer sus necesidades internas.
Ese sería el fin de una bonanza que comenzó en 1985 cuando empezó la explotación del yacimiento de Cravo Norte en Arauca. El hallazgo hecho por la Occidental Petroleum le permitió al país pasar rápidamente a ser exportador del crudo, después de 12 años de haber tenido que comprar parte de lo que necesitaba en el exterior. Esa situación cambió radicalmente la situación financiera de Ecopetrol, al tiempo que le ayudó a la economía a salir adelante. No sólo los dólares del petróleo fortalecieron la posición de reservas internacionales del país, sino que Ecopetrol hizo cuantiosas transferencias para financiar en parte algunos de los planes bandera de la administración Barco.
Todo ese nuevo escenario trajo consigo su cuota de dificultades. La principal fue el fortalecimiento del Ejército de Liberación Nacional que, a punta de "vacunas" aplicadas a las compañías asociadas al sector petrolero, pasó de ser una organización guerrillera sin importancia a convertirse en el grupo de mayor poder terrorista. Pero a pesar de esa situación, los optimistas decían que Colombia las tenía todas consigo. El éxito del pozo de Caño Limón produjo una especie de estampida de compañías de exploración petrolera hacia el país, sin importar los problemas propios del medio. Más aún, el plan de desarrollo de Ecopetrol planteaba un aumento sustancial en el número de pozos perforados por cuenta y riesgo de la empresa estatal, la cual se ha reservado para sí las áreas más promisorias desde el punto de vista geológico. En último término el objetivo era el descubrimiento de 1.800 millones de barriles de reservas recuperables, una cifra apenas inferior a la que tiene el país hoy en día. Para llegar a esa cifra se esperaba que Ecopetrol perforara 368 pozos en el período 1988-2000 y que las multinacionales se encargaran de 807 pozos más. Bajo esos cálculos Colombia podría seguir siendo exportador de petróleo hasta comienzos del próximo siglo y, Ecopetrol tendría suficiente dinero para hacerle transferencias por más de 750 millones de dólares al año al gobierno nacional.
Las dificultades, sin embargo, empezaron pronto. 1988 fue un mal año para la empresa estatal debido al crecimiento de la actividad terrorista por parte del ELN. No obstante, la actividad exploratoria no se redujo y llegó a superar los 20 pozos planeados (la perforación de cada pozo cuesta 7 millones de dólares en promedio).
Las multinacionales por su parte aumentaron su actividad y perforaron más de 60 pozos -una cifra record- pero el índice de hallazgos fue bastante desalentador.
Ese primer campanazo se vino a sentir en 1989 cuando la actividad exploratoria se redujo sensiblemente. Las finanzas de Ecopetrol venían resentidas por cuenta de los atentados y las multinacionales empezaron a ponerse nerviosas ante los anuncios del gobierno de que iba a cambiar las reglas del juego en los contratos de asociación. Este último aviso se volvió realidad a finales del año cuando de manera oficial se dijo que en los nuevos contratos se introduciría una cláusula que atara la participación del Estado colombiano en un yacimiento (que estaba en un 60%), dependiendo del tamaño del pozo. Según el Ministerio de Minas se trataba de darle un pedazo mayor del ponqué al país, en caso de que se volviera a presentar un hallazgo de importancia. No obstante la claridad de ese principio, los roces comenzaron cuando se trató de definir por consenso en que consiste un pozo importante. Mientras que las multinacionales decían que este era el de más de 150 millones de barriles, el gobierno decía que era el de 30. Finalmente se aceptó como punto intermedio la cifra de 60 millones de barriles, pero mientras las multinacionales pensaban que era por yacimiento, el gobierno decidio que era por campo (el área total que cubre el contrato de asociación).
La definición de este punto fue considerado como un "golazo" por parte de las multinacionales. Eso fue suficiente para crearle un mal ambiente al nuevo contrato de asociación el cual -según las compañías extranjeras- resultó ser mucho peor de lo que se esperaba. Aparte del cambio citado hubo 32 modificaciones mas que llevaron a algunos a decir que Colombia había cambiado radicalmenle las reglas del juego en materia petrolera.
