Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1983/04/18 00:00

GOTA A GOTA

Expertos en política económica consideran que sería catastrófico abandonar el sistema de devaluación "gota a gota"

GOTA A GOTA

Hace quince días, en medio de un torrente de devaluaciones de los países vecinos y mientras los decretos fundamentales de la emergencia económica se derrumbaban uno tras otro, el presidente Betancur afirmó a la prensa que los rumores de devaluación masiva estaban completamente infundados. Agregó que el gobierno no pensaba abandonar el sistema de devaluación "gota a gota" (crawling peg).
Infundados o no los rumores, el dólar negro comenzó a subir empujado por varios factores que no ayudaron en nada a generar confianza en las palabras del Presidente. Tal es el caso de un artículo de Guillermo Perry, en el cual planteaba que el gobierno, teniendo en cuenta las nuevas circunstancias, debía reconsiderar la decisión de no devaluar.
Sumado a esto está la desaparición de la única protección legal que tenían los inversionistas ante una devaluación sorpresiva: títulos canjeables y certificados de cambio (ver artículo siguiente), como resultado de esto, se tiene un dólar negro alcanzando valores hasta de $80.
La incertidumbre sobre la devaluación es latente, pero el análisis no puede partir tan sólo de fenómenos coyunturales, sino que es relevante tener en cuenta los factores estructurales que inciden sobre la decisión. Según expertos económicos, los factores que presionan a favor de una devaluación radical son los siguientes:
El peso colombiano está revaluado, su solidez es ficticia. La baja tasa de cambio afecta a los exportadores (reciben menos pesos por cada dólar) y abarata tremendamente el contrabando. La posición real de la economía colombiana en el ámbito internacional, no está siendo dada por el valor del peso. Para que esto fuera así, la devaluación respecto al dólar debió haber correspondido en los años anteriores al diferencial de inflaciones entre Colombia y Estados Unidos. La devaluación fue menor a este diferencial, lo que implica solidez ficticia del peso.
Las reservas el año anterior cayeron en US$ 750 millones de dólares, y lo que es aún más alarmante, cayeron US$ 100 millones durante la última semana de febrero. Generalmente en política económica, cuando ocurre esto se devalúa buscando disminuir importaciones, aumentar exportaciones y frenar así la peligrosa caída en reservas.
El café tiene un porvenir incierto. El mercado de futuros muestra precios de US$ 1.12 para el contrato de mayo de 1984 contra US$ 1.24 en marzo de 1983. Teniendo en cuenta que cada centavo dólar de baja le significa a Colombia una pérdida aproximada de once millones de dólares, la baja de 12 centavos le significaría al país una pérdida de US $ 132 millones anuales.
Mientras las reservas disminuyen, la necesidad de divisas de Colombia para importaciones fundamentales continúa siendo alta, y debido a los considerables retiros de depósitos que han hecho los países petroleros de la banca internacional y a la desconfianza que genera Latinoamérica, la posibilidad de conseguir crédito externo para suplir el déficit de divisas es escasa.
Según proyecciones realizadas, las devaluaciones y controles aplicados por Venezuela y Ecuador le costarán a Colombia alrededor de US$ 250 millones este año.
Las esperanzas de recuperación de la balanza de pagos colombiana por exportaciones de carbón, comienzan a flaquear ante la caída sin freno de los precios del petróleo.
Pero también está el contrapeso: los factores que convierten el abandono del sistema de devaluación "gota a gota" en un acto de suicidio económico. Estas razones tienen menos cifras precisas y escandalosas pero, en opinión de la gran mayoría de economistas, tienen peso más que suficiente para que la balanza se incline en contra de una devaluación radical.
Una devaluación radical sería un golpe funesto a las expectativas. La confianza del público en el gobierno caería a cero y la propensión a invertir, que en este momento ya es muy baja, simplemente desaparecería. Esto es especialmente grave en un momento en que los particulares y los bancos tienen grandes sumas de dinero en sus manos pero no saben qué hacer con ellas. El gobierno mediante su política, de bajas tasas de interés, parece querer incentivar al sector privado a invertir, pero para esto se requiere confianza y una devaluación radical no la otorga.
Las expectativas no se miden en pesos pero, si se pudiera, su valor sería de miles y miles de millones.
Estudios realizados por centros de investigación económica indican que una devaluación en Colombia incentivaría muy poco las exportaciones y tendría poco efecto en el desestimulo de las importaciones. Esto, debido a las características de los bienes que conforman el comercio exterior del país. Sobre lo que caben muy pocas dudas es respecto al impacto inflacionario de una devaluación. Debido a que la economía colombiana aún depende en forma importante tanto de insumos primarios como de maquinaria importada, el aumento de precios de estos bienes implicaría inflación inmediata, con lo cual nuestros precios volverían a perder competitividad, haciéndose necesaria otra devaluación, comenzando así un espiral sin fin.
Una devaluación muy fuerte implicaría que la deuda internacional colombiana, medida en pesos, fuera mucho más alta. Y no sólo la deuda oficial, sino también la privada, ya que el gobierno permitió que sectores como el textil se endeudaran directamente en el exterior. Salvo una tasa de cambio diferencial como la venezolana, lo cual causa múltiples problemas, el nuevo valor del endeudamiento en caso de devaluación, podría provocar más de una quiebra.
Tomando en cuenta los factores a favor y en contra, que son muchos más de los aquí expuestos, la tendencia que parece predominar es la necesidad de continuar con el mecanismo de devaluaciones graduales instituido durante el gobierno de Carlos Lleras. También parece existir un acuerdo respecto a que el proceso "gota a gota" debe hacerse mas rápido, hasta el momento en que el peso deje de estar sobrevaluado, ya que esto sin lugar a dudas afecta violentamente a la industria nacional. Lo que aconsejan los expertos la política monetaria y comercio exterior es quitarle los falsos maquillajes al peso, pero hacerlo en una forma lenta, de tal manera que no se provoquen violentos traumatismos en un momento en que la economía camina sobre la cuerda floja.-

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