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| 4/20/2017 1:03:00 PM

José Alberto Vélez recuerda a Nicanor Restrepo

El ex presidente Grupo Argos asegura que en momentos de incertidumbre como los que vive el país extraña a quien fue uno de los grandes líderes del empresariado. Capítulo de un libro en homenaje a su vida.

El gran empresario
Por: José Alberto Vélez Cadavid

En momentos de incertidumbre, hacen falta personas que nos guíen con bondad y lucidez. En momentos en que el ambiente se llena de ruido de quienes opinan creyendo
que tienen siempre la razón, nos hacen falta personas que busquen la armonía y la concordia. En momentos en los que las instituciones pierden de vista su objetivo de fomentar sociedades más humanas, nos hacen falta líderes que nos recuerden que primero, y por encima de todo, debe primar la dignidad de la persona y del ciudadano. Por eso extrañamos tanto a Nicanor Restrepo Santamaría, un empresario único en la historia de nuestro país que nos mostró que trabajar incansablemente por la concordia y la dignidad humana no reñía con las actividades propias de las empresas privadas; por el contrario, son parte fundamental de su razón de ser.

Quienes lo conocimos de cerca y tuvimos el placer de trabajar a su lado, comprendimos que la función del empresario es regir con disciplina, responsabilidad, transparencia y sentido humano los destinos de una organización. Así lo veíamos en el día a día, en las múltiples posiciones ejecutivas que ocupó, siendo la más notable la presidencia de Suramericana que ejerció durante veinte años, de 1984 a 2004. Así lo vimos también cuando se desempeñó en cargos públicos, donde aplicó los mismos valores para cumplir con la responsabilidad que le hubiera sido encomendada, o cuando era consultado sobre temas trascendentales como la paz de Colombia, siempre dando sus puntos de vista con sinceridad y un amplio compromiso con la nación. Todos los que conocimos a Nicanor no dudamos de su gran sentido político para visualizar las problemáticas, manejar todos los temas dentro del diálogo, del convencimiento de las ideas, teniendo como única arma la palabra, sin usar la fuerza y sin violencia. Era infatigable en eso.

A Nicanor lo motivaba enormemente el conocimiento, el gusto por aprender cosas nuevas siempre. Por eso nunca vio que el término de su carrera profesional fuera un final o una condena al "ocio contemplativo", como él mismo le decía (Restrepo, 2003: 3). Por el contrario, al jubilarse en 2004 optó por realizar estudios de maestría y doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, donde los culminó en el año de 2008 y presentó su tesis Empresariado antioqueño y sociedad, 1940-2004, publicada
por la Universidad de Antioquia por primera vez y recientemente reeditada. Era un intelectual, por encima de cualquier otra denominación, no uno perdido en el mundo de las abstracciones, sino uno comprometido con la realidad de la sociedad en la cual vivía y que tuvo en la dirección empresarial un vehículo perfecto para compartir sus ideales y contagiar con su entusiasmo a sus colaboradores.

En efecto, para Nicanor siempre fue clara la función social de la empresa en cuanto a su íntima relación con el devenir de la sociedad y la influencia que puede alcanzar para beneficiar a sus grupos de interés. En ese sentido, Nicanor nos demostró que las empresas deben y pueden ser sensibles a las necesidades del ser humano y un apoyo para el desarrollo de iniciativas útiles para la sociedad, con visión de futuro y de conjunto, yendo mucho más allá de la mera generación de utilidades financieras. Ese ha sido uno de sus grandes legados: mostramos que, además de rentables, eficientes y visionarias, las empresas son un eslabón indispensable para la construcción de una sociedad en paz.

En ese mismo sentido, nos demostró que los empresarios ocupan una posición privilegiada en la sociedad por sus habilidades para administrar y planear que, utilizadas de manera ética y en beneficio de lo público, pueden ser determinantes para alcanzar en la construcción de sociedades más democráticas y justas. Por ejemplo, como empresario, Nicanor fue un gran activista en organizaciones como Proantioquia, entidad que permite que el empresariado antioqueño como un todo interactúe con el gobierno para la generación de proyectos productivos y sociales, o como la Andi, gremio cúpula de las empresas del país. Junto con el conocimiento y el placer por aprender, la paz de Colombia fue una obsesión para Nicanor. Decir que le cabía el país en la cabeza, no es exagerado. Entendía nuestra nación a la perfección y la veía como un todo. Y dentro de ese complejo panorama de nuestra sociedad, siempre vio a la empresa privada como uno de los motores primordiales de la democracia.

