Domingo, 26 de octubre de 2014

| 2013/03/07 09:00

Jaime Gilinski: el ‘billonario’ número 613

Así hizo su fortuna el colombiano que debutó en la lista 'Forbes’.

Jaime Gilinski Foto: Alejandro Acosta / Revista Dinero

La lista ‘Forbes’ con los hombres más ricos del planeta tiene este año una particularidad para Colombia. Por primera vez, cinco nacionales hacen fila en el grupo de los multimillonarios con fortunas superiores a los 1.000 millones de dólares –corte que usa la prestigiosa revista para su clasificación–. Se trata de Luis Carlos Sarmiento Angulo con un patrimonio de 13.900 millones de dólares (puesto 64); Alejandro Santo Domingo Dávila con 11.700 millones (82); Carlos Ardila Lülle con 5.400 millones (225); Jaime Gilinski Bacal con 2.400 millones (613) y Woods Staton con 1.100 millones (1.268).


La verdad es que los tres primeros no son gran novedad pues Sarmiento y Santo Domingo, de tiempo atrás hacen parte de esta lista y Ardila, si había dejado de aparecer durante algunos años, se debió a la metodología usada por la revista, y no porque no clasificara. Una vez corrigieron este factor, volvió al ranking. Por su parte, Staton, el hombre de los Arcos Dorados (las hamburguesas McDonald’s), ya había debutado en esta publicación en 2011.


Quien realmente ha sorprendido este año ha sido Jaime Gilinski, un banquero de 55 años, nacido en Cali y muy recordado en el país porque a mediados de los años noventa protagonizó una audaz operación financiera para quedarse con el control del Banco de Colombia.


Aunque su patrimonio comenzó a crecer de la mano de los negocios industriales de su padre Isaac Gilinski, quien llegó al país hace más de 80 años y fundó en Cali empresas como Plásticos Rimax y Productos Yupi, la verdad es que su fortuna se ha disparado en los últimos diez años.


Gilinski ha sabido aprovechar el buen momento de la economía colombiana que en la última década ha crecido a una tasa promedio de 6,7 por ciento. Pero también su mentalidad empresarial lo ha llevado a encontrar oportunidades para hacer dinero en otras partes del mundo. 


Puede decirse que el nuevo multimillonario siempre ha tenido un pie en Colombia y otro en el extranjero. Después de graduarse del Georgia Tech y estudiar un MBA en Harvard en 1980, el joven Gilinski consiguió un trabajo en Morgan Stanley, en la sección de fusiones y adquisiciones. En 1987 regresó a Colombia para trabajar en los negocios de la familia. 


Pero en agosto de 1991 empezó a escribir su historia en el sector financiero. Con su padre decidió lanzarse a una arriesgada aventura: el salvamento –en una operación que costó entonces unos 13 millones de dólares– de la filial colombiana del Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI), entidad que a nivel mundial se vio envuelta en un gigantesco escándalo de lavado de dinero. Esta operación le permitió aplicar lo que había aprendido en Estados Unidos. El aspirante a banquero reestructuró la entidad, la transformó y la llamó Banco Andino. En tres años casi cuadruplicó sus activos. Un año más tarde, padre e hijo decidieron vender la entidad, con lo que generaron utilidades cuatro veces superiores a la inversión.  


Con este exitoso negocio, Jaime Gilinski sintió que estaba a punto de graduarse de banquero de inversión, pero realmente conseguiría el título en 1994 al comprar la institución financiera más grande del país: el Banco de Colombia. Con escasos 36 años, logró obtener el apoyo de unos 80 inversionistas internacionales, para recoger aproximadamente 375 millones de dólares y adquirir el 75 por ciento del Banco de Colombia, que era propiedad de la Nación. El primer banco de Holanda, el ING, y el prestigioso Barclay’s Bank de Inglaterra, le extendieron una especie de crédito puente. Por esta estrategia financiera muchos comentaron en su momento que Jaime Gilinski había comprado el Banco de Colombia con la cédula. Pero realmente lo que había hecho era demostrar su habilidad como estructurador financiero. “No se trataba de conseguir un crédito que luego fuera imposible pagar, sino de diseñar un esquema de banca de inversión para conseguir una buena parte de los recursos”, dijo en su momento a esta revista.


