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| 11/19/2016 12:00:00 AM

“Nunca sentí atropellada la independencia del banco”: José Dario Uribe

Tras cumplir su período máximo de 12 años, el gerente general del Banco de la República deja su cargo. Habla sobre los peligros que se ciernen sobre la globalización y de lo grave que sería no aprobar la reforma tributaria.

SEMANA: El triunfo de Donald Trump sembró preocupaciones sobre la economía mundial. ¿Usted también las tiene?

José Darío Uribe: Creo que se le debe dar un compás de espera para ver con más precisión las políticas que va a promover como presidente. Existe la posibilidad de que las cosas que se dijeron durante la campaña, que van en contra del buen funcionamiento de los mercados, hayan sido solo eso, campaña. Y que posteriormente, con la responsabilidad de dirigir el país que tiene la economía más grande del mundo, esas ideas iniciales se modifiquen o que no se apliquen. Me parece prematuro decir algo con la información que se tiene en este momento.

SEMANA: ¿Cómo ve la economía colombiana el próximo año?

J.D.U.: Con la información que tenemos disponible, hasta el momento, el equipo técnico del Banco espera en el 2017 un crecimiento de la economía similar al de 2016, alrededor de 2 por ciento. Eso se logra con un aumento del consumo de los hogares que podrá ser inferior al del presente año, pero con un comportamiento de la inversión y de las exportaciones un poco mejor. Este sería el crecimiento esperado para una economía que está en proceso de ajuste, tras el fuerte choque que recibió por la caída del ingreso nacional proveniente de la reducción de los precios del petróleo.

SEMANA: ¿Cuál será el motor de la economía el próximo año?

J.D.U.: Ese crecimiento cercano al 2 por ciento –que no es alto- va a estar impulsado, como dije antes, por la inversión y las exportaciones. En términos sectoriales se espera un mayor desarrollo en infraestructura y en construcción de vivienda. También se espera algo de mayor dinamismo en algunos sectores de la industria manufacturera y en agricultura, que se está recuperando después del choque tan fuerte que recibió con el fenómeno de El Niño. No esperamos caídas adicionales en la producción de algunos productos básicos.

SEMANA: ¿Qué tanto van a sufrir los colombianos con la reforma tributaria?

J.D.U.: Vamos a sufrir mucho menos que sin una reforma tributaria. El desbalance de ingresos y gastos debe ser corregido a tiempo para evitar que esos desequilibrios se acumulen hasta que se agote el financiamiento. De ocurrir esto último, el sufrimiento de la sociedad sería enorme, pues se debe recortar abruptamente el gasto, con efectos negativos sobre el empleo y la producción.

SEMANA: ¿Qué le pasaría a la economía colombiana si eventualmente no pasa la reforma tributaria?

J.D.U.: Como lo mencioné, sin la reforma tributaria probablemente se continuaría acumulando un desequilibrio insostenible entre ingresos y gastos. En ese proceso, la fragilidad de la economía colombiana la haría muy vulnerable a lo que pase en la economía mundial. Esto implica una fuerte volatilidad de la tasa de cambio, un incremento en el costo del financiamiento, y un ambiente adverso para la inversión y el crecimiento del producto y el empleo.

SEMANA: Usted siempre ha sido un optimista de la economía colombiana. ¿En dónde radica su fe?

J.D.U.: En que tenemos un marco macroeconómico fuerte, lo cual es una condición necesaria para crecer y mejorar el nivel de vida de la gente. Ese marco ha servido para responder a los múltiples choques que han ocurrido en el presente siglo.

SEMANA: ¿También es optimista frente a la paz?

J.D.U.: Sí, también. Creo que Colombia entera quiere la paz. Puede haber diferencias de enfoque, o de cómo lograrla, pero todos las queremos. Eso me hace ser optimista.

SEMANA: ¿Qué consejo les daría a los colombianos para el próximo año?

J.D.U.: Debemos dejar de pensar tanto en el próximo trimestre o el próximo año, y pensar más en un horizonte largo. De esa manera toma importancia la educación, la disciplina, y el entrenamiento en los sitios de trabajo, el ahorro, la innovación -temas de esta naturaleza que son los determinantes del crecimiento de largo plazo y del bienestar de la sociedad.

SEMANA: Me imagino que como economista disfrutó su posición de banquero central, pero ¿qué fue lo mejor y lo peor del cargo?

J.D.U.: Me gustó mucho. Los bancos centrales tienen una enorme importancia para el buen funcionamiento de las economías y, a través de eso, en el bienestar de la gente. Lo mejor es haber trabajo con gente muy buena y bien calificada en el logro de unos objetivos que están claramente definidos por la Constitución y la ley: por ejemplo, el de la estabilidad de precios. Algo malo como tal no sabría decir –tal vez algunas veces leer u oír críticas sin ningún fundamento. Pero debo decir que he trabajado muy feliz todos estos años en el Banco.

SEMANA: ¿Y la mayor satisfacción y la gran frustración?