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Esta comprensión de las problemáticas más sensibles de Colombia viene de la formación que Nicanor recibió en su casa, en especial de su padre, Juan Guillermo Restrepo Jaramillo, quien siempre le inculcó la importancia de la ética y la responsabilidad social, ya fuera en la esfera pública o privada. Su padre había sido concejal de Medellín, alcalde de la ciudad, ministro de Agricultura y de Desarrollo Económico y en el sector privado se había desempeñado como presidente de A vianca. Fue para Nicanor un modelo del ejercicio de un liderazgo influyente y constructivo, actitud que marcaría su vida, caracterizada por el poder de convicción y la importancia del bien común por encima de cualquier ambición o beneficio personal.

Este interés nato por lo social se profundizó cuando en los años setenta Nicanor fue nombrado como vicepresidente administrativo de la Caja Agraria por José Vicente Vargas, presidente en ese entonces de la entidad. Las actividades propias del cargo obligaron a Nicanor a recorrer casi toda la geografia nacional para inaugurar las oficinas que se abrían en los municipios más lejanos, experiencia que lo acercó a la realidad de las personas en las diferentes regiones. Nicanor siempre tuvo un extraordinario don de gentes y sencillez, lo que le facilitaba generar rápidamente empatía con personas de todo nivel u origen.

Luego de un par de años en esa tarea, Nicanor pasó a gerenciar por un periodo corto una empresa del gobierno llamada Emcoper (Empresa Colombiana de Perecederos) cuya misión era poner en funcionamiento una red de frío en el país para el transporte de alimentos y que tenía sede en Bogotá. Esta entidad, paradójicamente, tuvo una vida muy corta y desapareció poco tiempo después del retiro de Nicanor, motivado por la propuesta que recibió para asumir la gerencia general de la inmobiliaria Ospinas y Compañía, también en la capital del país.

Mientras tanto, en Medellín, a finales de esa década, se estaban dando cambios importantes en la estructura de propiedad de las empresas antioqueñas. Se empezaba a conformar lo que algunos periodistas denominaron como "Sindicato Antioqueño" (Res trepo, 2016: 28 7), alianza entre la Compañía Nacional de Chocolates, Suramericana de Seguros y Cementos Argos que tuvo como objeto hacer un cruce accionario entre las tres organizaciones como medida para defenderse de la toma hostil que estaban haciendo otros grupos empresariales, interesados en hacerse a la propiedad de las empresas antioqueñas emblemáticas, mediante la compra masiva de sus acciones. Las tres empresas mencionadas se convirtieron en accionistas entre sí, conformando el germen de lo que hoy se conoce en el país como Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), sin que esta
sea una denominación formalizada o jurídica.

Por la misma época, en Suramericana de Seguros se estaba planteando quién sucedería en la presidencia a Jorge Molina ante su jubilación, luego de haber desempeñado ese cargo durante veinte años con gran responsabilidad, transparencia y altura ética. Guillermo Moreno, hombre también con una larga trayectoria en la organización, se desempeñaba como vicepresidente financiero, era el sucesor natural de Jorge Molina y en efecto fue elegido como sucesor.

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Estos cambios en la cabeza de la empresa pusieron de relieve para la junta directiva la necesidad de vincular personas nuevas en la organización. Fue así como les llamó la atención la carrera que venía desarrollando Nicanor, cuya experiencia, relaciones y recorrido por empresas en Bogotá les parecía interesante. En esta coyuntura se dio el ingreso de Nicanor a Suramericana y al gea, siendo su primer cargo, en 1976, la gerencia de la Corporación Agrícola Industrial, una filial recién adquirida que tenía como propósito financiar créditos para actividades agrícolas. Esta corporación fue la semilla de Corfinsura, que a la postre se fusionó con Bancolombia. En 1979, Nicanor fue nombrado como vicepresidente financiero de Suramericana, en reemplazo de Guillermo Moreno, y se trasladó a vivir tiempo completo a Medellín, requisito exigido por la junta directiva. Se cuenta que el doctor Molina le dijo a Nicanor, "usted va a trabajar en una organización donde todos los días del año se duerme en almohada de plumas, no en almohadas de piedras y ningún empleado será jamás violentado para que cambie los dictados de su conciencia" (Jiménez, 2015), con lo cual quería decir que ningún empleado debería ir en contra de su ética para cumplir con su deber. Esta máxima fue aplicada por Nicanor durante toda su carrera.

