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| 2/26/2001 12:00:00 AM

Inversiones en USA

Malas noticias: este año no va a ser tan bueno como los tres últimos. Las perspectivas de desaceleración complican el panorama para los ahorradores de todo el mundo.

En un mercado volátil como el actual hay que andar con pies de plomo para tomar decisiones de inversión. Los asesores financieros recomiendan cautela y señalan que para dormir tranquilo no hay nada mejor que una cartera bien diversificada, con un sesgo conservador: más bonos que acciones con predominio en las de rendimiento fijo. La variabilidad de los mercados ha puesto como tema obligado seguir de cerca los movimientos de las bolsas de Wall Street, especialmente después de la caída del rimbombante índice Nasdaq, del que forman parte las empresas de la nueva economía.

Fueron tantas las cosas que sucedieron en 2000 que pronto se echaron por tierra todas las proyecciones hechas a principios de año, cuando Internet se mostraba como la panacea que cambiaría definitivamente la forma de hacer negocios y que llevaría a la opulencia a los primeros en llegar. Era la época en que había que correr y cualquier idea conseguía rápidamente financiación para ponerse en marcha. Los inversionistas no hacían demasiadas preguntas sobre temas tan obvios como los ingresos o la rentabilidad. En los mercados las empresas de Internet o tecnología comenzaban a subir como la espuma, con valoraciones que se acercaban a las de compañías con años de trabajo y gestión a sus espaldas. Muchos de los emprendedores que habían puesto en marcha los proyectos comenzaban a aparecer entre los listados de los multimillonarios y eran vistos como el ejemplo a seguir.

Sin embargo detrás de muchos de estos planes de negocios no había nada sólido y, aunque lo hubiese, lo que se estaba cotizando era un futuro: algo que entonces no existía. En abril empezaron a aparecer las primeras empresas con problemas de liquidez para pagar las nóminas y comenzó a descubrirse que muchos negocios se habían montado sobre la utopía. Las empresas reconocieron sus fallas de gestión y los inversionistas huyeron despavoridos de estos valores. Empezaron las quiebras de empresas que no cambiaron sus objetivos a pesar de valer la mitad y los despidos se convirtieron en la tónica general.

Desde entonces las acciones de empresas de tecnología e Internet, que hace unos meses eran de obligada apuesta en las carteras, desaparecieron de muchas de ellas. El Nasdaq perdió 50 por ciento de su valor. Y, para completar, la subida del precio del petróleo, la larga incertidumbre electoral estadounidense y la creciente subida que durante los primeros 11 meses experimentaron las tasas de interés, tanto en Europa como en Estados Unidos, terminó en una situación completamente caótica que tiene a más de uno pensando en que la desaceleración de la economía más grande del mundo no será el anunciado ‘aterrizaje suave’ sino un frenazo en seco.

Un dato es ilustrativo: Estados Unidos tuvo en 2000 un déficit de cuenta corriente próximo a 430.000 millones de dólares. Esto significa que sus importaciones de bienes y servicios superaron ampliamente sus exportaciones. Este enorme déficit, superior al 4 por ciento del PIB, había sido financiado en buena parte por las bolsas y, en general, por la nueva economía, que atraía enormemente los flujos de capital europeos y japoneses. Pero hoy la situación ha cambiado y, con el porrazo del Nasdaq, puede venir la huida de los inversionistas internacionales y con ella la recesión estaría entonces a la vuelta de la esquina.

Por lo pronto la Reserva Federal estadounidense ha iniciado su tratamiento de choque anti-recesión con una bajada de medio punto en los tipos de interés que ha sido recibida con euforia en las bolsas. Alan Greenspan ha bajado su pulgar para que el precio al que su institución presta dinero a las entidades financieras se abarate en medio punto, del 6,5 al 6 por ciento. No es que sea una maravilla pues en la zona euro las tasas están al 4,75 por ciento y en Japón al 0,50, pero sirve para que las empresas endeudadas tengan un respiro. Incluso no tendría nada de raro que hubiera nuevas correcciones. “A la Fed aún le queda margen para bajar otro medio punto las tasas de interés. Eso creemos y eso esperamos”, asegura Amy Auster, analista de Chase Manhattan Bank en Nueva York.

