Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/10/27 00:00

‘Giro’ militar

Un millón de dólares que tiene embolatado el Ejército puso en evidencia la fragilidad en el manejo de algunas operaciones financieras del Estado. Y confirmó la crisis de las casas de cambio.

No es la primera vez que el Ejército le compra dólares a la Casa de Cambio Unidas S. A.

Los militares, acostumbrados como están a medir grandes riesgos, fallaron al calcular uno. Y no precisamente en una campaña antisubversiva. Esta vez se trató de una operación de riesgo financiero que les tiene embolatado un millón de dólares.

El hecho sucedió el pasado 30 de julio, cuando el Ejército, siguiendo un procedimiento que le era habitual, cotizó para la compra en el mercado cambiario 10.687.567 dólares para efectuar pagos a proveedores en Estados Unidos.

Con un dólar oficial fijado en ese momento en 1.984,10 pesos, la División Financiera del Comando del Ejército encontró buenas ofertas de parte de varios intermediarios que ese día cotizaron la divisa: Corficolombiana, Corredores Asociados, Bbva, Correval y Casa de Cambio Unidas. Este último intermediario tasó los dólares más baratos en 1.976 pesos. La operación se cerró y el Ejército desembolsó 21.118,6 millones de pesos a Unidas S. A. para efectuar la transferencia, según lo acordado.

Pero tamaña sorpresa se llevaron los altos mandos militares el 22 de agosto, cuando el proveedor en Estados Unidos informó que no podría hacer el despacho del material térmico adquirido por el Ejército colombiano por falta del depósito acordado. Sencillamente, la plata no estaba consignada.

Algo comenzó a oler mal. Y lo confirmó el Ejército cuando verificó la operación que había contratado con la casa de cambio. El intermediario cumplió con los giros hasta por 7.598.847 dólares, quedando pendiente una transferencia por 1.710.000, respecto del total contratado por la institución. Posteriormente, Unidas S. A. cumplió con otro tramo, pero hoy todavía adeuda 1.166.000 dólares.

Si bien claramente la casa de cambio generó el problema al incumplir su obligación, para muchos quedó al descubierto un frágil sistema de control de riesgos en este tipo de operaciones cambiarias con recursos públicos.

¿Falló la inteligencia financiera del Ejército a la hora de evaluar los riesgos en este tipo de operaciones? El jefe de logística del Ejército, brigadier general Ricardo Antonio Vargas, cree que no. El procedimiento seguido en esta ocasión nunca antes había fallado. De hecho, con Casa de Cambio Unidas habían adelantado transacciones similares en el pasado sin contratiempos.

Llama la atención que para la fecha de la operación del Ejército, ya había sucedido la incautación de cerca de 20 millones de dólares (principalmente en euros) por parte de autoridades de Estados Unidos a ocho casas de cambio del país, entre ellas Unidas S. A., a la que se le congelaron 5.742.570 dólares. La retención de las divisas en Estados Unidos ocurrió el 29 de junio y el 5 de julio.

Aunque, en estricto sentido, este hecho no tenía por qué impedir contratar con dicha casa de cambio, para algunos profesionales acostumbrados a manejar mesas de dinero y tesorerías, esta circunstancia sí debió haberse tenido en cuenta dentro de los riesgos de la operación.

El general Vargas asegura que desconocía por completo este impasse que afrontaba la casa de cambio, y hoy lamenta que no hubiera sido informado al respecto o que este intermediario hubiera adelantado la operación sin advertirles que podría tener dificultades con el giro.

La verdad es que, aparte de la Superintendencia Financiera que, una vez ocurrida la incautación, estuvo al frente para vigilar que las casas de cambio no cayeran en dificultades patrimoniales, poca información exacta hubo sobre las entidades involucradas.

¿Debió la Superintendencia advertir? El superintendente, César Prado, lo niega categóricamente. Afirma que la incautación fue un hecho divulgado por los medios y que no era su deber hacer ese tipo de advertencia, entre otras razones por las implicaciones que pudiera generar. Primero tenía que analizar la situación patrimonial de las casas afectadas tras el decomiso.

Prado desconocía que el Ejército fuera un cliente de esta casa de cambio y además recalca que su deber es proteger a todos los clientes de las entidades vigiladas por la Superintendencia y no a uno solo, así este sea el mismo Estado.

En este momento de la película, el Ejército espera que Unidas S. A. cumpla con la promesa que le hizo de cubrirle el faltante del dinero, aunque esto no ha implicado un impacto logístico. En la última reunión con el general Vargas, la casa de cambio le informó que están vendiendo una empresa de informática para atender este pago que consideran prioridad.

Por su parte, la Superintendencia estará vigilante de que cumpla con sus obligaciones pendientes, pues por el momento la casa tiene suspendida la recepción de recursos de terceros. Unidas S. A. deberá atender una orden de capitalización cercana a los 9.000 millones de pesos.

Por ahora, con la lección aprendida, el Ministerio de Defensa acaba de extremar los controles para las operaciones de compra de divisas. Para curarse en salud, el viceministro Juan Carlos Pinzón cree que lo más sano será seguir comprándole los dólares al Tesoro Nacional. El asunto es que podría salirles más cara la operación, pero eso sería mejor, porque, como dice el adagio popular, lo barato sale caro.

Jaque mate

La experiencia amarga del Ejército es apenas un indicio más de la grave crisis por la que pasan las casas de cambio en Colombia. Su situación podría terminar arrastrando los llamados profesionales del cambio, personas dedicadas al arbitraje de divisas en efectivo, bajo la autorización y la vigilancia de la Dian.

Las consecuencias para el país no son insignificantes porque quiere decir que el mercado negro volvió a tomar fuerza sobre la actividad formal cambiaria. "La formalización que se había buscado en los últimos años se podría perder", lamenta el gerente ejecutivo del Banco de la República, Gerardo Hernández.

Aunque la situación para las casas de cambio se viene complicando de tiempo atrás, la incautación hecha por las autoridades norteamericanas fue la gota que rebosó la copa para desatar esta crisis.

El presidente de la Asociación de Profesionales del Cambio, Rubén Darío Muñoz, reconoce que están a punto de desaparecer como actividad. En Bogotá comenzaron el año 500 profesionales del cambio, hoy son 320. De los 180 que se han cerrado, 120 lo han hecho desde julio para acá. "Creo que este año terminaremos sólo 200", se lamenta Muñoz. Quedarían menos profesionales que hacen operaciones reguladas y con los controles que exigen tanto la Dian como la Superintendencia Financiera. La reducción del negocio es tan significativa que, según las cuentas de esta asociación, de transacciones por 1.000 millones de dólares en el primer trimestre de este año, pasaron a 100 millones en el tercer trimestre.

Pero esto no significa que no se esté negociando divisas en el mercado, ni mucho menos. Lo que temen es el auge del mercado negro donde no hay controles.

Alfonso Garzón, presidente de Asocambiaria, gremio que agrupa la mayoría de las casas, dice que en las actuales circunstancias escasamente podrían sobrevivir tres o cuatro entidades.

Lo cierto es que las cifras que suministra la Superintendencia Financiera, con corte a agosto, dan fe de la crisis: las 10 casas de cambio vieron disminuir en 44 por ciento su patrimonio en 12 meses y de ganar 9.000 millones en agosto de 2006, pasaron a pérdidas por 40.000 millones de pesos en igual mes del presente año. Mientras sigan retenidos los dólares en el exterior, la viabilidad de estos intermediarios financieros es incierta. Algunos pronostican que esta podría ser la estocada final de este otrora próspero negocio.

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