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| 11/9/2013 4:00:00 AM

Reingeniería a la inversión en el campo

En 2014 el gobierno destinará 5 billones de pesos al agro, un sector que necesita mejor diseño de los subsidios y aliviar las cargas de los cultivadores.

El gobierno nacional envió la semana pasada un mensaje muy claro a los productores del agro: vendrán millonarios recursos para impulsar el sector pero como contrapartida se requieren grandes esfuerzos para mejorar la competitividad del campo y hacer una revisión a fondo de la política de subsidios.

“Necesitamos urgentemente mejorar la productividad. Ese debe ser nuestro nuevo mantra”, dijo el presidente, Juan Manuel Santos, en el cierre del Congreso Nacional Agrario que durante dos días deliberó sobre el futuro de este sector. Debate de gran coyuntura no solo por las protestas campesinas sino porque constituye uno de los temas centrales de la agenda de negociación de paz entre el gobierno y las Farc. 

Por eso las medidas que se adopten serán cruciales para definir el nuevo rumbo que tomará el campo, abandonado durante décadas y con un nivel de pobreza superior al 50 por ciento.  A lo anterior se debe añadir un conflicto armado que ya lleva medio siglo y una precaria preparación para afrontar la competencia internacional. 

En Colombia el agro es clave para la economía y estratégico para la seguridad. Para la economía, porque puede convertirse en una gran despensa alimentaria, y para la seguridad, porque el conflicto armado tiene sus raíces en la desigualdad y la exclusión del campo frente al progreso. 

Para impulsar el sector el gobierno tiene listos 5 billones de pesos para 2014, una cifra histórica. De esa partida 3,1 billones serán recursos extraordinarios que se aportarán con los recaudos del 4 por mil, un impuesto que se debía acabar el año entrante pero que se prolongó para apoyar el sector. 
 
El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, afirma que esta será la semilla para comenzar a ver los frutos en el agro. Pero no es suficiente. Por lo menos se necesitarán otros diez años con giros millonarios sostenidos para que el sector se vuelva más productivo. Es decir, habrá que definir no solo cómo se financiará el apoyo al campo sino también su papel crucial en la etapa de posconflicto.

Vendrá una discusión sobre nuevos impuestos y en este tema la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) ya dio un primer paso al pedir que se deje permanente el 4 por mil.

Pero el otro debate clave y actual es sobre el uso que se les dará a esos recursos para que marquen la diferencia. En diciembre, a instancias del Pacto Nacional Agrario, gobierno, gremios y los representantes de las regiones y de los campesinos acordarán cómo se repartirá esta torta. 

Eso no será una tarea fácil porque muchos sectores aprovecharán para tratar de sacar la mejor tajada, más cuando todavía está latente la amenaza de nuevos paros por parte de los movimientos de ‘dignidades campesinas’ que consideran que el gobierno no está cumpliendo con todo lo prometido.  

El gobierno tiene claro el camino. El Ministerio de Hacienda  quiere que se distribuya más equilibradamente entre las regiones y los cultivos y no darles más subsidios a los que amenacen o griten más. 

El ministro de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde, por su parte, va más allá porque afirma que  los subsidios al agro no pueden ser permanentes y que más que otorgar ayudas directas estas partidas se deben orientar a la inversión pública en el sector como distritos de riego, innovación tecnológica, infraestructura vial, asistencia técnica y titulación de predios, entre otros.

“Colombia es uno de los países de América Latina que tiene los mayores subsidios al agro y estos no se ven reflejados ni en mayor crecimiento del sector, más productividad o mayores exportaciones”, asegura el funcionario.

Hoy, de los recursos estatales que van para el agro, más del 90 por ciento consiste en  ayudas directas. Esta destinación es contraria a lo que ocurre en Chile, Argentina o Perú, donde cerca del 50 por ciento de la plata oficial se destina a inversiones en bienes y servicios públicos. 

Esta última estrategia se ha traducido en mejores resultados. Mientras Perú registró un  incremento del 15 por ciento en sus exportaciones agrícolas en las últimas dos décadas, y en Brasil y Chile crecieron el 9 por ciento, las exportaciones colombianas apenas aumentaron el 3 por ciento en ese periodo.
 
En los últimos tres años se han entregado subsidios al agro colombiano por cerca de 4 billones de pesos, y los cafeteros son los más beneficiados, pues han recibido una tercera parte. Les siguen los sectores ganadero, algodonero, arrocero y los productores de maíz, entre otros. Pero el área cultivada no ha aumentado y se mantiene en 4 millones de hectáreas, es decir, apenas el 30 por ciento de lo que debería estar sembrado.

Productividad cafetera
Para la muestra un botón, el café. Juan José Echavarría, director de la Misión de Estudio para la Competitividad de la Caficultura Colombiana, presentó la semana pasada, a título personal, algunas de las líneas generales del informe que prepara un grupo de expertos, cuyas conclusiones se conocerán el próximo año. 

Sin embargo, el diagnóstico del sector cafetero coincide con este panorama general del agro. Echavarría dice que el problema central de la caficultura colombiana es la baja productividad, a pesar del aumento de este año. Después de producir cerca de 14 millones de sacos anuales en las décadas del setenta y del noventa, se bajó a menos de 10 millones. Mientras tanto, otras naciones sacaron una gran ventaja, como Vietnam y Brasil. 

En Colombia el costo de producir una tonelada de café es casi el doble que en otras naciones de América Latina.  Obviamente hay una coyuntura adversa por los mejores precios internacionales y, además, la revaluación ha hecho mucho daño al sector.

Echavarría considera que para lograr una mayor productividad en el sector se requiere un vuelco en muchas políticas. Una de ellas es  sembrar café robusta, como lo hacen Brasil o Vietnam, fomentar una mayor competencia entre los productores y las regiones cultivadores, y fortalecer a las asociaciones de productores para que puedan exportar de manera directa.

Pero más allá del tema de competitividad y productividad de ese sector económico, también es esencial hacer una valoración de la cohesión social y del papel que ha jugado la Federación de Cafeteros, que se ha convertido en un ejemplo en el país.

Los caminos por seguir
Si en la antigua joya de la corona del agro llueve, en el resto de los sectores no escampa. Frente a este panorama, los representantes de los gremios consideran que no se puede meter en un mismo saco a todos los productores agrícolas. Hay unos cultivos más tecnificados que otros, hay grandes diferencias entre los de ciclo largo y los de ciclo corto, así como factores que van en contra de una mayor productividad como los altos costos de los insumos y los fertilizantes, la falta de vías, la revaluación del peso y el contrabando.  

Pero el campo está dispuesto a dar la discusión porque considera que esta es la oportunidad que ha venido reclamando por décadas para que se le dé el tratamiento que corresponde, y le pide al gobierno que elimine los grandes cuellos de botella, asociados a la ausencia de una verdadera política agraria de Estado. 

El presidente de la SAC, Rafael Mejía, dice que falta más capacitación, asistencia técnica y revisar la política de importaciones de productos agropecuarios que, a julio de este año, llegó a 9,8 millones de toneladas, un 11,7 por ciento más que un año atrás. 

“Los subsidios nacen cuando los costos de producción son más altos que los precios de venta”, sostiene Mejía, quien dice que otro de los graves problemas por resolver es la inseguridad jurídica de las tierras, como el caso de la Orinoquia. 

El diagnóstico del agro está listo. Dos meses después de lanzado el Pacto Nacional por el Agro y el Desarrollo Rural ya está trazada la hoja de ruta por seguir. Ahora falta ver si el campo se convierte de verdad en una de las locomotoras que jalonará la economía.
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