¿Y ahora que?

Frente a este escenario lleno de incertidumbre la pregunta que se hacen los ahorradores de todo el mundo es: ¿dónde invierto mi dinero? De la respuesta a esa pregunta están ahora mismo pendientes multimillonarias carteras de inversión, planes de negocio de cientos de miles de empresas y millones de proyectos de consumo e inversión de ciudadanos anónimos. Después de cerrar el peor ejercicio bursátil de la década los ahorradores grandes y pequeños han comenzado el año en medio de nuevas turbulencias sin saber si vender, asumiendo las pérdidas y olvidarse de la Bolsa o mantener la esperanza de que la sensatez, unida con las decisiones de la Reserva Federal, logre el ansiado rebote.

Con este antecedente prima, pues, la cautela para 2001. Prudencia y conservatismo parecen ser las claves para este año. Quizá por ello la recomendación generalizada es que se vuelva a las inversiones tradicionales, como instrumentos de renta fija, que tienen una rentabilidad definida al momento en que se toma la inversión. “Esta opción no garantiza dividendos espectaculares pero si lo que se quiere es ser cauteloso aquí por lo menos no perderá mucho dinero si la situación de mercado se complica”, asegura Alberto Bernal, economista de la firma Idea de Nueva York.

Por su parte Mauricio Rodríguez, director del diario de economía y negocios Portafolio, cree que ya es muy tarde para invertir en bonos pero que aún se está a tiempo para hacerlo en acciones, especialmente de aquellas ligadas a la economía industrial. “Yo les apostaría a las empresas que conforman el Dow. Particularmente a aquellas de consumo masivo como Procter & Gamble que, a pesar de haber sufrido tanto el año pasado —perdió 50 por ciento de su valor— poseen marcas muy poderosas, las cuales tienden a comportarse bien en épocas de recesión”. Así mismo recomienda aquellas que combinan elementos de la nueva con la vieja economía, como la de la fusión AOL-Time Warner.

En lo que coinciden la mayoría de los analistas es en poner sus energías en sectores como el de la salud o el de la biotecnología, que el año pasado mostró crecimientos hasta del 1.200 por ciento en algunos casos. “La biotecnología ha sido prácticamente un remanso de paz inmune a la crisis. Al lado de las empresas de Internet, que han tenido una caída media del 50 por ciento en sus cotizaciones, las compañías dedicadas a la investigación médica y farmacéutica se han convertido en las reinas de los mercados: solamente el año pasado salieron 73 nuevas empresas de este tipo a la Bolsa, las cuales consiguieron más 40.000 millones de dólares”, afirma Auster, del Chase Manhattan.

Los inversionistas que les apostaron a las biotecnológicas han tenido revalorizaciones promedio de 72 por ciento frente a los de tecnología, que han acabado en su mayor parte en números rojos. Sin embargo en los últimos días han empezado a saltar las alarmas: los valores biotecnológicos han comenzado a caer en las bolsas. En sólo cuatro semanas las empresas del sector que cotizan en el Nasdaq han tenido un descenso de 20 por ciento y muchos analistas no auguran que esta tendencia se vaya a frenar de manera inmediata. “Al igual que las empresas de la Red, estas compañías requieren enormes inversiones de capital para ponerse en marcha y los beneficios no aparecen de manera inmediata. Como en Internet, lo que cotiza es un futurible”, afirma Robert H. McBride, vicepresidente en Latinoamérica de la firma Seligman Advisors, para quien de todas maneras vale la pena seguirle apostando a sectores tan valiosos como el de Internet y las nuevas tecnologías“A partir de ahora se analizarán todas las compañías bajo los criterios tradicionales y esto dará lugar a que se depuren los sectores y sólo queden las empresas sólidas”, afirma McBride.

No se trata, pues, de que este año vaya a ser negro. Pero nadie tiene certeza de cuándo mejorarán las perspectivas. Si bien durante 2001 pueden darse grandes oportunidades de inversión en Estados Unidos, la pregunta es cuándo y por cuánto tiempo.
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