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| 4/29/2006 12:00:00 AM

¿Guerra sucia?

Los cruces de información sobre el supuesto pasado oscuro de algunas empresas interesadas en la concesión del aeropuerto El Dorado han desviado la discusión sobre los temas de fondo.

El próximo miércoles, las empresas nacionales del sector de la construcción que están interesadas en la concesión del aeropuerto El Dorado, tendrán una cumbre extraordinaria en Bogotá, en la oficina del presidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), Juan Martín Caicedo Ferrer.

El objetivo: definir una estrategia para dejar en limpio el buen nombre de las compañías que participan del proceso y, sobre todo, destacar la importancia de esta licitación para el futuro del país.

La idea surgió ante la preocupación de muchos empresarios que sienten que se está dando una verdadera 'guerra sucia' de información que puede afectar no sólo el nombre de las compañías, sino también al proceso mismo.

"Al final, sería grave que la empresa que quede con la licitación termine en medio de un huracán de desinformación, lo que podría afectar seriamente el desarrollo del proyecto", cree Caicedo Ferrer.

"La sensación que está quedando es que cualquiera que se gane la licitación es un bandido", dijo José Joaquín Montalvo, presidente de la firma Proyectos de Infraestructura S.A. (Pisa), una de las que compró pliegos para la concesión.

Dentro del grupo de empresas nacionales interesadas en El Dorado también están Odinsa, MNA, Mario Huertas Cote y Conconcreto, entre otras. Entre las internacionales figuran Aeropuertos Argentina 2000 y Aena y Aertis de España. También hay rumores sobre el posible interés de los operadores de los aeropuertos de Houston y Frankfurt. Ellos entrarían como socios de los constructores e inversionistas nacionales.

La situación se ha tornado cada vez más preocupante, pues a varios medios de comunicación siguen llegando correos electrónicos con supuestas denuncias sobre el pasado oscuro de las firmas.

A pesar de todo el ruido, hasta el momento no hay ningún indicio serio de que la licitación se vaya a descarrilar. Tanto la Contraloría General de la República como la Procuraduría General de la Nación siguen el proceso al milímetro y han hecho las advertencias habituales, pero ninguna parece un escollo insuperable.

Las críticas

Los reparos de la Contraloría se refieren a cómo se dará la relación entre el Distrito y la Nación, el futuro del puente aéreo, los contratos de arrendamiento de varios locales del aeropuerto que están en litigio y la ausencia de un precio total para las obras de ampliación.

Según el director de la Aeronáutica Civil, Fernando Sanclemente, el gobierno ha dado respuesta, cuestionamiento tras cuestionamiento. En primer lugar, la Nación y el Distrito ya están trabajando para crear una empresa que se encargue del desarrollo de las zonas aledañas al aeropuerto. Además, la concesión define salidas para los contratos de arrendamiento en litigio de los locales. Finalmente, la Aerocivil explicó que no se le dio un valor a toda la inversión necesaria para sacar las obras adelante porque si así fuera, el Estado tendría que asumir todo el riesgo por las obras, lo que en otras concesiones ha sido un verdadero desangre para las finanzas públicas.

Por su lado, la Procuraduría advirtió sobre las facultades del 'amigable componedor', una figura que emplea la concesión para resolver pequeñas controversias y así evitar que la licitación se paralice. Sobre este tema la Aerocivil está preparando un ajuste (adendo) al contrato, con el fin de reducir las facultades de dicho componedor.

Más allá de esos asuntos puntuales, es evidente que son demasiado grandes los intereses que genera un proyecto de 600 millones de dólares para que no falten las suspicacias. Así se explicaría que de entrada alguien trate de sacar provecho con movidas non sanctas.

¿Quién podría estar detrás de esa estrategia de desacreditación de las empresas? Personas cercanas al proceso dijeron no tener idea sobre el tema, porque es muy difícil identificar de dónde provienen los ataques. Sin embargo, sí se ha producido una sensación generalizada de que algo oscuro está ocurriendo y esto podría afectar el desarrollo del contrato. De ser así y si la tensión se mantiene, los únicos beneficiados serían aquellos a quienes no les conviene que la concesión salga adelante: en pocas palabras, nadie o casi nadie. Hay consenso en que la ampliación del aeropuerto de Bogotá es una necesidad.

"Yo sí sé que hay empresas que tienen agenda de medios", explicó un empresario cercano al proceso. Pero a estas alturas del paseo, cualquier plan de desacreditar sus rivales podría ser contraproducente, pues son muy pocos los que hoy tienen completamente claro con quién van a terminar aliados al final del proceso. A menos de 20 días, el panorama sobre los consorcios no es definitivo, primero porque estos asuntos se manejan con completa confidencialidad y, segundo, porque el rompecabezas definitivo podría terminar formalizándose pocas horas antes del cierre para entrega de propuestas, el próximo 18 de mayo.

Asuntos estructurales

Hasta el momento, la discusión sobre el pasado de las firmas que participan en el proceso ha desviado la atención y varios temas centrales no han tenido la divulgación suficiente.

Hay una discusión de fondo sobre las condiciones financieras del contrato, lo que mantiene quietos en primera a varios participantes de la licitación.

Inversionistas y constructores han señalado que, tal y como están las cosas, colocar el capital (casi 1,5 billones de pesos) en cinco años es prácticamente imposible, más aun cuando el retorno de la inversión no se verá sino en los últimos siete años del contrato. Al preguntársele a un inversionista si en las condiciones actuales se le mediría a presentar propuesta, respondió tajantemente "no".

Por eso la Aerocivil analiza si ampliar el plazo de concesión de 17 a 20 años. Según su director, el esquema de concesión es el adecuado, porque el Estado queda completamente blindado, pues el inversionista asume todo el riesgo. Justamente eso es lo que critican los empresarios y hasta tanto no se conozcan las modificaciones, muchos no se lanzarán al agua.

Otro tema de fondo es el de los seguros. Los interesados en participar creen que es prácticamente imposible conseguir una póliza para este proyecto, por su complejidad.

Aunque nadie puede garantizar que todo el proceso satisfaga a sus críticos, lo cierto es que la licitación de El Dorado entró en su fase definitiva y las obras son cada vez más urgentes. Día a día se nota más el trancón en ese terminal. Para los efectos de modernizar el aeropuerto, el tiempo vuela.
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