En 1982 Nicanor asumió la dirección de la Corporación Financiera Nacional, luego de la renuncia de José Gutiérrez Gómez, conocido en el medio empresarial antioqueño como "Don Guti". En esa época, Suramericana y el Banco Industrial Colombiano (BIC) tenían una participación importante en la Corporación Financiera Nacional, una de las tres financieras más grandes del país, junto con la Corporación Financiera Colombiana ( con sede en Bogotá) y la Corporación Financiera del Valle (con sede en Cali).

Quise destacar estos pasos para ayudar a comprender que Nicanor, antes de llegar al cargo de presidente de Suramericana por el cual alcanzó mayor notoriedad tanto en el gea, en el país como en el exterior, tuvo una formación profesional clave para lo que sería su trascendental gestión al frente de Sura.

En 1983, el Presidente de la República, Belisario Betancur, llama a Nicanor para que asuma la Gobernación de Antioquia, ante la crisis que desató la renuncia de Álvaro Villegas Moreno. En esa época los gobernadores y alcaldes eran designados por el presidente de la República y no eran cargos de elección popular, como se estableció a partir de la Constitución Política de 1991. Eran cargos de libre nombramiento y remoción, sin sujeción a un periodo de tiempo fijo, razón por la cual se podía prever que era un cargo temporal. Tampoco era extraño en la tradición política de Colombia que el primer mandatario nombrara como funcionarios públicos del orden nacional o regional a personas que provinieran del sector privado; tampoco era novedoso el desplazamiento de empresarios hacia el sector público, en particular en Antioquia más que en otras regiones, como el mismo Nicanor lo explica en su tesis doctoral (Restrepo, 2016: 141 ).
Ejemplo de ello había sido el propio padre de Nicanor, empresario y político, entendiendo este último término en su más amplia acepción de participación en los asuntos públicos y no como una actividad con fines electorales o de concentración de poder. Ni el doctor Juan Guillermo ni Nicanor tuvieron ambiciones partidistas, cuotas burocráticas o aspiraciones electorales: los motivaba la posibilidad de ayudar y poner su formación al servicio de la nación, de la misma manera como muchos empresarios lo habían hecho a lo largo de la historia del país. Nicanor acepta la designación, previa consulta con la Junta Directiva de Suramericana y con su presidente, pues iba en concordancia con su ética y era una oportunidad de aportar al bienestar general de Antioquia en un momento determinante para la región.

Comienza así una etapa profesional de Nicanor muy especial, breve e intensa, como funcionario público, que inició el 21 de enero de 1983 y finalizó el 26 de abril de 1984. Un mes después asumiría la presidencia de Suramericana. No obstante, siempre siguió vinculado a tareas de mucha confianza y responsabilidad, como la de ser Alto Comisionado de Paz también en la administración de Belisario Betancur, o en casi todos los gobiernos siguientes como un aliado que desde el sector privado aportaba consejos, ideas y toda su energía en procura de una paz negociada en Colombia. Ejemplo de ello fue su participación directa como Comisionado de Paz durante el gobierno de Andrés Pastrana para acordar la agenda de conversaciones con las farc, junto con otros ilustres colombianos. Acompañé como secretario privado a Nicanor en la Gobernación de Antioquia y nuestra relación laboral fue continua hasta su retiro de la presidencia de Suramericana en 2004. Al frente del departamento constaté que él era un lector e intérprete excepcional de las situaciones del país. Fueron dos décadas durante las cuales compartimos muchísimos espacios, tertulias, desafíos y retos. Fue un tiempo maravilloso en el que nuestra amistad se hacía también cada día más profunda, entrañable, franca, alegre, cariñosa, y así se mantuvo siempre hasta el día en que Nicanor falleció, el 14 de marzo de 2015.

