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| 8/8/2015 10:00:00 PM

El gran desafío para recuperar la industria

Empresarios lanzan estrategia para recuperar la industria. Estudio de la Andi dice que fue un error haberse concentrado solo en los TLC y eliminar el Ministerio de Desarrollo.

Esta semana los empresa-rios afiliados a la Andi se reunirán en Cartagena en su acostumbrada asamblea anual. En esta ocasión, la cita tiene una relevancia especial, no solo por los temas calientes de la coyuntura –como la desaceleración, los elevados impuestos y la devaluación del peso–, sino también porque desde hace rato se viene hablando de la falta de una política industrial moderna que le devuelva a la actividad manufacturera su peso dentro de la estructura económica del país.

Aunque en torno a estos puntos hay un amplio debate académico, con posiciones divergentes entre los economistas, en el fondo todos están de acuerdo en que, dada la difícil realidad petrolera por la caída en los precios del crudo, es importante que la industria se fortalezca para que el país cambie de modelo –hacia uno de mayores exportaciones no tradicionales– y se salga de la concentración minero-energética.

El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, dijo la semana pasada en Londres que Colombia se fijó la meta de duplicar las exportaciones no tradicionales de ahora a 2018, lo que ayudará a reducir el enorme déficit de la cuenta corriente, uno de los más altos que ha tenido el país.

Lograr este propósito implica un gran desafío, por lo que la asamblea de los empresarios será un buen marco para discutir estos asuntos. De hecho, el gremio presentará el libro Estrategia para una nueva industrialización que, además de incluir un diagnóstico sobre la actividad, contiene propuestas concretas sobre la estrategia de largo plazo que debe seguir el sector.

Pero antes de considerar este tema, hay que decir que el sector manufacturero no la está pasando nada bien. Los resultados de la última Encuesta de Opinión Industrial Conjunta (en la que participan varios gremios de la producción) reflejan el débil panorama que enfrenta la actividad. En los primeros cinco meses del año, hasta mayo, la producción disminuyó 0,6 por ciento; las ventas totales cayeron 2,4 por ciento y, dentro de estas, las que van al mercado interno disminuyeron 1,1 por ciento. Las exportaciones industriales se redujeron en 16,4 por ciento y la demanda de energía no regulada cayó 1,8 por ciento en dicho periodo, cuando un año atrás crecía 1,3 por ciento.

Si bien el actual desempeño de la manufactura se ha visto afectado por el sector de refinación de petróleo, la verdad es que los problemas vienen de tiempo atrás. Más allá del fenómeno coyuntural, es evidente el rezago de la industria en su crecimiento, lo que le ha hecho perder participación en el producto interno bruto (PIB). Hace un cuarto de siglo representaba el 21,2 por ciento; hace diez años la relación bajó al 15 por ciento y, según el Dane, en 2014 se redujo al 11,2 por ciento y en el primer trimestre de 2015 estaba en el 10,7 por ciento.

“La desindustrialización es un hecho real. Salta a la vista”, dice el exministro de Hacienda José Antonio Ocampo. En igual sentido se ha pronunciado el presidente de Anif, Sergio Clavijo, quien sostiene, además, que en términos de generación de empleo, la industria aportaba cerca del 25 por ciento hace tres décadas; hace una bajó al 23 por ciento, y actualmente solo contribuye con el 13 por ciento.
 
Para el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, el solo hecho de que la industria crezca al 1 por ciento y la economía en su conjunto al 4 por ciento demuestra un gigantesco rezago. “La industria cada vez pesa menos dentro de la economía, a pesar de haber sido la generadora de la mayoría de las cosas que hoy vemos”, afirma.

No todos están de acuerdo con la tesis de la desindustrialización. El exministro de Hacienda Rodrigo Botero, por ejemplo, asegura que este argumento se está utilizando para pedir más proteccionismo y, al mismo tiempo, comparte la hipótesis de quienes sostienen que dado que muchas empresas han tercerizado algunas de sus actividades (como el servicio de transporte, por ejemplo) esto le ha restado peso a la industria manufacturera en favor de la rama de servicios.

