Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/09/25 00:00

Futuro inSeguro

Muchos colombianos no saben qué va a pasar con sus pensiones en el Seguro Social. Una sola cosa es clara: o se reforma o puede haber un desastre.

Futuro inSeguro

Cerca de tres millones de colombianos se hacen la misma pregunta a la hora de pensar en su pensión: ¿Me van a pagar? Durante largos años han hecho sus aportes al Instituto de Seguros Sociales (ISS) y ven con mucha preocupación las noticias que hablan de la difícil situación financiera de la entidad. El tema preocupa además al gobierno, que es el que tendría que responder por el pago de las mesadas en caso de que las reservas del Seguro llegaran a faltar. Por eso el debate sobre las finanzas del Instituto y sobre la reforma al sistema pensional está candente y ocupará la atención de la opinión pública durante los próximos meses.

El ISS tiene problemas tanto en el área de salud como en la de pensiones. En salud el problema es mucho más apremiante y el Instituto ni siquiera tiene asegurados los recursos para acabar este año. En pensiones la situación no es así de urgente, pero de todas maneras es grave. Actualmente la entidad cuenta con más de cinco billones de pesos en reservas para el pago de las mesadas, pero lo preocupante es que éstas están disminuyendo año tras año. Los cálculos oficiales indican que, de mantenerse la tendencia actual y no hacer una reforma, las reservas se habrán agotado en 2009. Cálculos más pesimistas indican que sólo durarían hasta 2004.

Los afiliados al Seguro no son los únicos que tienen razones para preocuparse. En el país hay cerca de 500.000 pensionados de entidades públicas que tienen regímenes pensionales especiales. Y varios de estos sistemas están en problemas. Por ejemplo, el fondo de prestaciones sociales del magisterio no tendrá recursos para el pago de las pensiones a partir del año próximo.

A esta situación se llegó por varias razones. Por la recesión y el altísimo desempleo fueron muchos los colombianos que dejaron de hacer sus aportes de pensiones. Además cerca de un millón y medio de afiliados —sobre todo los más jóvenes— prefirieron abandonar el ISS y pasarse a los fondos privados de pensiones. Así, la entidad pasó de tener 3,5 millones de afiliados cotizantes en 1994 a 2,2 millones en la actualidad. Como si esto fuera poco, la demografía no ayuda: la gente cada vez vive más años y tiene menos hijos. Como resultado, la población se está envejeciendo. Hace unos años había un pensionado por cada 12 trabajadores y hoy en día esta relación es de cinco.

Las finanzas del Instituto también se han visto afectadas por unos beneficios que algunos consideran elevados. La edad de jubilación es relativamente baja en comparación con otros países (ver tabla). El monto de las cotizaciones que hace un trabajador a lo largo de su vida laboral muchas veces no alcanza para pagar su pensión y se hace necesario que el gobierno pague la diferencia.

Por estas razones diversos analistas, el gobierno —y hasta el Fondo Monetario Internacional— han venido insistiendo en la necesidad de reformar el sistema. Las propuestas más sonadas —y las que más inquietan a los afiliados— son el aumento en la edad de jubilación y el recorte de algunos beneficios. También se ha insistido en la necesidad de desmontar los regímenes pensionales especiales. Incluso se ha propuesto gravar las pensiones de las personas de mayores ingresos, siguiendo la tendencia de otros países.

Por ahora la reforma es uno de los principales temas por discutir en las mesas de concertación que sesionan actualmente. Lograr un consenso satisfactorio para gobierno, sindicatos y empresarios no será fácil. En todo caso el Ministro de Hacienda ha afirmado claramente que en caso de no haber consenso el gobierno de todas maneras presentará un proyecto de reforma al Congreso, que apenas empezaría a ser discutido en 2001.

¿Qué les pasará entonces a los afiliados en caso de aprobarse la reforma? No se sabe con exactitud porque aún no hay un texto definitivo. Pero es claro que para las personas ya jubiladas y para aquellas que están a pocos años de jubilarse no pasaría nada. Los cambios sólo aplicarían a los más jóvenes. Y muchos de los afiliados de menor edad ya se han pasado a los fondos privados de pensiones, en los que no aplican los requisitos de edad para la jubilación.

En caso de que se embolate la reforma la situación no es tan clara. La ley dice que en caso de quebrarse el Seguro —o un fondo privado— el Estado debe garantizar el pago de las mesadas con sus propios recursos. En momentos en que el déficit del gobierno es muy elevado no se sabe de dónde saldría la plata. Posiblemente se harían recortes en otros rubros del gasto público y el gobierno se las arreglaría para pagar de alguna manera. En todo caso no se trata de un escenario alentador.

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