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| 4/18/2015 10:00:00 PM

¿Hay razón para el pesimismo económico?

Colombia es una de las pocas economías en América Latina que crecerá por encima del 3 % este año. A pesar de eso la gente está desanimada.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo a 3,4 % su pronóstico de crecimiento para la economía colombiana en 2015. Esta nueva proyección está en línea con la mayoría de los analistas privados, que también revisaron a la baja sus expectativas para el presente año y hoy se mueven en un rango de entre 3 y 3,5 %.

El dato no está nada mal si se tiene en cuenta la magnitud del choque externo por cuenta de la caída del precio del petróleo y las perspectivas que hay sobre la región. Según el FMI, el Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina, en su conjunto, no crecerá más del 1 % este año.

Así las cosas, la economía colombiana se mantiene como una de las más dinámicas en la región, en particular entre las más grandes. Eso ya es un logro. Mientras que para México se espera un crecimiento del 3 % y para Chile del 2,7 %, el PIB de Brasil y Argentina se contraerá 1 y 0,3 %, respectivamente. A Ecuador el choque externo le está pegando muy fuerte y su crecimiento bajará a 1,9 % este año. Venezuela sigue mostrando el peor desempeño con una caída estimada del 7 %, de acuerdo con el FMI. Algunos analistas, sin embargo, pronostican un escenario peor que puede llegar a una contracción del PIB venezolano superior al 10 %.

Hay que señalar que no hay muchas economías en el mundo que vayan a crecer en 2015 por encima del 3 %, como Colombia. La zona euro, por ejemplo, de acuerdo con las proyecciones del Fondo Monetario, se expandirá 1,5 %. Y Estados Unidos, la mayor economía del planeta, crecerá 3,1 % en los siguientes dos años.

A pesar de las anteriores consideraciones, en el país hay un cierto desánimo entre los agentes económicos. Muchos tienden a interpretar los datos de menor crecimiento como si se estuviera pasando del auge a la depresión, lo cual no es cierto, pues en la mente de ningún analista está la palabra recesión. La confianza, tan importante en economía, se está deteriorando y si las personas y empresas comienzan a tomar decisiones motivadas en expectativas más negativas de las racionales, las cosas pueden llegar a empeorar.

La más reciente medición de la confianza de los consumidores (ICC), realizada por Fedesarrollo, mostró un retroceso en este indicador -en marzo cayó por cuarto mes consecutivo- ubicándose en el nivel más bajo desde junio de 2009. Esto sugiere que habrá una pérdida de dinamismo del consumo de los hogares en los próximos meses. De acuerdo con la encuesta, en marzo se presentó un deterioro tanto de la situación económica actual como de las expectativas. Es decir, la gente está percibiendo que viene un panorama complicado.

El ICC se redujo en las cinco ciudades que participan en este estudio (Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga), sobresaliendo la capital de la República cuyo indicador se ubicó en el terreno negativo y llegó al punto más bajo en los últimos seis años.

Hay varios elementos que podrían estar minando la confianza. Uno de ellos tiene que ver con la devaluación que, si bien ha ayudado a moderar el impacto de la caída del petróleo sobre las finanzas públicas, es percibida como factor negativo para muchos consumidores y para una parte del comercio, pues ha encarecido muchos productos. Esto quedó reflejado en la encuesta de Fedesarrollo, en donde se observa que la disposición a comprar electrodomésticos se redujo en todo el país. También cayó fuertemente la disposición a adquirir vivienda.

Para muchos, el retroceso en la confianza no corresponde con la realidad económica del país, así se haya entrado en el ciclo de la desaceleración. El exministro de Hacienda José Antonio Ocampo dice que no hay que llevar las cosas al terreno de la crisis, ni de las alarmas (ver entrevista).

A pesar de la caída del 50 % en el precio del petróleo, principal producto de exportación del país y de la generación de ingresos fiscales, las condiciones económicas de Colombia se han deteriorado menos, en comparación con muchos vecinos.“Frente a semejante impacto externo, la economía se ha comportado relativamente bien. Es verdad que se ha desacelerado y que no se va a mantener el auge, pero al país le irá mejor que a muchos en la región”, afirma el director de Fedesarrollo, Leonardo Villar.

Aunque siempre se ha dicho que el país no está completamente blindado contra los fuertes vientos externos, sí hay unos factores que pueden ayudar a amortiguar el golpe y permiten ser más optimistas que pesimistas frente al futuro.

Por ejemplo, el hecho de que Colombia tenga una estructura económica diversificada. Esto se refiere a que el peso del sector exportador dentro de la economía es menor, frente a sus similares de América Latina. Mientras en Chile el comercio exterior (exportaciones más importaciones con respecto al PIB) pesa 76 %, en Perú el 49 % y en Argentina el 41 %, en Colombia llega al 35 %.