Sin embargo, aunque es cierto que la historia económica de los países muestra que en todo proceso de desarrollo la industria pierde un poco de participación ante el sector de servicios, para muchos expertos la realidad es que en Colombia el fenómeno ha sido más acentuado.

Varias razones explican este caso particular. Una de las más contundentes, en la que coincide la mayoría de los economistas, es la enfermedad holandesa, es decir, las consecuencias negativas de la llegada masiva de divisas a una sola actividad económica –en este caso, la minero-energética– en detrimento de otras como el agro y la industria, por la vía de la depreciación de la moneda. “Yo le doy un gran énfasis a la revaluación para explicar lo que ha venido sucediendo con la industria”, señala Ocampo. “La llamada enfermedad holandesa ayuda a explicar el proceso acelerado de desindustrialización”, anota a su turno Clavijo.

Lo grave del asunto es que el país está en el peor momento de la enfermedad holandesa, es decir, cuando el guayabo produce un fuerte dolor de cabeza. Por eso, aunque ahora el péndulo dio la vuelta y el peso se ha devaluado en casi un 50 por ciento en el último año,  no hay cómo disfrutar las mieles de un dólar a casi 3.000 pesos.

Según el presidente de la Andi, cuando el país nadaba en divisas el aparato productivo quedó muy golpeado, perdió competitividad y muchas empresas salieron del circuito del comercio mundial, y ahora enderezar el rumbo toma su tiempo. “A las empresas les pasa como a los bosques que se pueden tumbar en seis meses, pero para que crezcan el tiempo es infinitivamente mayor”, explica Mac Master.
Una de las hipótesis más controvertidas para explicar el estancamiento de la industria está planteada en el mismo estudio de la Andi. Según este, los tratados de libre comercio que ha firmado el país en las últimas tres décadas terminaron por desfavorecer al sector manufacturero.

Según esta tesis, que levantará ampolla entre los aperturistas, fue un error haberse concentrado exclusivamente en los TLC. El presidente de la Andi afirma que el orden lógico de las cosas hubiera sido desarrollar los sectores para volverlos potentes y luego sí buscar abrir los mercados. “Pero Colombia no solo se abrió al mundo, sino que además nunca se dedicó a hacer un sector industrial fuerte”, sostiene.

Siempre se dijo que una cosa traería la otra, es decir, que la apertura económica y de los mercados impulsaría el desarrollo industrial y económico. Y la verdad –afirma el gremio– es que todos los países que tomaron exclusivamente esa posición hoy son perdedores en términos del desarrollo industrial, como Colombia.

Las economías que abrieron sus mercados y al mismo tiempo fortalecieron sus industrias, como las asiáticas, ganaron en esa apuesta. “Colombia se la jugó por su lado y evidentemente las cosas no le salieron. Se tomaron medidas que privilegiaron el comercio exterior y se olvidó una fuerte política industrial”, dice Mac Master.

En esta corriente de opinión navega el exministro Ocampo, quien sostiene que los TLC sí han afectado a la industria. “Decir que la apertura genera crecimiento de la industria es tapar el sol con la manos”. Agrega que México, el primer país que firmó un tratado con un país desarrollado (el Nafta con Estados Unidos),  es una muestra palpable de que los TLC afectan la industria. Ocampo recuerda que tardó mucho tiempo para recuperar el crecimiento y que es el segundo país con menos dinámica de América Latina. Incluso Brasil, con todos sus problemas (hoy está en recesión), ha crecido más en los últimos 20 años que México.

En la otra orilla, otros economistas consideran que los TLC han impulsado al sector productivo. Para el excodirector del Banco de la República Juan José Echavarría, el comercio en realidad industrializa y como prueba sostiene que los países que más crecen en el mundo son los más abiertos y que Colombia es una economía aún muy cerrada.

Rodrigo Botero también defiende el modelo que ha seguido el país en los últimos años, y reconoce que a las empresas que han mostrado capacidad para competir internacionalmente les ha ido bien. “En la medida que el país se abre a la economía internacional, unos sectores productivos progresan, otros tienden a marchitarse”, anota.

Una estrategia ganadora

Aun para quienes cuestionan los TLC, es claro que la intención del país con estos mecanismos no era destruir la industria. El problema fue que la estrategia debió complementarse con una política sectorial más potente.

