Lunes, 23 de enero de 2017

| 2004/02/15 00:00

Hagan sus apuestas

Sale en venta Bancafé, el banco estatal más grande del país. Aunque el negocio es atractivo, tiene varios peros.

La subasta del 55 por ciento de las acciones de Bancafé es sólo el primer paso hacia su privatización definitiva.

Ningún jugador quiere mostrar sus cartas. Hay gran expectativa por saber finalmente quién se quedará con el 55 por ciento de las acciones de Bancafé, el tercer banco más grande del país, que fue nacionalizado tras la crisis financiera del año 1999. Los posibles compradores ya hicieron cuentas pero

prefieren no revelar sus planes antes de tiempo. Y el gobierno, que con esta operación busca inyectarle nuevos recursos al banco, espera haber despertado suficiente interés entre los inversionistas locales y extranjeros.

El resultado sólo se conocerá el próximo miércoles. El 18 de febrero, los interesados harán sus ofertas, es decir, dirán a qué precio están dispuestos a comprar este paquete de acciones de Bancafé para asumir así el control del banco. Aunque se ha especulado en los últimos meses sobre quiénes participarían en la subasta, lo único que hasta el momento se sabe con certeza es que cuatro inversionistas pagaron los 25 millones de pesos que costaba acceder a toda la información del banco. Eso no significa que los cuatro vayan a participar en la puja final. De hecho, el gobierno espera que se presenten sólo una o dos ofertas, como usualmente ha ocurrido en este tipo de procesos.

¿Quiénes estarían interesados en convertirse en accionistas mayoritarios de Bancafé? La respuesta depende de la evaluación que haga cada cual sobre las posibilidades de crecimiento del banco y, por supuesto, el costo y los riesgos de hacerlo.

Los interesados

Aunque el negocio bancario ha mejorado y el crecimiento de la economía colombiana permitió que el grueso de los bancos volvieran a registrar utilidades en sus balances, algunos analistas que le han hecho seguimiento a la privatización de Bancafé advierten que la última reforma tributaria representó un golpe para el proceso.

Además de ser particularmente costosa para los bancos, pues gravó su patrimonio y aumentó a 4 por mil el gravamen a las transacciones financieras, el cambio continuo del régimen tributario constituye un factor adicional de incertidumbre para los inversionistas.

Quien asuma el control de Bancafé lograría rápidamente ganar casi siete puntos porcentuales de participación en el mercado financiero colombiano. El banco tiene más de 1.450.000 clientes, cuenta con una red de 276 sucursales y es la principal entidad financiera en ocho ciudades intermedias del país.

Para Bancolombia, por ejemplo, el banco más grande del país, adquirir la mayoría accionaria de Bancafé equivaldría a sacarle una amplia ventaja a su competidor más cercano, el Banco de Bogotá. El presidente de Bancolombia, Jorge Londoño, se ha negado a dar recientemente declaraciones al respecto, pero, en un artículo publicado por la revista The Banker en mayo de 2003, afirmó no tener intenciones de comprar Bancafé.

Para Jaime e Isaac Gilinski, los antiguos dueños del Banco de Colombia, comprar el banco estatal podría ser una interesante oportunidad de regresar a las ligas mayores de la banca colombiana. Después de haber comprado el Banco Sudameris en diciembre de 2003 al grupo italiano Intesa, se rumora que los Gilinski estarían interesados en entrar al negocio de Bancafé para hacerse rápido a una buena tajada del mercado.

El tercer posible interesado es Davivienda. Al ser un banco concentrado en cartera hipotecaria, podría resultarle atractivo ampliar su portafolio adquiriendo un banco comercial como Bancafé porque le permite acceder automáticamente a una base de clientes ya existente. También se rumora que un consorcio conformado por el Banco Superior e inversionistas estadounidenses estaría evaluando la posibilidad de entrar en la operación.

El único extranjero que al parecer tiene intenciones de participar en la subasta es el Hong Kong Shanghai Bank (Hsbc), uno de los conglomerados financieros más grandes del mundo, con sede en Londres. Este grupo tiene presencia en 79 países, a través de más de 9.500 oficinas, y en los últimos años ha puesto sus ojos en América Latina. En 1997 entró a la región con adquisiciones en Brasil y Argentina. Tres años más tarde compró las sucursales del Chase Manhattan Bank en Panamá y en 2002 adquirió el Grupo Financiero Bital de México por 1.900 millones de dólares.

Aunque estos nombres han sonado como posibles inversionistas, que uno de ellos ponga los recursos necesarios para capitalizar Bancafé no será tarea fácil. Desde que diseñó la operación, el gobierno ha sido consciente de que está vendiendo un banco al que logró sanear después de rescatarlo en 1999, pero que todavía tiene debilidades.

Los obstáculos

El principal obstáculo para vincular a un inversionista privado al banco era su pasivo pensional, calculado en 420.000 millones de pesos. Vender Bancafé con esa pesada carga era imposible. Por eso la recomendación del Conpes, en agosto de 2003, fue transferirle la deuda pensional a la Nación. Sin embargo, el gobierno resolvió dejarla en los balances del banco, pero, al mismo tiempo, constituir un fondo con los recursos suficientes para cubrirla.

Queda otro inconveniente: los altos costos laborales de Bancafé. Según Juan Pablo Córdoba, director de Fogafin, la convención colectiva del banco hace que la remuneración por empleado sea 35 por ciento más alta que la del resto de entidades. A pesar de que en 1999 se lograron desmontar algunos beneficios, la convención aún contempla primas y auxilios que se salen de los estándares del sector financiero.

Otra dificultad es que Bancafé tiene la mitad de sus activos en títulos de deuda interna del gobierno. A quien llegue le tocará vender poco a poco esos títulos y con esa plata comenzar a dar préstamos, que es el negocio propio de los bancos y de donde salen sus activos. Este hecho puede ser al mismo tiempo una ventaja para los inversionistas, que al comprar un banco siempre corren el riesgo de encontrarse con una cartera difícil de cobrar. En el caso de Bancafé, como la mayoría de sus activos están en títulos soberanos, este riesgo es menor.

Estos factores serán tenidos en cuenta por los interesados a la hora de ponerle precio a su oferta del miércoles en la subasta. El inversionista que haga la oferta más alta, por encima de un precio mínimo fijado por Fogafin, será el ganador. El gobierno, entonces, continuaría con la segunda etapa del proceso, que es salir a vender su participación en el banco (45 por ciento de las acciones) entre el sector solidario y el público en general. El accionista mayoritario tendrá que comprar en dos años las que no logre vender.

¿Tendrá éxito el gobierno en dejar a Bancafé en manos privadas? Aunque parece haber interesados, todos los jugadores saben que, como dijo a SEMANA un ex directivo de Bancafé, "lo que se está vendiendo no es pan caliente".

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