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| 9/17/2001 12:00:00 AM

Jaque a las obras

Los seguros son un obstáculo cada vez mayor para los grandes proyectos de infraestructura.

En los Ultimos dias tres importantes proyectos de infraestructura en el país han tropezado con el obstáculo de los seguros. El asunto empezó a salir a flote en las semanas previas al cierre de la licitación del túnel de La Línea, cuando los empresarios interesados en participar manifestaron que no habían podido conseguir las pólizas exigidas por el Invías para cubrir los riesgos de la obra. Días después ocurrió algo similar con la licitación que se abrió para construir una nueva troncal de Transmilenio en Bogotá —la de la calle 13—, y más recientemente con la concesión vial que diseñó el gobierno para rehabilitar y mantener la carretera entre Zipaquirá y Bucaramanga.

Estas dificultades pusieron a sufrir a los funcionarios del gobierno y a los contratistas e inversionistas interesados en sacar adelante las obras. Por un momento se llegó a creer que, por cuenta de las famosas pólizas, los bogotanos se iban a quedar sin una nueva línea de Transmilenio y los colombianos sin túnel y sin nuevas concesiones viales. Un temor que se acrecentó el pasado 28 de noviembre cuando se frustró la licitación del túnel de La Línea debido a varias razones, una de los cuales fue que nadie consiguió los seguros.

Pero las noticias de los días siguientes fueron mejores. La troncal de Transmilenio se salvó a última hora cuando tres de las empresas concursantes lograron obtener sus respectivas pólizas, aunque otras tres firmas interesadas se quedaron por fuera al no conseguir los seguros. Con la concesión de la vía Zipaquirá-Bucaramanga ocurrió algo similar el miércoles pasado al vencerse el plazo para recibir las propuestas. Hubo dos compañías que adquirieron sus pólizas en el último momento y otras dos que no lo lograron.

De manera que el resultado final no fue tan trágico. Se salvaron dos de los tres proyectos, contra los pronósticos de los mismos aseguradores. No obstante el suspenso que acompañó las licitaciones y el hecho de que varias empresas se hayan quedado por fuera puso al descubierto un problema de fondo que hay en el país con la contratación de grandes proyectos de infraestructura.

La turbulencia

En las obras de gran tamaño lo usual es que las aseguradoras nacionales se apoyen en las compañías internacionales de reaseguros. “Pero en los últimos meses éstas se han endurecido por las experiencias que han tenido con los sucesos del 11 de septiembre”, dice William Fadul, presidente de Fasecolda, el gremio de los aseguradores colombianos.

Los expertos explican que a raíz de las pérdidas astronómicas que han tenido recientemente las reaseguradoras internacionales éstas han empezado a poner unas condiciones mucho más estrictas antes de asumir riesgos en países como Colombia.

“En el caso de la troncal de Transmilenio se logró conseguir el reaseguro porque el monto de la inversión era relativamente bajo y el plazo no era tan largo. Pero la dificultad para reasegurar obras más grandes sigue siendo prácticamente insuperable”, afirma un vocero de la Agrícola de Seguros, la compañía que expidió las pólizas para este proyecto.

Y es que, mientras esta troncal demanda una inversión cercana a los 4,3 millones de dólares y la concesión Zipaquirá-Bucaramanga 27 millones de dólares, el túnel de La Línea cuesta nada menos que 267 millones de dólares. Por eso no sorprende que de los tres proyectos haya sido éste último el único para el que no se pudieron conseguir los seguros.

Los aseguradores afirman que es difícil adquirir pólizas para proyectos de más de cinco años, pues las compañías de reaseguros han reducido la duración de sus pólizas como mecanismo de defensa en los actuales tiempos de turbulencia. Pero el contrato de La Línea, por ejemplo, tiene una vigencia de 14 años. No obstante en el pasado se han conseguido seguros para concesiones viales —incluida la reciente de Zipaquirá-Bucaramanga— con plazos muy superiores a los cinco años.

El pulso

Las dificultades que han enfrentado últimamente por cuenta de las pólizas no sólo se deben a la crisis en el mercado mundial de reaseguros. También hay un pulso entre aseguradores y gobierno por las reglas de juego de la contratación de las obras.

A las compañías de seguros les gustaría que las pólizas se pudieran fraccionar de acuerdo con la etapa de cada proyecto. En el caso de una concesión, por ejemplo, que hubiera una póliza para la etapa de construcción y otra distinta para la operación, y no una sola para las dos, como ocurre en la actualidad. De esta manera el plazo de las mismas sería menor y por lo tanto serían más fáciles de lograr.

Sin embargo desde el punto de vista del Estado esta solución tiene sus problemas. El más obvio es que, culminada una etapa de un proyecto, no se encuentre seguro para la siguiente y todo quede en el aire. Nada garantizaría en ese caso que los proyectos iniciados lleguen a feliz término.

El problema de los seguros, en todo caso, seguirá latente. Para el próximo año están programadas algunas obras que demandan inversiones gigantescas, como las concesiones Bucaramanga-Santa Marta o Bogotá-Buenaventura, y el mismo túnel de La Línea —que volverá a licitarse—. La posibilidad de no poder conseguirles los seguros es real. Por eso gobierno y aseguradores buscan salidas por estos días para un problema que no es de poca monta, pues lo que está en juego es la capacidad misma del país para embarcarse en grandes proyectos de infraestructura.
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