Tener una economía más cerrada, desde el punto de vista de comercio

exterior –algo que claramente no es ideal– resulta benéfico en las actuales circunstancias, pues una caída en los precios internacionales tendrá un menor impacto.

Lo mismo pasa con el efecto de la devaluación sobre la inflación. Cuando las economías son muy abiertas y el consumo depende de las importaciones, la depreciación de la moneda se transmite rápidamente a los precios. En el caso colombiano la devaluación, que en los últimos doce meses va en 31 %, no le ha pegado tan fuerte a la inflación. Para algunos analistas, en cierta forma esta es una economía con un mayor blindaje natural.

El hecho de que el dólar aumente sin que se convierta en inflación, es un colchón positivo y tranquilizador. Además de ayudar a moderar el impacto sobre las finanzas públicas, en el mediano plazo puede contribuir a estimular sectores como la industria y la agricultura, para que empiecen a asumir el liderazgo que han desempeñado los hidrocarburos en los últimos diez años.

Los analistas internacionales destacan el entorno macroeconómico colombiano. Los tres ejes principales: déficit fiscal, inflación y solidez del sistema financiero les dan tranquilidad. Aunque en el tema fiscal hay más dificultad por la caída del petróleo, la regla fiscal actúa como estabilizador; a pesar de la devaluación la inflación está controlada y no obstante los choques externos, el sistema financiero se mantiene sólido.

Por otro lado, en medio de esta difícil coyuntura internacional, Colombia tiene un mercado doméstico importante que ayuda a impulsar el barco de la economía. Como se sabe, la demanda interna pesa mucho y en este momento el país avanza en un programa de infraestructura de gran envergadura. Según los expertos, a partir de este año comienzan a sentirse los efectos positivos que tendrán los proyectos de cuarta generación (4G) sobre la economía.

Por supuesto, para que el momento económico se mantenga sin grandes sobresaltos es necesario que los flujos de capitales sigan llegando, y eso se logra con credibilidad y confianza. Solo una economía que muestre solidez podrá asegurar que los capitales lleguen a pesar del bajo precio del petróleo.

Todo dependerá también de cómo se haga la transición del modelo minero-energético a uno basado en el sector industrial y agrícola. Esta es una buena oportunidad para que Colombia muestre su capacidad para construir un esquema de desarrollo no tan dependiente de los precios del petróleo.

Ahora bien, aunque haya razones económicas objetivas que permiten pensar con optimismo que el país saldrá bien librado de este chaparrón internacional, es claro que necesita la confianza de todos los agentes. En psicología hay una expresión que se conoce como la profecía autocumplida, que consiste en que una predicción, una vez hecha, se convierte en sí misma en realidad. En materia económica, esta teoría tiene una connotación muy peligrosa, porque muchas crisis y quiebras se han desatado debido a expectativas negativas que cobran mucha fuerza. La gente empieza a pensar en una forma, por ejemplo que viene una crisis y al final la realidad les da la razón.

Ojalá que esto no ocurra en Colombia, y que la confianza, la palabra mágica, no se pierda. Como dijo el presidente Santos el jueves pasado en el congreso de Asofondos, las expectativas también son capaces de mover. O más aún, son las que verdaderamente mueven las economías.

“No hay que alarmarse”
El exministro José Antonio Ocampo, una de las voces económicas más autorizadas del país, afirma que crecer al 3 %, en la actual coyuntura internacional, no es un mal resultado. Así ve el panorama nacional.

Semana: Hay gente muy preocupada con la desaceleración de la economía. ¿Usted cómo está viendo el panorama para el país?

José Antonio Ocampo: Yo creo que lo normal es que haya una desaceleración. Me sorprende que esto no haya sido incorporado en las proyecciones que se hicieron el año pasado. Toda Suramérica se desaceleró y no solamente los países que tienen dificultades como Venezuela, Argentina o Brasil, sino también los casos de Chile y Perú. Era de esperarse que la nueva coyuntura internacional –sobre todo la fuerte baja en los productos básicos– se refleje en menos crecimiento de Colombia y en un aumento del déficit en cuenta corriente.

Semana: Crecer entre 3 y 3,5 % este año, como dicen los nuevos pronósticos, no pareciera tan malo frente a la realidad internacional. ¿Usted qué opina?

J. A. O.: Es bastante positivo. En un contexto de una economía latinoamericana que va a crecer al 1 %, hacerlo al 3 % es un buen resultado. Yo pienso que no debe dar lugar a alarmas.

Semana: ¿El Banco de la República debería preocuparse por frenar la inflación o impulsar el crecimiento?

