Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/12/22 00:00

JET SET

Julio Mario Santo Domingo, Luis Carlos Sarmiento Angulo y Carlos Ardila Lülle están cambiando de avión. Nunca antes hubo tanto movimientoen el mercado de jets ejecutivos en Colombia.

JET SET

El domingo 19 de octubre aterrizó en el aeropuerto El Dorado, en Bogotá, un Gulfstream V, el avión ejecutivo que se ha convertido en el sueño dorado de los empresarios del mundo. Llegó a Colombia para una demostración de dos días. Tiempo corto pero suficiente para que lo vieran las poquísimas personas que se pueden dar el lujo en Colombia de comprar un avión que pelado vale 32 millones de dólares y con todos los fierros 40 millones. A la demostración estaban invitados funcionarios de la Presidencia de la República, del Ministerio de Defensa y de la Fuerza Aérea. Y un empresario: Luis Carlos Sarmiento Angulo. Solo que, a diferencia de los demás, Sarmiento no quería mirar el avión, quería 'medírselo', pues había encargado uno para él y estaba pendiente de que en la fábrica le cumplieran el pedido.Las órdenes en el mundo entero ascienden a 70, y entre ellas hay dos de colombianos: Sarmiento y Julio Mario Santo Domingo, quien quedó un poco más abajo en la lista de espera. Los dos industriales ya eran poseedores de un G-IV, el mejor avión que existía hasta el momento. Pero como en estas materias hay que estar a la última moda, decidieron dar el salto. Santo Domingo está tan familiarizado con este mundo que es miembro de la junta directiva de la Gulfstream. Oficialmente no hay ningún pedido por parte de los dos magnates colombianos. A una solicitud de SEMANA la Gulfstream Aerospace Corp., empresa fabricante de la aeronave, aseguró que no ha recibido ninguna orden expresa de Colombia para producir el avión. Pero varias personas, cercanas a los dos industriales, confirmaron a esta revista que los dos están en las listas del reducidísimo club de empresarios que volarán el G-V en los próximos años. Lo que sucede es que los aviones no estarán registrados a su nombre ni al de alguna de sus empresas en Colombia. Es más, en términos legales _aunque estarán permanentemente a su servicio_ ellos no serán los propietarios de los aparatos. Como tampoco lo son hoy de los G-IV que utilizan para viajar por el mundo. Luis Carlos Sarmiento tiene su avión registrado en Estados Unidos y Santo Domingo en Barbados.La razón es que, en materia de aviación _tanto comercial como privada_, la modalidad de adquisición que se usa en el país desde hace varios años es el leasing _o arrendamiento con opción de compra_ hecho a nombre de empresas domiciliadas en el extranjero. Entre otras cosas porque para registrar un avión en Colombia hay que pagar un arancel del 15 por ciento y un IVA del 60 por ciento, lo que fácilmente duplica su valor. Y eso, en un avión como el G-V, que cuesta casi 40 millones de dólares, hace una gran diferencia. El rey de los cielosEl Gulfstream V es el más potente y moderno de los aviones ejecutivos y la única competencia que tiene a la vista es el Global Express, un aparato que se está fabricando en Canadá y que debe salir al mercado el año entrante. Viajando a una velocidad muy cercana a la del sonido el G-V permite volar de Nueva York a Tokio, sin escalas, en menos de 15 horas y en medio de las mayores comodidades que pueda ofrecer un avión de su clase.Esa es una de las razones por las cuales ejecutivos como Sarmiento y Santo Domingo, que utilizan en la actualidad el G-IV _un avión de 25 millones de dólares con toda clase de comodidades_, quieren pasarse al G-V. Pero no es la única. Además de ser más espacioso y de poseer lo último en tecnología de navegación _es 24 por ciento más aerodinámico y eficiente que el G-IV_ da mayores facilidades para incluir en el terminado final detalles que son muy importantes para los grandes ejecutivos, como un baño privado para los pilotos, por ejemplo. La realidad es que cada G-V es una pieza única, pues la empresa fabricante pone a disposición del comprador un equipo especial de diseñadores para adaptar el avión a su gusto personal. Para la 'decoración' el comprador puede elegir entre una amplia gama de maderas, sedas, pieles y acabados (níquel pulido, plata cromada y oro de 24 quilates). Y puede adaptar la cabina para lo que quiera: una espaciosa galería, una amplia cocina, regadera, área de conferencias, camarote o área de descanso para la tripulación. Después de cuatro años de trabajo, y una inversión estimada en 800 millones de dólares, el G-V salió al mercado en diciembre del año pasado _el primero lo adquirió la multinacional de licores y entretenimiento Seagram Co. para su propietario, el multimillonario Edgar Bronfman_ y desde entonces se han producido unos 20 aviones. Los pedidos, sin embargo, han crecido y es difícil que un nuevo comprador pueda tener su aeronave antes del año 2000. No en vano el G-V es considerado como el avión del siglo XXI. Un avión definitivamente muy distinto a los primeros que llegaron a Colombia hace casi 20 años.

