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| 3/10/1997 12:00:00 AM

HACIA DONDE VA LA JUNTA

Con la nueva composición de la Junta del Banco de la República muchos observadores prevén un viraje en la política económica.

Desde hace dos meses eL SEXTO PISO del Banco de la República se encuentra en remodelación. Al llegar allí los visitantes experimentan una curiosa sensación. En un extremo varios obreros trabajan de manera acelerada para cumplir con la reforma que les ha sido enco-mendada. En el resto del espacio, dominado por el rigor y la tradición de la arquitectura y el decorado, parece que no estuviera pasando nada. De cualquier manera, la renovación del piso, sede de la Junta Directiva del Banco, concluirá esta semana.Aunque los obreros lo ignoren, el proceso de reforma que han adelantado se asemeja al que está viviendo la misma Junta. Hace varios meses los analistas económicos empezaron a discutir sobre un inminente revolcón en el organismo, que se daría con el cambio de varios de sus miembros. Al retiro de María Mercedes Cuéllar de Martínez, en julio del año pasado, se habría de sumar el cumplimiento del período del gerente del banco, Miguel Urrutia, en el mes de diciembre, así como el de dos miembros más de la Junta, a finales de enero.A la postre los nuevos miembros fueron escogidos por el presidente Samper de las propias entrañas del gobierno. María Mercedes Cuéllar fue reemplazada en julio pasado por Antonio Hernández, primer ministro de Agricultura de la actual administración y consejero económico del gobierno en el momento de su elección. De otra parte, Hernando José Gómez y Oscar Marulanda fueron sustituidos por Leonardo Villar, viceministro de Hacienda hasta la semana pasada, y Luis Bernardo Flórez, primer consejero económico de Samper y, hasta hace pocos días, presidente de Ecopetrol. El gerente del Banco, por su parte, fue reelegido el 20 de diciembre por la Junta, con un guiño favorable del mismo Samper.De esta manera, en un lapso de seis meses el Presidente designó a tres nuevos miembros del ente rector de la política monetaria y cambiaria. Si a ellos se suma el Ministro de Hacienda, quien también hace parte de la Junta, el resultado es que cuatro de los siete miembros del organismo han sido nombrados por el presidente Samper, y hacen o han hecho parte del gobierno.Para muchos colombianos estos nombramientos constituyen tan sólo una jugada más del gran ajedrez burocrático que enfrenta cualquier gobierno. Sin embargo, aquellos que siguen de cerca la evolución de la economía nacional saben que los cambios en la Junta pueden representar un auténtico viraje de la política económica. Y es que ser miembro de la Junta Directiva del Banco de la República constituye mucho más que tener un sueldo mensual superior a 10 millones de pesos y una amplia oficina con sala de recibo y mesa para reuniones. A partir de la Constitución política de 1991 el Banco de la República tiene autonomía absoluta en la ejecución de la política monetaria y cambiaria y le corresponde a su Junta Directiva la formulación de esas políticas.Y no se trata de temas que sólo les interesan a los banqueros. Al controlar la cantidad de dinero y la banda cambiaria la Junta tiene en sus manos una de las riendas que determinan el crecimiento económico. La otra rienda la maneja el gobierno mediante la política fiscal. Sin embargo, en la medida en que el banco central tiene el mandato constitucional de controlar la inflación, el manejo de estas dos riendas muchas veces plantea propósitos encontrados. En palabras de un analista económico, "mientras el gobierno usualmente tiende a acelerar, la Junta está atenta al freno".Esta separación de funciones y objetivos, adoptada por muchos países en el mundo, ha traído en términos generales buenos resultados para la economía. Con excepción del año pasado, desde 1991 la inflación ha ido en descenso sin costos excesivos para el crecimiento económico. Sin embargo a veces las cosas se complican. El año anterior se dio un verdadero peloteo entre la Junta y el gobierno sobre las responsabilidades de una coyuntura difícil, que terminó con mayor inflación, menor crecimiento y una devaluación nula. Esta situación llevó a algunos parlamentarios a incluir en el proyecto de reforma constitucional que cursa en el Congreso propuestas que limitan la autonomía del banco central y desvirtúan sus objetivos (ver recuadro).
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