Los siguientes cuatro años de esta compra fueron de transformación y crecimiento para el Banco de Colombia. Pero en diciembre de 1997, Jaime Gilinski y el Grupo Empresarial Antioqueño –dueño entonces del Banco Industrial Colombia, BIC– llegaron a un acuerdo mediante el cual fusionaron los dos bancos. La operación fue tasada en su momento en unos 415 millones de dólares.


Pero lo que se anunciaba como uno de los negocios más grandes en la historia financiera del país, se convirtió en el pleito más largo y costoso del sector privado. El Grupo Antioqueño y Gilinski se enfrentaron durante una década en tribunales dentro y fuera del país. Las diferencias se originaron en el valor de las acciones del BIC en el mercado internacional, que incidieron posteriormente en la relación de intercambio con las del Banco de Colombia. La batalla duró hasta que en 2010 pusieron fin a las diferencias y disputas judiciales.


Durante los años de este pleito, la familia Gilinski se alejó del sector bancario colombiano y concentró sus inversiones en el exterior a través de la firma Gilex Holding B.V. Como en el póquer, Isaac y su hijo Jaime sabían que cuando las cartas no están buenas es preferible parar. Y a finales de los noventa el sistema financiero colombiano cayó en una terrible crisis.


Una vez pasó la tormenta y la economía presentó mejores perspectivas, los Gilinski decidieron que era hora de volver al ruedo. Fue así como en 2003 a través de Gilex Holding adquirieron el Banco Sudameris de propiedad del grupo italiano Intesa. Se estima que Jaime Gilinski no pago más de 10 millones de dólares por esta entidad. Nuevamente aplicaron la fórmula de las anteriores compras. El Sudameris dio un giro y se convirtió en lo que es hoy, uno de los bancos más eficientes y sólidos de Colombia. Después, Gilinski adquirió la red de cajeros automáticos Servibanca, que se ha triplicado en diez años pues de 600 unidades pasó a 2.000 en 450 municipios.


Siguió persiguiendo su sueño de ser un gran jugador financiero y, en 2004, hizo la tercera compra en línea al adquirir por un valor estimado en 32 millones de dólares el Banco y la Fiduciaria Tequendama, entidades que pertenecían a Credicorp, uno de los mayores grupos financieros del Perú. 


Las compras continuaron. El GNB Sudameris adquirió el control de Suma Valores una firma comisionista de Bolsa y se conformó de ese modo el Grupo GNB Sudameris, al que Gilinski se ha dedicado a fortalecer, pues le ha inyectado en los últimos años 250 millones de dólares al patrimonio.


Pero está visto que la estrategia de Gilinski va mucho más allá. El año pasado GNB Sudameris pagó cerca de 400 millones de dólares por la operación del HSBC en Colombia, Perú, Uruguay y Paraguay. Los activos adquiridos en los cuatro países –con 62 sucursales– totalizan 4.400 millones de dólares. Con esta movida, que todavía no se ha cerrado del todo, el Banco Sudameris pasará a ser una entidad multilatina. A través del holding Gilex, el grupo completo tiene 12.000 millones de dólares en activos, con operaciones también en Panamá, Islas Caimán, y Miami, a través del Banco JGB, antes Eagle National Bank.


Pero si en la banca los negocios han crecido, en el sector de la propiedad inmobiliaria la apuesta es aún más agresiva. Gilinski es socio estratégico del London & Regional Panamá, una compañía de finca raíz que adelanta un ambicioso proyecto de desarrollo en la antigua Base de la Fuerza Aérea Howard en Panamá, en una concesión de 40 años. 


Se trata del proyecto multifacético llamado Panamá Pacífico, cerca del Canal, donde habrá bodegas, modernos edificios de oficinas y hasta un aeropuerto. Panamá Pacífico está destinado a ser mucho más, pues entre los planes está construir 20.000 propiedades residenciales, desde casas para bajos ingresos hasta hogares de lujo con vista al océano Pacífico. Hasta ahora, han invertido 250 millones de dólares. Se cree que el valor del proyecto terminado podría superar los 10.000 millones de dólares.  


Jaime Gilinski está conformando un poderoso grupo global. No sería extraño que este egresado de Harvard, que lleva varios años soñando con hacer grandes negocios de banca de inversión dentro y fuera del país, próximamente dé un salto mucho más arriba del puesto 613 en que lo ubicó Forbes. 

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