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Estudiante por naturaleza

Conocí a Nicanor cuando éramos jóvenes, aunque nunca fuimos muy cercanos seguramente por los nueve años de edad que nos separaban. En el Colegio San Ignacio fui compañero en los dos últimos años del bachillerato de sus hermanos Carlos E. y Guillermo, dos de los trece de quienes Nicanor era el mayor. Con Carlos E., además, estudiamos al mismo tiempo la carrera de Ingeniería Administrativa en la Facultad de Minas. Nuestras familias eran vecinas en el barrio Prado, tradicional sector de Medellín, donde todos nos conocíamos y había relaciones amables entre las personas.

En la universidad tuve más contacto con Nicanor cuando él fue profesor de una materia llamada "Mercadeo I", cátedra a la cual renunció cuando se le presentó la oportunidad laboral de trasladarse a Bogotá para trabajar en la empresa Celanese Colombiana S.A., mucho antes de ingresar a la Caja Agraria e iniciar el camino que ya hemos recordado. En su paso por Celanese, ocurrió un evento que marcó mucho a Nicanor relacionado con su preocupación por el aprendizaje continuo y quizás con su decisión de cursar algún día estudios superiores de posgrado.
Una de las motivaciones que tuvo Nicanor para trasladarse a Bogotá a trabajar en esa multinacional, antes de cumplir los treinta años de edad y recién casado, había sido la promesa de que el jefe estadounidense que lo contrató le había hecho de que Celanese lo apoyaría para viajar a Estados Unidos a estudiar una maestría. Sin embargo, al poco tiempo, hubo un cambio en la empresa y el nuevo director, también norteamericano, le dice a Nicanor que no es posible cumplir lo que le habían dicho con el argumento de que lo necesitaban en Colombia y no afuera. "/ need you here, not there", fue la única razón con la que se frustró algo muy importante para Nicanor en ese momento: estudiar una maestría en el extranjero. Esto me lo contó tiempo después en alguna de las largas conversaciones que tuvimos.

La idea de realizar estudios formales de posgrado se postergó y luego, entre las responsabilidades propias de la familia y de los cargos que empezó a desempeñar, entre todas sus actividades, se fue difuminando pero nunca se apagó del todo. No obstante, Nicanor nunca dejó de estudiar y de aprender por su cuenta, era algo innato, pero el placer de Nicanor siempre tuvo en mente que los profesionales valen más por su experiencia, conocimiento del mundo y visión de largo plazo que por estar sentados en un escritorio cumpliendo con tareas operativas.

Su experiencia, sin duda, influyó en su su empeño en que el Grupo Sura apoyara a los ejecutivos de todo el gea que quisieran estudiar en el exterior, mediante convenios como el que se suscribió con la Fundación Fullbright y que ha permitido que muchos empleados realicen estudios de maestría y doctorado manteniendo su vinculación con las empresas. De la misma manera, con el convenio que existió con la empresa italiana Tipiel para capacitar ingenieros colombianos, o con el Instituto Tecnológico de Monterrey (tec) para el acceso a programas virtuales de especialización y maestría.

Nicanor siempre tuvo en mente que los profesionales valen más por su experiencia, conocimiento del mundo y visión de largo plazo que por estar sentados en un escritorio cumpliendo con tareas operativas. Si Nicanor no veía la actividad empresarial ajena al devenir político y social de la sociedad, tampoco la concebía desligada de la academia y de la investigación; este fue otro de sus legados para los empresarios de Colombia.

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Los veinte años que Nicanor estuvo al frente de la Suramericana fueron trascendentales para sentar las bases
y consolidar al gea actual, formado por Grupo Sura, Nutresa y Grupo Argos. Podríamos decir que Suramericana fue su gran obra como empresario y desde allí irradió para las otras organizaciones una luz que guio a sus presidentes y juntas directivas hacia sus propios procesos de reorganización, consolidación, innovación e internacionalización. Nicanor fue la persona que representó en esas dos décadas los ideales y valores del gea tanto en los ámbitos gremiales nacionales e internacionales, como en las relaciones con el Estado y sus instituciones. Como hemos señalado, nunca lo hizo motivado por intereses personales, sino con el ánimo de congregar a las mayorías en torno del bienestar y la concordia.