J.D.U: La satisfacción es la estabilidad de precios. Ese ha sido el mayor logro de la economía colombiana en muchas décadas. También el hecho de que conformamos una política monetaria que pudo ser contra-cíclica y amortiguar los choques tan fuertes que recibió la economía durante estos años. Recuerde que en el 2008 entramos en la recesión mundial más fuerte desde los años 30 y a Colombia le fue muy bien; y recientemente tras los choques enormes con la caída del precio del petróleo la economía se ha ido ajustando de manera ordenada. En cuento a frustraciones, propiamente dichas, no tengo. Uno tiene que ser consciente de que las economías a veces reciben choques que tienen impactos inevitables sobre la actividad económica. Cuando hay desviaciones de la inflación uno no tiene que perder la visión de que eso le pasa a todas las economías en mayor o menor grado. Es aburridor, pero inevitable.

SEMANA: En estos 12 años, le tocaron varias juntas directivas. ¿Cuál fue la decisión más dura que debieron tomar?

J.D.U.: Tal vez lo más difícil fue defender la flexibilidad cambiaria y subir las tasas en algunos momentos en que la economía mostraba señales de desaceleración.

SEMANA: ¿Cómo califica su relación con los distintos ministros de Hacienda, con quienes interactuó?

J.D.U.: En general con todos los ministros tuve una excelente relación. Muchas veces hubo diferencias de opinión, y eso es natural y sano. Lo importante es que se expresaban siempre en un marco de respeto y las decisiones que se tomaron eran las de la posición mayoritaria.

SEMANA: A usted le tocaron dos gobiernos: el de Álvaro Uribe y el de Juan Manuel Santos. ¿Con quién fue más difícil manejar la independencia del banco?

J.D.U.: Yo nunca sentí atropello contra la independencia del banco. En algunas oportunidades tuvimos diferencias con los dos gobiernos, pero eso es natural. El esquema para la toma de decisiones es muy fuerte, pues está basado en los análisis que hace el equipo técnico y cada uno de los miembros de la junta. Ahora, en muchos países los presidentes no hablan en público, aunque tengan diferencias. Yo creo que en Colombia vamos a llegar a eso.

SEMANA: Alguna vez Juan Camilo Restrepo, le pidió a la junta del Emisor que se bajara de la torre de marfil. ¿Usted cree que se bajó?

J.D.U.: Creo que nunca estuvo en esa torre, y durante estos 12 años tampoco he visto a la junta del banco apartada de la realidad nacional.

SEMANA: ¿A la junta directiva del Emisor deberían llegar economistas ya curtidos y con gran experiencia?

J.D.U.: Para ser miembro se requiere tener una formación técnica y al mismo tiempo condiciones de carácter y de personalidad, como la independencia y el respeto a las opiniones. Todo eso es independiente de la edad.

SEMANA: ¿Qué consejo le daría a su sucesor?

J.D.U.: Que no le tiemble la mano para impulsar lo que los análisis técnicos bien elaborados, de él y sus colegas del Banco, le digan.

SEMANA: Mirando el futuro, ¿a cuáles temas no deberá quitarle los ojos el próximo gerente?

J.D.U.: Al control de la inflación, a la existencia de potenciales excesos de gasto y endeudamiento, a la revolución digital y su efecto en el sistema financiero y en los bancos centrales.

SEMANA: Usted hizo gran énfasis en comunicar a la opinión las decisiones que tomaba el banco. ¿Le aconsejaría a su sucesor que lo mantenga?

J.D.U: Creo que las presentaciones trimestrales que hicimos fueron una innovación y positivas; ahora otros bancos centrales hacen algo parecido. Explicar por qué hacemos lo que hacemos es muy importante, como también lo es recibir las inquietudes de la gente. El que me suceda tendrá su propio estilo.

SEMANA: ¿Qué banco central manejó mejor la crisis de 2008, la que llevó a la recesión mundial?

J.D.U.: Es difícil decir. Entre los países desarrollados, al Banco Central de Canadá le fue muy bien, y entre los emergentes, nosotros fuimos uno de los que sobresalimos, junto con Chile y Perú.

SEMANA: ¿Ve con preocupación, los ataques que, hoy más que nunca, se hacen contra la globalización y en defensa del proteccionismo?

J.D.U.: No debemos olvidar que la globalización es la que ha permitido la mayor reducción de pobreza durante toda la historia de la humanidad. Existen, sin embargo, fuerzas opuestas a la globalización que pueden obstaculizar o reducir los enormes beneficios que ha tenido. Preocupaciones en ese sentido son razonables. Espero que por el bien de todos no haya un retroceso en este proceso.

SEMANA: ¿Se debe sacrificar consumo y crecimiento –subiendo tasas- para controlar la inflación?

J.D.U.: Ningún crecimiento del consumo o de la producción, acompañado de inflaciones crecientes, es sostenible en el tiempo. Ese supuesto dilema entre inflación y crecimiento, en el largo plazo, realmente no existe.

SEMANA: ¿Se dedicará a la academia?

J.D.U.: Esa es una posibilidad. No descarto trabajar en el sector privado no académico, o también podría hacer una combinación de las dos. Siempre tendré el interés de contribuir al desarrollo de la educación superior del país.

SEMANA: ¿Y no le suena la política?

J.D.U.: Nunca lo he pensado, pero no lo descarto en el futuro.

SEMANA: Finalmente, usted ¿sufre más con nacional o con la inflación?

J.D.U.: El control de la inflación ha sido una obsesión de 23 años; Nacional ha sido una obsesión de 50 años.

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