Los primeros jets
Julio Mario Santo Domingo fue el primer empresario en traer un jet al país a comienzos de los años 80. Se trataba de un Westwind II, con capacidad para ocho pasajeros y un alcance de unos 4.000 kilómetros, más que suficiente para volar en Colombia pero con grandes limitaciones para vuelos internacionales. Como dato curioso, cuando Santo Domingo y Carlos Ardila Lülle eran socios en Avianca, llegaron a compartir el Westwind durante un tiempo. Pero rápidamente quedó claro que ninguno tenía temperamento para tener copiloto y cada uno acabó con su avión propio. Con el tiempo Santo Domingo terminó reemplazando el de él por un Gulfstream-II, el cual fue cambiado rápidamente por no llenar los requisitos. Carlos Ardila Lülle, en cambio, conserva todavía el Westwind de él, que es operado formalmente por la compañía de su propiedad Ingenio del Cauca. Dadas las evidentes limitaciones del aparato, sin embargo, Ardila también está pensando en cambiar de avión. Y lleva ya varios meses estudiando la mejor opción. El objetivo de Ardila es ingresar a 'las grandes ligas'. Para ello está pensando en adquirir un avión de largo alcance. Y la opción que parece tener mayores probabilidades en este momento es un Falcon 900 de la compañía Francesa Avions Marcel Dassault, cuyo precio es superior a los 20 millones de dólares. El Falcon es un avión que clasifica en la categoría de jets grandes y tiene un alcance de más de 7.000 kilómetros.

Herramienta de trabajo
Pero los movimientos en el mercado de jets ejecutivos no se reducen a 'los grandes cacaos'. Además de los tres industriales mencionados hay en Colombia un grupo de empresarios _incluidos varios de sus propias organizaciones_ que se mueven en el mercado de los Jets medianos y pequeños. No por lujo, sino por necesidad, pues tanto para los primeros como para los segundos el avión se ha convertido en una herramienta indispensable de trabajo. A estas alturas resulta difícil pensar en los presidentes de los grupos económicos parqueados en un aeropuerto, esperando un avión de línea y buscando conexiones entre ciudades con el fin de asistir a sus juntas directivas. El tiempo de los ejecutivos es muy valioso y por eso casi todos los grupos importantes del país tienen su propio jet. Y cuando no lo tienen recurren al sistema de 'tiempo compartido' o utilizan aeronaves de menor valor. Santo Domingo y Sarmiento _además de sus aviones personales_ disponen de aviones jet para el desplazamiento de sus ejecutivos. El Grupo Bavaria opera un Cessna Citation III, con una autonomía de vuelo de cinco horas, equivalente a un viaje entre Bogotá y Washington. El avión cuesta entre cinco y siete millones de dólares, está registrado en Barbados y permanece a disposición de Augusto López. Los ejecutivos de la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, por su parte, disponen de dos Westwind II registrados en Estados Unidos.
El resto de la flota
El otro de 'los cuatro grandes', el Sindicato Antioqueño, tiene a su disposición un Learjet 55, perteneciente al grupo de los jets medianos, con un alcance ligeramente superior al del Citation III. El avión pertenece a Central Charter de Colombia, una empresa de la cual son socios, además, Carvajal S.A. de Cali y el Grupo Corona de Medellín, la cual fue creada para sacarle kilometraje comercial a los aviones utilizados por los socios y asegurar su mantenimiento y servicio. Central Charter nació con el nombre de Aeroejecutivos y hasta hace poco operaba tres naves: el Learjet al servicio del Sindicato y dos Westwind I, uno a disposición de los Carvajal y otro de los Echavarría, del Grupo Corona. Recientemente la empresa vendió el Westwind al servicio de los Echavarría y adquirió un Cessna Citation II, que será comercializado por el sistema de tiempo compartido, con el Grupo Corona como uno de sus primeros compradores. Los aviones de Central Charter son arrendados en algunas ocasiones por otras compañías. Entre sus clientes están la British Petroleum, Ecopetrol y la Federación de Cafeteros. Una hora de vuelo de un Westwind vale 1.800 dólares y una de Learjet 1.900 dólares. Los jets también son utilizados a menudo para emergencias médicas. Las naves de Central Charter tienen la capacidad de convertirse en ambulancias, con unidad de cuidados intensivos incluida. Isaac y Jaime Gilinsky, propietarios del Banco de Colombia, que está en proceso de fusión con el Banco Industrial Colombiano, tienen a su disposición un Cessna Citation III, registrado en Estados Unidos, que fue adquirido hace dos años. La principal base de operaciones del avión es Fort Lauderdale, aunque utiliza los servicios administrativos y de parqueo de Central Charter cuando está en Bogotá. La reducida flotilla de jets utilizados por ejecutivos colombianos la complementan un Learjet 35A, modelo 1981, de Gustavo Aponte, un importante empresario del sector de plásticos, y dos Cessna Citation II pertenecientes al Ministerio de Defensa y a la empresa Helitaxi. En los próximos meses llegará al país, además, un Beechjet 400, adquirido por la empresa Transtel, del empresario vallecaucano Gonzalo Caicedo. El Beechjet es un jet pequeño con un alcance de unos 3.100 kilómetros y con un precio que puede oscilar entre 2,5 y cuatro millones de dólares. Pero así como hay empresarios que están comprando o cambiando de avión, hay otros que los han vendido en los últimos años. Es el caso del grupo Sandford, que vendió hace dos años su Learjet 35A con el fin de mandar una señal de austeridad a todos sus empleados; de Pedro Gómez Barrero, que vendió el año pasado su Westwind I, y de Hernando Caicedo, que vendió recientemente su Cessna Citation II. Además del Westwind I que usaban los Echavarría y que fue vendido hace poco por Central Charter de Colombia.