Nicanor fue quien consolidó con su liderazgo lo que se ha llamado el "enroque o cruce accionario" entre las empresas del gea, alianza que ha subsistido durante tres décadas gracias a la consolidación de unos valores que subyacen a las tres organizaciones, unen a los ejecutivos que las dirigen e identifican a quienes trabajan en ellas en todos los niveles. Nicanor percibió muy rápido que era indispensable imprimir una nueva dinámica a las empresas del gea y en general a las colombianas.

Visión internacional

La economía nacional de los años setenta y ochenta estaba marcada por un fuerte proteccionismo estatal y las compañías se enfocaban en satisfacer únicamente al mercado interno. En ese periodo de mediados de los años ochenta hasta mediados de los noventa, lo más usual en general en Colombia era que las empresas invirtieran sus excedentes en otras empresas. En el caso del gea, las tres empresas llegaron a invertir en doce sectores diferentes de la economía mediante la compra de acciones de compañías preexistentes. Otra era la idea que tenía Nicanor en su mente, pues para él resultaba más interesante y con mejores perspectivas invertir en generar nuevas empresas. Él promovió esta idea tanto en el seno del gea como entre otros empresarios de Antioquia; en el caso de Suramericana, se continuó con la inversión en empresas y se crearon dos nuevas en sectores que no se habían explorado:Tablemac y Setas, la primera de producción de aglomerados de madera y la segunda una empresa dedicada al cultivo y comercialización de champiñones con enfoque exportador para hoteles y restaurantes: dos proyectos agroindustriales innovadores, pensando en Antioquia.

Luego, en los noventa, impulsó la iniciativa de crear nuevas empresas, estas de servicios, derivadas de un marco legal nuevo para Colombia, oficina. Foto Jorge la Ley 100 de 1993, teniendo como resultado la creación en 1995 de
la EPS Sura, la ARL Sura y la administradora de fondos de pensiones Protección, que siguieron funcionando a la par con Seguros Sura. Es la misma época en que comienza la llamada "Apertura Económica", promovida durante el gobierno de César Gaviria, y que Nicanor veía con buenos ojos pues siempre consideró que las empresas colombianas debían dar un salto hacia fuera.

Entre 1994 y 2004 empiezan a llegar empresas del extranjero para adquirir o hacer alianzas con las colombianas y tocan a las puertas del gea. Había 120.000 empleados en esa época en todo el grupo y la participación total en el pib de Colombia era del 8% aproximadamente, sumadas las tres empresas y sus filiales. Muchos empresarios del país vieron con recelo la apertura, porque la interpretaron como una amenaza a las ventajas que tenían y les aseguraban el control del mercado doméstico, lo cual los volcó a proteger su dominio. Otros, en efecto, hicieron alianzas con las empresas foráneas que llegaron a Colombia para ampliar su operación en el país o vendieron la totalidad de su patrimonio. La visión de Nicanor fue diferente.

Por una parte, para él, las empresas colombianas no debían perder la mayoría en el control de sus capitales ya que "[ ... ] sostenía que si las decisiones se toman en Europa o Estados Unidos, se perdería influencia en las políticas públicas [ ... ]" (Abrew, 2015). De otro lado, en vez de una amenaza, vio en la apertura oportunidades para todos los negocios en los que participa fuertemente el GEA por el potencial que tenían para desarrollarse fuera de Colombia: alimentos, de la mano de la Nacional de Chocolates, hoy Nutresa; cementos, con Argos; y en el negocio asegurador y financiero con Suramericana. Mientras que algunos vieron en la apertura una invasión de capitales y negocios extranjeros, para Nicanor era el llamado para que los empresarios locales se lanzaran a conocer el mundo y crecer.
El interés de Nicanor por internacionalizar al empresariado colombiano se manifestó en hechos como pertenecer al Consejo de Empresarios de América Latina, donde llegó con su carisma y espíritu gregario a fortalecer vínculos con nuestros vecinos, a quienes él decía habíamos dado la espalda durante mucho tiempo. Los últimos años de la década de los noventa y los primeros años del nuevo milenio estuvieron marcados por la exploración de posibilidades en el exterior, luego de los cuales ya se inician en las tres organizaciones los planes para invertir en el extranjero en firme, política que heredamos y ejecutamos los sucesores.

