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| 9/10/2014 12:00:00 AM

Diez excusas distintas y un impuesto verdadero

Los últimos gobiernos han dado toda clase de argumentos para seguir cobrando el impuesto al patrimonio.

Los colombianos se alistan para meterse más las manos a los bolsillos con el fin de financiar los grandes gastos del Estado. Pero esta vez, como ha ocurrido en los últimos años, los motivos serán dirán diferentes. Ahora, la excusa es que se van a financiar gastos relacionados con la educación y para tener mayor equidad.

Y es que a lo largo de la última década los contribuyentes han escuchado toda clase de argumentos para cobrar este gravamen, que era inicialmente temporal pero como todos los demás impuestos llegó para quedarse indefinidamente.

El impuesto al patrimonio, que es complementario al del impuesto de renta cuya tarifa es del 33 por ciento actualmente, es un tributo que se creó en el país en 1935 y que a lo largo de los años se fue modificando hasta que terminó por perder su vigencia. En 2002 volvió a renacer pero más fortalecido. En ese año, la administración Uribe estableció un gravamen del 0,3 por ciento para los patrimonios superiores a los 3.000 millones de pesos.

La excusa que se utilizó en ese momento para cobrar este tributo era que el país necesitaba financiar los gastos que demandaba la lucha contra la guerrilla, por eso se denominó “impuesto para preservar la Seguridad Democrática”, aunque popularmente se conocía como impuesto de guerra.

Pero como el recaudo dio tan buen resultado se volvió a cobrar por partida triple para los años 2004, 2005 y 2006, también sobre patrimonios superiores a los 3.000 millones de pesos, que lo pagarían las empresas y las personas naturales.

Para calmar los ánimos de los contribuyentes que sentían que era una carga excesiva el gobierno insistió en que este era un impuesto temporal y que era el sacrificio que se tenía que hacer para lograr mayor seguridad en el país.

Pero la dicha no duró mucho. El gobierno Uribe comenzó a tramitar otra reforma tributaria para extender el cobro de este impuesto durante los años 2007, 2008, 2009 y 2010, con la nueva excusa de que había que fortalecer más a las fuerzas militares teniendo en cuenta que estaban arrojando buenos resultados la lucha contra la guerrilla. Pero el golpe fue mayor porque se comenzó a cobrar una tarifa del 1,2 % sobre los patrimonios superiores a los 3.000 millones de pesos.

Y cuando los contribuyentes pensaban que habían pagado su cuota de sacrificio en el año 2009, y también bajo el gobierno Uribe, pero en su segundo mandato, se aprobó otra reforma tributaria que extendía nuevamente el cobro del impuesto de los años 2011 al 2014, con una tarifa entre el 2,4 % y el 4,8 % para patrimonios superiores a 3.000 millones y 5.000 millones de pesos, respectivamente. Pero después fue modificado y se comenzó a cobrar a partir de patrimonios superiores a los 1.000 millones de pesos.

Además del argumento de que se fortalecería la seguridad en el país el gobierno afirmó que los millonarios recursos se destinarían, entre otras cosas, para atender a los desplazados, y al sector de la salud, que se encontraba en una aguda crisis financiera. Y cuando llegó el duro invierno del 2010 se habló de que con este impuesto se ayudaría a financiar los mayores gastos que dejaron las inundaciones.

Y ahora el gobierno del presidente Juan Manuel Santos anunció esta semana que tampoco eliminará este impuesto sino que lo cobrará por los próximos cuatro años con una tarifa del 2,25 %, sobre patrimonios superiores a los 750 millones de pesos. El argumento en esta oportunidad es que los recursos ayudarán a financiar la educación de los colombianos más pobres.

Lo cierto es que, independientemente de las excusas que dé el gobierno, los colombianos tienen que apretarse más el cinturón para la cascada de impuestos que se avecinan y que seguramente incluirán el aumento del IVA, uno de los temas más polémicos.

Y mientras tanto analistas de todas las tendencias le piden al gobierno que también haga un esfuerzo y se apriete el cinturón recortando gastos innecesarios y excesivos que pululan por todas partes y que controle más la corrupción y la evasión, dos venas rotas para el fisco. En los próximos días se sabrá de dónde vendrá el ajuste.
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