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| 5/23/1983 12:00:00 AM

GASTO PUBLICO: LA OTRA ALTERNATIVA

Ante la absoluta apatía del sector privado, el gobierno cambia su política económica y toma las riendas de la inversión.

El gobierno repitió tantas veces la misma historia que terminó por no creérsela ni siquiera él mismo.
Desde diciembre hasta marzo se oyeron infinidad de veces las mismas palabras: la economía dentro de poco va estar lo suficientemente líquida, razón por la cual no hay necesidad de incrementar el gasto público, ya que esto tendría como único efecto aumentar la inflación y el déficit fiscal.
La historia parecía sólida, pero lamentablemente la liquidez no apareció por ninguna parte. En los últimos días, con mucha sutileza, el gobierno decidió dejar de contarla.
Liquidez no hay, o al menos no hay de la que sirve. La liquidez que importa no es la de las grandes cifras que se liberan por eliminación de encajes, ni la de los inmensos cupos que el Banco de la República crea y pocos utilizan: La relevante es aquella que circula, fluye y hace que la economía se mueva.
El gobierno consideró que bastaba con aflojar los controles monetarios para eliminar el problema de iliquidez. Las autoridades monetarias parecieron olvidar que les faltaba medio camino por recorrer: vencer el temor del público. La liquidez solo es realidad cuando está en manos de gente que haga uso de ella, que demande crédito, que invierta, que ensanche. Pero la gente que estaba en capacidad de hacer todo esto hizo caso omiso de los desesperados llamados del gobierno. Los temores de devaluación, el clima de violencia política y la lenta reactivación de los países desarrollados parecen haber sido los causantes de esta actitud.
El gobierno buscó apoyo apoyando, pero ni siquiera esto le dio resultado. Los cupos abiertos este año en el Banco de la República que significan créditos en condiciones óptimas para los sectores con mayores dificultades suman, según datos extraoficiales, alrededor de 90.000 millones de pesos. Su demanda hasta el presente, dificilmente llega a los tres mil millones. El gobierno insistía con estas medidas en que su labor era sentar una base para que el sector privado se encargara de la reactivación. El sector privado, mientras tanto, insistía en no gastar un sólo peso, ni propio ni prestado por el gobierno, en una economía que según ellos genera demasiada incertidumbre.
La otra carta de reactivación que tenía el gobierno era el plan de vivienda, eje del programa económico expuesto por Betancur en su campaña. Lo único concreto que hasta ahora se ha oído de este plan son sus dificultades para comenzar. Las Corporaciones de Ahorro y Vivienda han incrementado sus captaciones en miles de millones pero se muestran reticentes a gastar. Prueba de esto es que el FAVI (Fondo del Banco de la República donde las corporaciones guardan sus captaciones no prestadas) que normalmente tenia consignados recursos por cifras ligeramente superiores a los mil millones, ha llegado a guardar en los últimos meses sumas superiores a los veinte mil millones de pesos. La plata destinada a vivienda, que permanece guardada en las seguras bóvedas del emisor, tampoco es liquidez.
Según varios expertos económicos, los lamentables resultados del primer trimestre del año harán tomar conciencia al gobierno de su absoluta soledad. Agregan que quienes tienen recursos para invertir continuarán mostrándose reacios a dar el primer paso, despreciando los alicientes que las autoridades monetarias se empeñan en inventar día a día. Según esto, es necesario que el gobierno abandone su posición de no incrementar el gasto público para iniciar la reactivación. . .
Economistas de larga trayectoria en el sector oficial consideran, sin embargo, que incentivar radicalmente el gasto público constituiría un grave error que podría costarle al gobierno el regreso de las altas tasas de inflación contra las cuales ha venido luchando con bastante efectividad. Por el contrario, para los directivos de Fedesarrollo, a quienes algunos sectores políticos denominan ministros sin cartera, el aumento de la inversión oficial es una necesidad prioritaria e inaplazable.
Fedesarrollo afirma que dada la actual coyuntura de caída de reservas, un incremento en el gasto público no tendría implicaciones inflacionarias.
Según esta entidad, la plata que se inyectaría a través de esta medida con dificultad podría superar aquella que está saliendo por el lado del déficit de comercio exterior, con lo cual el dinero circulante en la economía no tiene por qué aumentar. Según José Fernando López, redactor económico de "El Tiempo", la caida en reservas que se ha observado durante los tres primeros meses del año (600 millones de dólares) ha implicado una reducción de 30.000 millones de pesos en el circulante. Esto parece confirmar lo planteado por Fedesarrollo.
La institución propone incrementar significativamente el gasto público en los siguientes campos: proyectos de obras públicas para transporte y distritos de riego; subsidios a la compra de vivienda popular de tal manera que sea posible acelerar el programa de construcción; subsidios a la venta de fertilizantes para disminuir el precio de los productos agrícolas y aumentar la capacidad de compra de los consumidores, aliviando así la situación de la industria manufacturera.
Consideran en general los defensores del gasto público, que sería un error craso destinarlo al aumento de burocracia ya que, pese a que esto generaría demanda inmediata, su posterior desmonte es casi imposible, con lo cual en el mediano plazo esto sí generaría inflación y aumento inútil del déficit fiscal.
Ante toda esta argumentación, funcionarios del gobierno han comentado que los planteamientos de Fedesarrollo, pese a su solidez teórica, no tienen viabilidad alguna en términos prácticos.
El gobierno insiste en la necesidad de reducir el escandaloso déficit fiscal; en las dificultades de frenar la inflación; en la imposibilidad de cambiar las expectativas mediante incrementos en la inversión pública... Pero, simultáneamente anuncia un plan de inversiones por 150 mil millones de pesos, eleva una solicitud al Congreso para que se aumente de 22 mil a 100 mil millones el cupo del gobierno en el Banco de la República y anuncia un endeudamiento externo de mil millones de dólares para inversión pública. Estas declaraciones se podrían resumir en una sola frase: incrementos en el gasto público como vía rápida a la reactivación.
Más allá del análisis respecto a los resultados de este nuevo camino que parece haber decidido tomar el gobierno, en los circulos económicos y políticos los comentarios giran en torno al gran poder que han venido adquiriendo los "ministros sin cartera" de Fedesarrollo. Hace unos años, ANIF decía y el gobierno hacía. Hoy, pese a las apariencias de rechazo, todo parece indicar que Fedesarrollo dice y el gobierno hace.
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