Todavía en pañales

Hechas las sumas y las restas, la flota de jets ejecutivos en Colombia no llega a 15 aeronaves. Y ese sigue siendo un número muy reducido. Sobre todo si se piensa en la dinámica que ha tenido el mercado de dichas aeronaves en el campo internacional en los últimos años. Según la National Business Aircraft Association de Estados Unidos _NBAA_, el tamaño de la flota de jets ejecutivos en el mundo se ha cuadruplicado en los últimos 20 años. A finales de 1996, de acuerdo con las cifras de la NBAA, había un total de 8.801 jets ejecutivos en el mundo. La mayor parte de ellos _cerca de 6.000_ estaban en Estados Unidos. Pero, en términos relativos, la flota internacional ha venido creciendo más en los últimos años que la de ese país. La venta anual de jets nuevos llegó a su punto más alto en 1981, cuando se colocaron 500 aeronaves. Desde entonces se ha mantenido estable entre 200 y 250 unidades nuevas por año. En Venezuela, se calcula que hay unos 250 jets ejecutivos. Y de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos _de acuerdo con las listas anuales de la revista Fortune_ 235 operan por lo menos un jet (el 60 por ciento son propietarias de jets medianos y pequeños mientras el otro 40 por ciento opera un jet grande). Eso quiere decir que prácticamente la mitad de las empresas que figuran en la lista de Fortune tienen un jet a su servicio. En Colombia sólo un puñado de industriales son propietarios de estas aeronaves, cuya funcionalidad y utilidad para recorrer el mundo de los negocios es cada día más evidente. Aparte de lo que representan como imagen en el competido escenario mundial, donde cada día se aplica más la versión modernizada del adagio: 'Dime en qué vuelas y te diré quién eres'.
Sólo hay 70 órdenes por un G-V, entre ellas dos colombianasn Cada G-V es una pieza única, decorada al gusto de su propietarion Santo Domingo y Ardila llegaron a compartir avión cuando eran socios en Avianca¿Un lujo costoso? hasta hace pocos años ser dueño de un jet ejecutivo en Colombia era visto como un lujo innecesario. Cada vez es más claro, sin embargo, que el avión privado no sólo es una herramienta de trabajo sino que ofrece muchas ventajas: seguridad, flexibilidad, privacidad, maximización en el uso del tiempo, prestigio y eficacia para las relaciones públicas, entre otras.Según las estadísticas los jets ejecutivos son más seguros para volar que las aeronaves comerciales. De acuerdo con el Business Aviation Fact Book 1997, en 1996 la rata de accidentes de jets ejecutivos en Estados Unidos _donde se concentra el mayor número de estos aviones_ fue de 0,14 por 100.000 horas de vuelo, mucho más baja que la de cualquier otro medio de transporte. El avión privado puede salir a cualquier hora, sin depender de conexiones aéreas y otras variables, y cambiar el itinerario durante el vuelo si se considera necesario. Y no sólo reduce el tiempo que se gasta normalmente en los aeropuertos _chequeo y recolección de maletas, entre otros_ sino que brinda un ambiente propicio para la reflexión y el trabajo durante el tiempo de viaje. Pero tantas ventajas tienen su precio. El costo de operación de un avión depende de un gran número de factores, y por eso es difícil generalizar. Pero de acuerdo con las cifras publicadas por algunas empresas especializadas del sector, el costo promedio por hora de operación de un Cessna Citation II _el avión más común en Colombia_ puede ser de 820 dólares; el de un Learjet 35A de 900 dólares la hora; el de un Cessna Citation III de 1.000 dólares la hora y el de un Gulfstream IV de 1.600 dólares. Dado que los jets privados colombianos vuelan un promedio de 300 horas por año _muy por debajo del promedio de Estados Unidos, que es de 430 horas anuales_ mantener un jet ejecutivo en el país puede costar de 300 a 600 millones de pesos anuales. La mayoría de los conocedores del sector coincide, sin embargo, en que dicha cifra _a pesar de lo elevada_ puede ser muy inferior al ahorro que logran las empresas, no sólo en gastos de viaje sino, y sobre todo, en tiempo de sus ejecutivos.

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