Lunes, 23 de enero de 2017

| 1982/08/23 00:00

JUAN VALDES SE QUEDA ATRAS

La era del carbón se inició oficialmente en el país la semana pasada. Hay cuentas alegres en el futuro, pero en lo inmediato es preciso apretarse el cinturón

JUAN VALDES SE QUEDA ATRAS

Para muchos observadores la "era del carbón" ha comenzado. El café, nuestro producto insignia durante tantos años, parece definitivamente condenado a jugar en adelante un papel secundario en la economía nacional (por lo menos desde el punto de vista de la generación de divisas). Como también parece condenado Juan Valdés, el arriero antioqueño que le dio la vuelta al mundo, a entregarle su puesto a un minero. "El Rey ha muerto, viva el Rey".
Al iniciarse la explotación del carbón en la zona central de El Cerrejón, en un acto presidido por el Presidente de la República el pasado 21 de julio, Colombia se convierte en uno de los más importantes productores del mineral en América Latina. La producción de este sector, que durante el primer año será solamente de 300.000 toneladas, alcanzará en 1985 un volumen superior al millón y medio de toneladas. Hasta 1989, la mayoría de este carbón será exportada a España. El primer despacho se realizará a finales del presente año.
La producción en grande de carbón (y la consiguiente generación de divisas) sólo se producirá, sin embargo, una vez entre en su etapa de explotación la zona norte de la mina. Dicha zona, que será explotada mediante contrato de asociación, por las firmas Carbocol e Intercor, tendrá una producción de 15 millones de toneladas anuales, destinadas totalmente a la exportación. El producido total del carbón de la zona norte de El Cerrejón, calculado por la firma Intercor, será de 58.000 millones de dólares (después de recuperada la inversión), de los cuales 48.000 millones corresponderán a la firma colombiana y al gobierno nacional por concepto de regalías. Pero sólo en 1986 comenzará la explotación de esta zona de la mina.
Mientras tanto el país tendrá que seguir dependiendo del café. Y la mayoría de los observadores coinciden en afirmar que las perspectivas a corto plazo del mercado cafetero no son nada halagadoras. El mundo parece marchar hacia una etapa relativamente prolongada de sobreproducción (a no ser que se produzcan de nuevo los ya conocidos fenómenos naturales del Brasil). Tal situación traerá aparejada no sólo una gran dificultad en la regulación del mercado mundial, como ha quedado demostrado con los problemas presentados en las recientes discusiones en torno a la realización de un nuevo Acuerdo Internacional, sino una tendencia a la baja en los precios del grano en los mercados externos. La delicada situación del mercado cafetero fue analizada por el presidente Turbay en su discurso ante el Congreso del pasado 20 de julio.
Si a lo anterior se agrega la prolongación de la recesión internacional y las crecientes dificultades internas del sector de la producción, el panorama a corto plazo del sector externo colombiano se presenta poco alentador. En 1981 la balanza comercial del país arrojó un déficit cercano a los 600 millones de dólares (compensados por el movimiento de la Cuenta de Capital) y en el presente año puede ser mayor. Algunos analistas piensan, incluso, que el Presidente Belisario Betancur tendrá que manejar durante su mandato una situación de permanente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.
En cierta medida, sostienen los mismos analistas, el Presidente Betancur tendrá que hacer frente a una economía que presentará condiciones similares (guardando las debidas proporciones) a las que presentaba la economía colombiana en la década del sesenta. Es decir, una situación de déficit cambiario con la existencia de un importante déficit fiscal. Paradójicamente, el primer problema puede servir de contrapeso a los nocivos efectos monetarios que podrían desprenderse del segundo. Podría facilitar, incluso, el manejo de la inflación.
No obstante, el problema del déficit fiscal sigue colgando como una espada de Damocles sobre la cabeza del nuevo Presidente. En su discurso ante el Congreso, el Presidente saliente, Julio César Turbay, afirmó: "respecto al futuro fiscal del país, el que le tocará a la próxima administración, tenemos motivos de especial alarma, pues vemos en el horizonte una serie de fenómenos que de no ser corregidos oportunamente tendrían gravísimas consecuencias para la estabilidad monetaria y para las instituciones democráticas del país"
Betancur, por su parte, se refirió también al tema en su entrevista para la revista "Visión", diciendo que "frente a la magnitud del déficit fiscal no hay más remedio que decir perogrullescamente que lo primero es poner la casa en orden. Esto significa poner en marcha medidas como la de reducir los gastos de funcionamiento del gobierno, eliminar ciertos gastos suntuarios, revisar las tarifas sobre la renta y patrimonio y tecnificar y agilizar el sistema tributario para hacerlo más real y evitar la gigantesca evasión fiscal. Según los primeros estudios que hemos hecho sobre este último tema, de esa reorganización de nuestro sistema impositivo saldrían los recursos para liquidar el déficit fiscal"
El carbón permitirá, también, eliminar por un buen tiempo el déficit comercial. Pero ello sólo se logrará después de 1986. Y mientras llega definitivamente la "era del carbón" el nuevo gobierno tendrá que hacer grandes esfuerzos en materia cambiaria para que el café no le vaya a quitar el sueño.

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