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| 1/14/1985 12:00:00 AM

IMPUESTOS DE ULTIMA HORA

A marchas forzadas pasó en el Congreso una parte del paquete fiscal que le dará al gobierno cerca de 100 mil millones de pesos.

Fue un final de suspenso, de esos que solo se encuentran en las más refinadas novelas de misterio. Cuatro días antes de que se cumpliera el plazo de las sesiones ordinarias del Congreso, los miembros de la corporación que, con su ausentismo y su desinterés habían aplazado por seis semanas la discusión del proyecto de financiamiento del déficit fiscal, iniciaron sorpresivamente un serio debate, en el cual se acabó aprobando una parte sustancial de las iniciativas. Aunque en el momento de escribir esta nota el proyecto de ley no había concluido su trámite reglamentario, ya parecía imposible que su paso se volviera a empantanar a última hora.
La "transformación" del Congreso le acabó arreglando un poco la cara al gobierno, después de que por un momento sus iniciativas parecieron condenadas al olvido. Con los antagonismos de la Convencióh liberal todavía vivos, el prospecto para una solución era muy limitado. Sin embargo, fueron los contactos políticos coordinados por el Presidente Betancur y el ministro de Hacienda, los que permitieron que la situación se enderezara. Para Junguito, lo obtenido constituyó un premio a una maratónica semana en la que el lunes se enfrentó a los banqueros de Nueva York (ver recuadro) para devolverse esa noche a Miami y tomar en la madrugada del martes el avión carguero de Avianca con destino a Bogotá.
Aunque no fue claro el motivo por el cual los parlamentarios cambiaron tan radicalmente en escasas 48 horas, los comentarios que se hacían tenían que ver con la supuesta aversión de los congresistas a una prórroga en las sesiones. Adicionalmente, el liberalismo levantó sus obstáculos al hacer explícito que salvaba toda responsabilidad política por la aprobación del proyecto, y que ésta debía recaer sobre el gobierno. Hechos tales compromisos, el debate se inició en forma el miércoles a las cinco de la tarde, cuando el ministro de Hacienda procedió a responder los cuestionarios que le habían hecho varios legisladores respecto a la política económica. Ya fuera debido a la hora o a las estrecheces del tiempo, la exposición del titular de la cartera fue calificada de "floja" por los asistentes al salón Boyacá del Capitolio Nacional. Contrario a lo que se creía, Junguito respondió vagamente y en forma elusiva la casi totalidad del cuestionario.
Una vez terminada la exposición del ministro, al día siguiente se inició la revisión de la propuesta de impuestos, siendo aplazada para el próximo enero una decisión sobre los cupos de emisión y la financiación del déficit mediante la venta de Títulos de Ahorro Nacional. Según los cálculos oficiales, el aumento en impuestos debe producir una suma cercana a los cien mil millones de pesos, cifra que reduciría el faltante fiscal a la mitad en 1985.
Dentro de los impuestos que más ampollas causaron, estuvo el propuesto por el senador Hernando Agudelo Villa,quien logró introducir una inversión forzosa en "bonos de financiamiento presupuestal" que deben cumplir las personas que este año hayan tenido una renta líquida superior a los dos millones de pesos. Mas controversia aún, origino la propuesta de eliminar la exención del IVA a varios artículos de consumo masivo, incluyendo las gaseosas cuyo precio es fijado por el Estado. Enfrentados a la posibilidad de tener que cargar por sí solos con un impuesto que no se puede trasladar al público, los industriales del área adelantaron una intensa campaña entre varios congresistas alegando la inconveniencia del tributo. Por último, los medios de prensa escritos criticaron arduamente el aumento en el arancel de aduanas, el cual cobijaría el papel periódico, sosteniendo que ello limitaría la libertad de prensa.
Si bien el paso de la iniciativa fue bastante rápido, los congresistas liberales aseguraron que para la segunda parte del paquete fiscal (la cual será discutida en la extras de enero) "la cosa será a otro precio". Concretamente, se le pide al gobierno que precise la cifra de los faltantes y se comprometa a adoptar una política de austeridad en el manejo del gasto público. Esta semana deben negociarse los aumentos salariales y la turbulenta situación laboral en el sector público, hace preveer que a menos que se le dé un manejo cuidadoso a la situación, será imposible mantener la meta de aumentos salariales del 10%. Tal como dijera un miembro del liberalismo oficialista, "ya hicimos nuestra parte y ahora el gobierno tiene que hacer la suya".

