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| 1/29/2011 12:00:00 AM

Garrote y zanahoria

El gobierno les ha dado palo a los banqueros por el alto costo de los servicios financieros, pero también les cumplió un anhelo: revisó la tasa de usura, lo que dio margen para subir los intereses en el arranque del año.

Las relaciones del sector financiero con el gobierno no pasan por su mejor momento. Pocas veces se había visto tanta tensión entre la banca y el Ministerio de Hacienda como en esta oportunidad.

Durante la era Uribe se la llevaron bien, aunque hubo serias discrepancias con la Superintendencia de Industria y Comercio por el tema de las comisiones que la banca le cobra al comercio cuando los clientes pagan con tarjetas.

Las relaciones más tirantes se dieron durante la administración Pastrana, cuando el ministro de Hacienda de entonces -hoy al frente de la cartera agropecuaria-, Juan Camilo Restrepo, amenazó a los bancos con bajar las tasas de interés si ellos no las reducían voluntariamente, y lo cumplió: las redujo de un plumazo. En esa misma administración, el actual presidente de la República, Juan Manuel Santos, para ese momento ministro de Hacienda, subió del 2 al 4 por mil el impuesto bancario, gravamen tan odiado por el sector financiero. Y a la superintendente bancaria de entonces, Sara Ordóñez, no le tembló la mano para apretar a los accionistas de la banca en un momento en que la crisis financiera comenzaba a hacer estragos en la economía. A muchos banqueros les pareció excesivamente duro el trato que recibieron durante esos cuatro años.

Pues bien, durante los primeros seis meses de la administración Santos, ha quedado la sensación de que el gobierno le ha dado bastante palo a la banca y que eso ha deteriorado las relaciones con el sector.

En público, el ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, les ha hecho varios llamados de atención a los banqueros por los elevados costos de los servicios financieros, y en la reforma tributaria que entró en vigencia este año se incluyó un artículo que le permite al gobierno regular las tarifas que cobran los bancos por dichos servicios. Esto ha sido interpretado por algunos como una clara intervención del gobierno en el libre mercado.

El superintendente financiero, Gerardo Hernández, también les ha dado su jalón de orejas. Les advirtió que habrá mano dura contra los abusos que cometen algunas entidades en las tarifas como en la letra menuda de los contratos que firman los clientes.

Por supuesto, nada de esto le ha gustado a la banca. La presidenta de la Asociación Bancaria, María Mercedes Cuéllar, ha expresado públicamente el malestar, a tal punto, que las relaciones del poderoso gremio de los banqueros con el ministro Echeverry están muy resquebrajadas. El gremio ha cuestionado las declaraciones públicas que ha dado el Ministro de Hacienda, pues con ellas ha quedado la idea de que la banca es un sector indolente que se niega a bajar las tarifas y en esa medida no ayuda a la bancarización del país, es decir, a que más colombianos accedan a sus servicios.

Y es que en el fondo esta es la gran preocupación del gobierno del presidente Santos, que ve en la bancarización una de las estrategias más importantes para su política bandera de llevar la prosperidad a todos los colombianos.

El propio Santos, en el primer encuentro que tuvo con los banqueros una vez se posesionó -en agosto del año pasado-, les pidió ayuda. "Hay que ser imaginativos, hay que diseñar programas, hay que hacer publicidad creativa, hay que ver la forma de bajar los costos de tener una cuenta bancaria o los requisitos para entrar al sistema bancario, sin elevar demasiado el riesgo para las entidades".

Los banqueros son los más interesados en ampliar su base de clientes, pero lo que realmente les ha molestado de esta polémica es que los hayan puesto en la picota pública. Aunque en el Congreso de la República suelen criticarlos duramente y ha habido más de un intento por ponerles control, es distinto que sea el gobierno el que exprese abiertamente sus críticas a la actitud de la banca. Muchos piensan que con los reproches del Ministro de Hacienda, quien ha dicho que los banqueros están abusando de los costos, se les da argumentos a los enemigos del sector financiero, y ya se sabe lo poco querido que es en todas partes del mundo.