J. A. O.: Yo creo que la última decisión de la junta directiva, de mantener la tasa de interés, fue apropiada. Pero pienso que en la medida en que se desacelere la economía, el Banco deberá bajar la tasa. Eso es lo que corresponde con las reglas anticíclicas que el propio Banco se ha fijado.

Semana: Para algunos analistas, el hueco fiscal ya no será de 12 billones de pesos como se dio en el presupuesto de 2015, sino mucho mayor. ¿Qué tan crítica se puede poner la situación fiscal?


J. A. O.: Puede que haya un pequeño desajuste adicional pero no creo que sea señal para decir que Colombia está al borde de un gran desequilibrio fiscal. Eso no creo que sea cierto.

Semana: El impacto de la caída del petróleo es grande sobre las finanzas del gobierno nacional, pero ¿no cree que la petrodependencia de algunas regiones tendrá consecuencias aún más graves, por ejemplo, de tipo social?


J. A. O.: No creo que haya mucho impacto en las regiones petroleras. Obviamente habrá menos inversión. Pero esa es una realidad que está ocurriendo en todo el mundo petrolero. Pero observe lo siguiente: la Cepal publicó recientemente un panorama fiscal de América Latina y si mira la dependencia de países minero-energéticos verá que en realidad Colombia es el menos dependiente. Aunque hay un impacto, es relativamente moderado, sobre todo este año. El efecto se puede aumentar en 2016. Además, el gobierno ya tomó la previsión de hacer unos cambios en las proyecciones fiscales, permitiendo que funcione el estabilizador automático de la regla fiscal y, por otra, previendo un aumento de otros ingresos para reemplazar la caída del petróleo. Reitero, no creo que haya razón para la alarma en materia fiscal.

Semana: Ahora con tasa de cambio favorable, las exportaciones deberían aumentar, pero no es así ¿por qué no se logra?

J. A. O.: Porque hay muchas circunstancias negativas. En primer lugar, una gran parte de las exportaciones no tradicionales se van a países vecinos y esas ventas están deprimidas por la coyuntura de la región. Segundo, porque en el caso de los productos agrícolas o mineros han caído los precios internacionales; y en tercer lugar, porque mucha de la capacidad productiva se deterioró o se acabó por la sobrevaluación del peso. En muchos sectores se tendrá que generar nueva capacidad productiva. Eso lo que demuestra es el inmenso costo que tuvo la sobrevaluación del peso colombiano. Ese es un tema sobre el cual algunos, como Mauricio Cabrera y yo, alertamos hasta el cansancio pero poco eco tuvimos en las autoridades.

Semana: Aunque el efecto positivo de la devaluación no es inmediato sobre las exportaciones, sí lo es el encarecimiento de las importaciones…

J. A. O.: Bueno, pero es lo normal. Usted puede verlo por el otro lado: estaban demasiado baratas las importaciones. Eso es lo que ocurría. Y por eso estaban compitiendo injustamente con la producción nacional. Ahora los productos nacionales van a poder competir en un terreno más justo. Yo reitero: la sobrevaluación era el gran problema macroeconómico de Colombia y afortunadamente esta coyuntura lo está ayudando a solucionar. Y creo que todavía es solo parcialmente.

Semana: La reforma tributaria estructural, de la que tanto se habla, pareciera ahora más urgente que nunca, ante la necesidad de aumentar el recaudo. ¿Usted qué opina?

J. A. O.: La reforma estructural es urgente desde hace muchos años. El sistema actual genera muchísimas inequidades por la magnitud de los huecos tributarios que hay. Por eso creo que es urgente llevar a cabo esta reforma, particularmente en esta coyuntura. Yo sinceramente creo que es una reforma que no se puede aplazar más.

Semana: Las últimas cifras de pobreza ratificaron que la brecha entre el campo y la ciudad no se está cerrando como se quisiera. ¿Qué falta?

J. A. O.: Ese es el tema que ya ha resaltado la Misión Rural en la que trabajamos. Hay que ponernos unas metas muy concretas de reducción de la pobreza en un plazo razonable. Hemos planteado un periodo de 20 años, que creo es un tiempo en el que la meta sí se puede cumplir. La paz va a requerir un gasto adicional sobre todo en las zonas rurales. La Misión Rural está trabajando para saber cuáles son las necesidades del campo y cuánto valen. No creo que se trate de cifras alarmantes. Si al sector rural se le invierte un punto del PIB adicional será muy bien utilizado.

Semana: Con la nueva coyuntura internacional, ¿cree que la Reserva Federal en Estados Unidos se tomará más tiempo para subir los intereses?


J. A. O.:
Hay mucha discusión al interior de la Reserva Federal, pero la posición que va a prevalecer es de una gran cautela. Por lo tanto en la medida en que los datos sigan siendo ambivalentes como han sido, yo creo que la FED se va a tomar más tiempo en comenzar a aumentar las tasas.
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