Si eso es cierto o no, es algo que se verá en la práctica. Lo único evidente hasta ahora es que no se ha firmado ningún contrato bajo el nuevo esquema y, por lo tanto, la actividad exploratoria ha decaído. Para colmo de males Ecopetrol no ha compensado esa disminución, sino que ha reducido también su ritmo. Aunque esa actitud puede estar atada a la ofensiva que adelanta el ELN contra campamentos e instalaciones petroleras, el efecto es notorio. Hoy por hoy, el país está atrapado en sus planes de perforación de pozos y eso ha incidido para que, por primera vez en 13 años, las reservas del petróleo hayan caído.
Y las perspectivas no son mejores. La base de toda actividad exploratoria son los estudios sísmicos que se hacen sobre los diversos terrenos y estos análisis han disminuídto sensiblemente en los últimos años. Por una parte tanto Ecopetrol como las compañías extranjeras que se dedican a esta labor han tenido problemas para moverse por el territorio, por cuenta de los hostigamientos de la guerrilla. Por otra, las empresas multinacionales que hacen sísmica y otros servicios están "de pelea" con la Superintendencia de Control de Cambios, debido a que esta sancionó a tres por presuntas violaciones al estatuto cambiario.
Mientras la Superintendencia argumenta que estas empresas de servicios se estaban acogiendo a disposicioned que no les correspondían, las multinacionales insisten en que su interpretación de las normas ha sido la misma desde hace 23 años y nunca hubo problemas.
Sea como sea, lo que es evidente es que el ambiente en el sector petrolero está enrarecido. Ya algunas multinacionales han dicho que no van a aumentar sus actividades en Colombia, debido a que el país ya no es negocio. Según las petroleras el nuevo contrato de asociación es muy inferior al que ofrecen otras naciones en el mundo, en donde las condiciones de trabajo son más fáciles.
Esa discución se mezcla con los argumentos del ELN y la USO (el sindicato de Ecopetrol) que argumentan que en las condiciones actuales el país pierde frente a las multinacionales. No obstante, no todos los análisis revelan lo mismo. SEMANA tuvo acceso exclusivo a un documento que evalúa la exploración colombiana de petróleo y gas, elaborado por Arthur D. Liltle, una firma internacional de auditoría. Según el documento "la participación del gobierno colombiano en las utilidades durante la vida de 105 campos es relalivamente alta". Al hacer un análisis comparativo con otros países se concluye que "Colombia ocupa el quinto lugar en cuanto a participación total del gobierno, después de Indonesia, Perú, Nigeria y Malasia" y esta por encima de unas 50 naciones en los cinco continentes. Más aún, algunos analistas sostienen que con las modificaciones que sufrieron los contratos de asociación la tajada del gobierno colombiano va a aumentar.
Frente a esos argumentos la gran suda es la actitud de las multinacionales. Para algunos, la rabieta de ahora puede ser temporal y las compañías pueden volver a explorar después de algunos meses sin que nada grave suceda. El problema, sin embargo, sería serio si el enojo es real. Los cálculos del gobierno indican que para que el país no pase a ser importador de petróleo se necesita que un 75% de lsd pozos nuevos sean perforados por las multinacionales.
Por otra parte la suerte de Ecopetrol no está asegurada. A finales de febrero el Conpes estudió un documento en el cual queda claro que la empresa estatal va a experimentar un déficit en los próximos años, el cual podría afectar seriamente los planes de exploración. Además Ecopetrol quiere hacer su nueva refinería y el gobierno tiene planeado que le siga haciendo transferencias al Estado. Como desde ya se ve que el dinero no va a alcanzar para tanto, se habla de la necesidad de igualar el precio interno de la gasolina con el internacional lo cual implicaría duplicar los niveles actuales.
¿Quiere decir todo lo anterior que la situación es desesperada? La verdad es que no. Todavía hay tiempo para que la actividad exploratoria se reactive y Ecopetrol pueda organizar sus números para salir adelante. Sin embargo, lo que ha venido ocurriendo es grave y se ha disimulado debido a que -si nada se soluciona- los efectos de lo que esta pasando se verían tan sólo por allá en 1996. En el intermedio, este y los próximos gobiernos deberán sentarse a pensar que les interesa en materia de petróleo. Aunque con su plan de 1987, Ecopetrol intento resolver esa pregunta, los hechos han demostrado que una cosa es que es lo que está escrito y otra lo que se lleva a cabo. Hasta que no se resuelva ese dilema, Colombia estará arriesgándose a convertirse de nuevo en importador de petróleo, algo injustificable en un país donde la mayoría de las cuencas no han sido exploradas y en donde por lo visto, ya se está olvidando ese refrán que dice: el que busca... encuentra.

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