Y precisamente, cuando se habla en términos de política industrial, el debate se calienta. Hay quienes sostienen que, bajo este argumento, muchos sueñan con volver al proteccionismo de los años sesenta.

Sin embargo, las propuestas para una estrategia de largo plazo no sugieren ir en ese sentido. La Andi afirma que su idea es adoptar una política industrial moderna, sin desconocer los esfuerzos que hoy están haciendo los diferentes programas del gobierno, pero que estos han sido insuficientes.

Una estrategia, según el documento gremial, es responder a la pregunta de cómo hará Colombia para moverse en el mundo actual. En este orden, dice que hay grandes oportunidades en campos que aún no se han desarrollado. Por ejemplo, Colombia podría jugar un papel protagónico en la agroindustria. Para el presidente de la Andi, el país tiene que decidir si quiere desarrollar la altillanura para producir una gran cantidad de materias primas que sean transformadas en otros países, o mejor montar las plantas acá para alimentar al resto del planeta con productos que dejen valor agregado en el país.
Además de solucionar los problemas de competitividad (los impuestos por ejemplo) y las fallas de mercado, los empresarios sugieren construir entre todos una política industrial que busque insertar a Colombia en la cadenas de valor mundial. La idea es que el país se vuelva un jugador importante dentro de los grandes aparatos manufactureros o de servicios del mundo.

Para ello se requiere entender muy bien el mapa de producción global. Qué ventajas y desventajas tienen los países, cuáles son los productos que van a salir al mercado, y buscar cómo participar en esa dinámica del consumo. El país debe ponerse como meta producir cosas de gran valor.

Una de las ventajas más notables de la economía de Colombia es el tamaño de su mercado. Es el tercero de América Latina con 46 millones de personas y con una clase media en crecimiento. Ese activo no se puede regalar, dice el presidente de la Andi. Por eso hay que buscar que más empresas produzcan desde acá y no solamente que vengan a traer los productos.

Otra forma de revitalizar la industria es el encadenamiento local. Una fórmula en la que se viene trabajando con el gobierno es tratar de que las empresas que hacen grandes compras, tipo Ecopetrol o el mismo Ministerio de Defensa, tengan dentro de sus proveedores a las compañías locales. Es decir, que la industria nacional sea una pieza fundamental en ese andamiaje.

Cuando se toca el punto de política industrial, Ocampo afirma que fue un error haber juntado los ministerios de Industria y Comercio. “Preferiría uno de industria, con su propia política y que no se le mida su éxito por el número de tratados que firme”. En esto coincide el presidente de la Andi, quien sostiene que cuando se eliminó el Ministerio de Desarrollo se subordinó toda la política industrial al de comercio exterior.

Entre tanto, el exministro de comercio Jorge Humberto Botero refuta este argumento, pues afirma que los intereses de la industria no quedaron postergados por los del comercio exterior.

En síntesis, el desafío industrial es inmenso y hay muchas tareas pendientes. El presidente de la Bolsa de Valores, Juan Pablo Córdoba, dijo la semana pasada que “el país necesita señales claras de largo plazo que le permitan a los empresarios y a los inversionistas pensar en sus proyectos de cinco y diez años, al margen de la coyuntura actual de los precios del petróleo y la devaluación del peso, si queremos no frenar la economía”. Esto empieza por un sistema tributario más competitivo. Otro paso fundamental, según Córdoba, es trabajar por industrializar el campo, para lo cual además hay que resolver los problemas de la tenencia de tierra en la altillanura, para hacer del agro un gran negocio, lo cual no se resuelve solo con devaluación del peso.

Los empresarios, en general, también están conscientes de que es hora de intensificar la tarea comercial, esto es volver a conquistar los clientes que perdieron durante el prolongado periodo de revaluación, cuando muchos salieron del mercado por menor competitividad.

Más que un rosario de quejas, los industriales están haciendo un llamado para que todos se pellizquen y para que, bajo el liderazgo del gobierno, el país entienda los beneficios que trae un aparato productivo fortalecido. “Ya hicimos el duelo, dice Mac Master, ahora es el momento de poner manos a la obra”.
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