Lo prometido es deuda

Aunque los llamados de atención del Ministro de Hacienda han tenido bastante despliegue, la verdad es que no todo ha sido palo. El gobierno les cumplió una de las promesas que les hizo en la pasada convención del gremio, a finales de agosto del año pasado, relacionada con la revisión de la tasa de usura.

Los banqueros recibieron el nuevo año con el cambio en la fórmula que permite calcular el tope máximo de interés que se puede cobrar en Colombia por un crédito. Por cuenta de esa modificación, la tasa de usura para los créditos ordinarios y de consumo saltó de 21,32 por ciento a 23,42 y en el caso del microcrédito, de 36,89 por ciento a 39,89 por ciento.

En otras palabras, se abrió un margen para que suban las tasas de interés sin incurrir en un delito como el de la usura. En el caso del consumo, el aumento fue de 200 puntos y en microcrédito, de 300 puntos.

Desde hacía muchos años, el gremio financiero venía pidiendo una revisión a la tasa de usura por considerarla un freno para entregar más crédito, especialmente en el segmento del microcrédito.

El tema es muy sensible y ha sido bastante polémico, pues hay quienes piensan que de liberarse estos topes, los banqueros quedarían en libertad de subir las tasas de interés a su antojo, lo que por supuesto niega la banca.

El asunto es que ha sido evidente que cuando la usura ha subido, los créditos de consumo, concretamente con tarjetas de crédito, siempre se pegan al nuevo tope. Y como para darles la razón, en la primera semana de enero, las tasas de interés para compras con tarjetas de las compañías de financiamiento comercial subieron a 23,2 por ciento y en los bancos, a 22,9 por ciento, en promedio. En microcrédito no se ha presentado incremento.

El superintendente financiero, Gerardo Hernández, afirma que con el Ministerio de Hacienda hicieron una revisión técnica del cálculo que venía congelado durante el gobierno del presidente Uribe. Para el funcionario, la conclusión a la que llegaron es que la tasa no estaba reflejando lo que pasa en el mercado. Para el cálculo trimestral de esta tasa de usura se toma la información de lo que están cobrando los bancos en las distintas modalidades de crédito y se tienen en cuenta los montos que entregan en cada una de ellas. En la nueva metodología se le ha dado un peso mayor al crédito de consumo.

Lo cierto es que el cambio técnico tiene un impacto tan grande en el resultado de la tasa de usura que el gobierno decidió diferirlo en seis meses y no aplicarlo todo para el periodo enero-marzo. En otras palabras, ese tope de usura hubiera podido subir más de 2 puntos en el caso del consumo.

El Superintendente aseguró que le harán seguimiento a esta nueva metodología, pero confirmó que efectivamente en las primeras semanas muchos bancos ya se pegaron al nuevo techo en el caso de las tarjetas de crédito.

Lo que queda claro es que el gobierno ya le cumplió a la banca con la revisión de la tasa y en esta medida le tocaría el turno al sector financiero para que baje los costos de los servicios y ayude más a la bancarización. El presidente Santos les propuso en la pasada convención bancaria lo siguiente: "Hagamos un acuerdo: profundización por revisión de tasa de usura. Y de pronto, ahí nos podemos poner de acuerdo. Y creo que ambos salimos ganando".

Los bancos dijeron que, en el último año, 1,8 millones de personas se hicieron clientes del sistema financiero, lo que representó un crecimiento del 11,4 por ciento. En total, hay 18,4 millones de colombianos bancarizados. La cifra es importante pero hay que aumentarla, y en esto el gobierno y la banca deben trabajar juntos. Este es el sector más neurálgico de la economía y, como dijo el presidente Santos, es la gasolina que deberá empujar todas las locomotoras del crecimiento. En este caso, a ninguno le conviene tirar para su lado.
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