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Los noventa estuvieron atravesados por una circunstancia dolorosa para el país: la guerra desatada por el narcotráfico en contra del Estado. La ola de violencia tuvo como blanco también a los empresarios de todo el país, en particular a aquellos que se opusieron a ser cómplices de las actividades ilícitas, como lo hizo Nicanor. El entramado de acciones que se había hecho entre empresas antioqueñas se había concebido para defenderlas de otros grupos económicos, pero no se pensó que serviría para mantenerlas al margen de los dineros del narcotráfico dado que los accionistas de las empresas eran las mismas empresas del grupo. Como lo explica el mismo Nicanor en su tesis: "Las elites patronales antioqueñas empezaron a desarrollar, desde 1984, mecanismos de protección contra el dinero de los narcotraficantes a través de normas más o menos explícitas en las empresas, para evitar transacciones con ellos[ ... ]. La naturaleza de la propiedad de las grandes empresas de Antioquia, tanto las familiares como las sociedades anónimas por acciones controladas por instituciones como el gea, las protegió de las incursiones episódicas de quienes pretendieron penetrarlas infructuosamente" (Restrepo, 2016: 330).
Nicanor, cabeza visible del gea, tuvo que resguardarse en su casa los fines de semana y contar con un esquema de seguridad mucho más estricto que el que tenía antes, en vista de los atentados que otros empresarios habían recibido. Sin embargo, esto no lo afectó anímicamente como se creería y, por el contrario, aprovechó el tiempo en casa para leer y estudiar más de lo que ya estaba acostumbrado.

En 1997 se realizó un cambio organizacional muy importante en Suramericana, que consistió en la escisión legal de la Compañía Suramericana de Seguros para dar origen a Suramericana de Inversiones, una holding que agruparía a la compañía de seguros y a las otras empresas donde esta tuviera inversiones. Con ese cambio, Nicanor quedó a la cabeza de la nueva firma para centrarse del todo en el destino estratégico del grupo Sura y fui elegido por la junta directiva para asumir la presidencia de la aseguradora.
Esta filosofía sobre las empresas y los negocios fue determinante para quienes asumimos la conducción de cada empresa. Carlos Enrique Piedrahíta en Nutresa desde 2000, David Bojanini en el Grupo Sura desde 2006 y mi persona en el Grupo Argos desde 2003.Los tres habíamos hecho parte de la transformación que Nicanor le había dado al gea
desde los años ochenta y nos inculcó a todos, con la autoridad moral que da el ejemplo, los valores que han fundamentado al grupo. Uno de los negocios a largo plazo
más notables ha sido la conciencia de ser administradores y no propietarios de las empresas que hemos tenido a nuestro cargo. Este ha sido, por lo demás, un rasgo distintivo del gea comparado con otros grupos empresariales de Colombia, en los que la propiedad está concentrada en una familia o en algunas personas. En las empresas del gea no hay un único dueño porque la propiedad está en manos de accionistas institucionales y accionistas minoritarios, y en ese marco los gerentes generales y presidentes de las organizaciones somos, como lo dijo alguna vez Nicanor, mayordomos (Semana, 2015, 21 de marzo, versión digital) con la responsabilidad de administrar con rectitud lo ajeno.
Si algo definió la gestión de Nicanor al frente de Suramericana y permitió el éxito de la conformación del gea, fue establecer mecanismos de gobierno corporativo estables que permitieran la continuidad y viabilidad de los negocios a largo plazo. Para él era vital rodearse de las mejores personas, calificadas en sus conocimientos, pero también íntegras y honestas. No es exagerado decir que Nicanor creó una cultura organizacional que es transversal a cada una de las empresas del gea, que se ha implementado de manera diferente en cada una, pero que surge de un tronco común: la filosofía del gran empresario humanista, intelectual, líder que vela responsablemente por la propiedad privada en beneficio del interés común y público, creando valor para todos los relacionados directa o indirectamente con la actividad de las empresas del gea. "Uno debe tener la suficiente sinceridad para saber que el almanaque corre y uno se envejece. La vida adulta de las personas mayores bien vivida es maravillosa. Es una etapa rica para restituir lo que uno ha recibido, para trabajar por la sociedad, en educación. Es también una época maravillosa para reencontrarse familiarmente con sus afectos. Es muy importante, tras la jubilación, que el tiempo que le dé a uno la vida se convierta en un gran activo [ ... ]", señalaba Nicanor en una entrevista concedida a la Revista Portafolio en 2013, y vuelta a publicar cuando falleció.