RINDIENDO CUENTAS
Tal cómo los aspirantes a actores que se pasean por Broadway con la esperanza de conseguir un papel estelar, los miembros del equipo económico estuvieron la semana pasada en Nueva York, buscando luz verde de los bancos privados internacionales, para abrirle a Colombia las compuertas del crédito externo. Después de
varios meses de tensión en los cuales se tuvo la impresión de que no había alternativa diferente a la de acudir al Fondo Monetario Internacional, el apoyo del Banco Mundial y el programa de ajuste adelantado por el ministro de Hacienda, parecen haberles suavizado el ceño a los adustos banqueros de Wall Street. En las incontables reuniones que se llevaron a cabo entre el lunes y el viernes anterior, los economistas del gobierno se encargaron de convencer a las instituciones de crédito que Colombia va por buen camino y sólo necesita una pequeña ayuda para salir al otro lado. El programa de visitas incluyó una exposición hecha por el ministro de Hacienda ante los representantes de 13 bancos extranjeros donde se hizo un boceto de la política económica "La acogida que tuvo la presentación fue excelente" comentó entusiasmado uno de los asistentes al evento, quien opinó además que los bancos "no hicieron reparos de fondo al plan para salir de la crisis". Otra persona consideró como un triunfo el que por primera vez "la idea del FMI no se mencionó como condición para el otorgamiento de los préstamos".
Pese a que las conversiones resultaron más duras de lo que se había anticipado, los economistas oficiales regresaron con la impresión de que los bancos han empezado a distinguir entre Colombia y el resto de Latinoamérica. Como se sabe, los bancos norteamericanos, en especial, no se han despojado de la "paranoia" que los invadió cuando se declaró la crisis de la deuda a finales de 1982. De tal manera, el hecho que el país haya sido escuchado, con la promesa futura de estudiar sus solicitudes de crédito, constituye uno de los triunfos más destacados de la actual administración en el campo económico.
Lo anterior no implica que ya todo está bien. Aunque es cierto que se avanzó notoriamente, todavía falta que se materialicen los préstamos requeridos. En el caso particular de proyectos que dependen de Ecopetrol o Carbocol se considera que hay muy buenas perspectivas, pero no se sabe a ciencia cierta qué tramite recibirán otras peticiones que no estén destinadas a proyectos específicos. Según parece, la prioridad número uno por parte del gobierno es conseguir la contrapartida para el préstamo por 300 millones de dólares que, con destino a la financiación de exportaciones, aprobó el Banco Mundial hace unos días. Sin embargo, miembros del equipo que viajó a Nueva York expresaron que en esta semana se adoptará un curso de acción más definido para comienzos del próximo año, incluyendo la posibilidad de un "mini grupo" de consulta a mediados de enero. Igualmente, se cree que los bancos se reunirán para ponerse de acuerdo y evaluar individualmente la visita de la delegación colombiana. Entidades como el Fondo Monetario y el Banco Mundial han seguido de cerca lo ocurrido y el viernes anterior recibieron en Washintong de parte del director de Crédito Público, Mauricio Cabrera, el reporte sobre los contactos entre Colombia y la hasta ahora esquiva banca internacional.
A finales de la semana se estaba recomendando la prudencia, y el comentario general en el gobierno era el de que hay que proceder con cautela. Con todo, la cara de tranquilidad de la delegación le dejó claro a varios observadores, que Colombia tuvo si principio de primavera, en vísperas de que comenzara oficialmente el invierno neoyorquino.
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