Al ingresar a Suramericana y construir los parámetros del gobierno corporativo, para Nicanor era claro que debía existir un proceso de sucesión en los cargos directivos de las empresas para garantizar la continuidad de las mismas y en consecuencia en las organizaciones nadie podía perpetuarse en las posiciones directivas. Por esta razón al cumplir los 62 años de edad él fue el primero en manifestar que ya era hora de dar un paso al costado para disfrutar de su jubilación. En marzo de 2004, yo había sido nombrado como presidente de la junta directiva de Sura, por ser Grupo Argos el mayor accionista, y como tal me correspondió recibir la renuncia formal de Nicanor, mi mentor y amigo, al cargo que había desempeñado por dos décadas. Fue un momento muy significativo y emotivo para mí, que lo había acompañado desde cuando me invitó a ser su secretario privado en la Gobernación de Antioquia en el año 1983. Hoy, que también gozo de mi jubilación, lo extraño para seguir nuestras largas conversaciones y compartir nuestros pensamientos sobre esta nueva etapa de la vida. El 20 de febrero de 2013, en una conferencia muy hermosa que dictó en Comfama, Nicanor reflexionaba sobre su experiencia como pensionado, última a la cual se enfrenta cualquier empleado, independiente del cargo que hubiera ocupado durante su vida laboral. Decía Nicanor con gran lucidez:
La vida de una persona cuando envejece es distinta de la que tiene cuando está activa profesional o laboralmente, pero de ninguna manera es el fin de la existencia. Lo que hay que entender es que el aproximarse con una visión constructiva y positiva a esa etapa de la tercera edad de los adultos, es sin lugar a duda un problema de educación, de formación, de percepción de la vida, en el cual le tiene que ayudar la misma sociedad. Las empresas deben prepararlo para eso, las entidades idóneas deben aconsejarlo para hacer su ahorro pensional, para que tenga la previsión y la precaución, el Estado debe jugar un papel que amortigüe las condiciones de estas personas, para que además el hombre, desde el punto de vista de la sociedad, se prepare para vivir más tiempo.

La vejez, entendida como un momento natural del ser humano, no es una condena. Reflexionaba Nicanor que debían preverse dos cosas: la primera, el escenario financiero, dado que los ingresos disminuyen sustancialmente en el caso de los empleados asalariados, y procurar llegar con una buena salud fisica; y, la segunda, tener un proyecto de vida para esa etapa que comienza con un gran interrogante sobre el cual no siempre hay una respuesta: "¿ahora qué hacemos?". Fiel a sus convicciones, Nicanor se dedicó al estudio, a cumplir ese sueño que había quedado truncado y se fue postergando. Al llegar a su jubilación, se fue a Francia para hacer la maestría y el doctorado, se convirtió en un estudiante más entre miles que se concentran en las facultades parisinas. De alguna manera, su trayectoria como empresario lo preparó para esa etapa. No es que hubiera llegado el momento en el quepor fin podría dedicarse a estudiar, pues toda su vida fue un gran estudio, de la sociedad colombiana, de la idiosincrasia antioqueña, de las empresas, los negocios, la política y el ser humano. Porque Nicanor no fue solo un gran estratega para los negocios y las compañías, quizás el más notable de Colombia en la segunda mitad del siglo xx, sino un intelectual que le dio una dimensión social y un sentido trascendente a la tarea del empresario en la sociedad. Ese fue su gran legado.

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