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| 6/21/2010 12:00:00 AM

Juegos de monopolio

La objeción de la Superindustria a la fusión entre Coltabaco y Protabaco mostró que las autoridades están dispuestas a evitar la concentración del mercado y la posición dominante de jugadores. La lucha apenas comienza.

La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) acabó de negarles a las dos tabacaleras más grandes del país una fusión que las hubiera dejado en control del mercado de los cigarrillos en Colombia.

Hace tres meses, muchos se preguntaban si el superintendente Gustavo Valbuena sería capaz de tomar una decisión como esta que pisa callos tan poderosos. Pues bien, su fallo mostró que efectivamente no tuvo reparos a la hora de objetar un negocio avaluado en 450 millones de dólares.

Los argumentos de la SIC acerca de la transacción Protabaco-Coltabaco son sólidos y de sentido común: si se da esa fusión, la nueva tabacalera prácticamente se quedaría con el 78 por ciento del mercado de cigarrillos en Colombia y con el 90 por ciento de las compras de hoja de tabaco. Eso, en un negocio que afronta grandes restricciones, resulta definitivo, pues significa que la entrada de nuevos competidores es limitada.

La compañía Philip Morris Coltabaco no comparte los argumentos de la Superintendencia de Industria y apelará la decisión. Como es lógico, aspira a que en su segundo intento pueda comprar Protabaco.

Esta decisión deja dos reflexiones importantes. En primer lugar, confirma una tradición de mano dura por parte de la SIC a la hora de defender el interés de la ciudadanía y en segundo lugar, ratifica la credibilidad, que ha ganado esta entidad por sus fallos serios e independientes.

Esto es importante porque los retos a futuros son inmensos. Con la transformación de la economía colombiana, el crecimiento de sus empresas y la globalización, son cada vez más altos los riesgos de que se conformen monopolios o que pocos jugadores concentren mucho más poder.

Prueba de ello es la enorme cantidad de procesos que han pasado por el escritorio de Valbuena. La SIC ha intervenido en sectores muy importantes como el azúcar, el chocolate e incluso los bancos.

Pero también son muchos los temas que quedan por resolver en materia de posición dominante. En las próximas semanas, Valbuena tendrá que pronunciarse sobre otras movidas de gran tamaño y, seguramente, muchos no quisieran estar en los zapatos del superintendente, pues tocan a poderosos.

Uno de los procesos que mayor expectativa despierta en el mercado es el negocio propuesto entre Almacenes Éxito y Cafam. El impacto de esta operación en el comercio minorista en Bogotá es objeto de análisis por parte de la Superintendencia. La SIC también tiene que pronunciarse sobre varias alianzas de la agencia de viajes Aviatur, y decidir una investigación contra Bavaria por sus estrategias de comercialización de la marca Peroni.

Cada día hay más riesgos por cuenta del crecimiento que muchas compañías tienen en sus mercados. Un caso palpable es el del sector de las telecomunicaciones, donde el número de jugadores se ha reducido y los únicos que se mantienen son cada vez más poderosos.

La fusión Telmex-Comcel así lo demuestra. Aunque la SIC no se va a pronunciar sobre este caso, pues no se trata de una adquisición sino de una reestructuración empresarial, esta firma va a tener casi el 70 por ciento del mercado celular, más del 90 por ciento del de televisión por cable en Bogotá y una creciente participación en telefonía fija y acceso a Internet.

De hecho, el gobierno tuvo que intervenir las tarifas de los celulares, para compensar el enorme poder que Comcel tiene en ese servicio. Así que en este caso se está abriendo un nuevo frente de preocupación por los derechos de los consumidores.

En materia de telecomunicaciones, la tarea que tendrá la SIC en los próximos meses es grande. Entre otras, tendrá que pronunciarse una vez se concrete el negocio de búsqueda de socio estratégico por parte de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB).

Los antecedentes

El seguimiento a la manera como las empresas se comportan frente a sus competidores ha empezado a tener una importancia creciente en los últimos años. La preocupación de las autoridades es legítima: cuando en un segmento hay pocos actores, las probabilidades de que las empresas se comporten como monopolios son mayores. Ese es un lujo que una economía de mercado no se puede permitir.

En Colombia ya hay una historia de peleas por estos asuntos. Tal vez la más recordada fue la que se dio por la fusión entre Avianca y Aces. El entonces superintendente, Emilio José Archila, la negó porque consideraba que la nueva aerolínea terminaría prácticamente dominando todo el negocio, afectando así a los usuarios del transporte aéreo. Por su decisión, Archila tuvo que salir del cargo y la fusión de las dos aerolíneas finalmente se dio.

Pero esa polémica fue apenas el prólogo de una historia más larga de disputas. El anterior superintendente, Jairo Rubio, tuvo que resolver varios casos muy sensibles. Es muy recordado su enfrentamiento con los bancos cuando les puso límite a las tarifas que las entidades financieras venían cobrando por el uso del dinero plástico. Rubio terminó imponiendo su criterio, aunque esa pelea también fue uno de los motivos de su salida del cargo.

Ese superintendente también puso en cintura sectores como cemento, azúcar, arroz y grandes superficies. Además, negó la integración de Colgate y Procter & Gamble; la compra de los activos en concreto de Holcim por parte de Argos; la integración de las marcas Squash y Gatorade; la de Aga Fano y Cryo Gas, así como la de Helados Robin Hood con Meals de Colombia; Plastilent con Dupont y Eternit con Colombit.

Como si esto fuera poco, condicionó los negocios de Acerías Paz del Río con Votorantim; Carulla y Éxito y la adquisición por parte de Televisa de Editora Cinco.

Esa herencia la recogió Valbuena, que sancionó a cementeros e ingenios azucareros. Pero ahí no paró el asunto, pues el actual superintendente abrió nuevos frentes de discusión con las EPS y los canales de televisión (Caracol y RCN); esas decisiones siguen pendientes de resolución.

La Superintendencia goza ahora de mayores potestades gracias a la reforma legislativa que fue aprobada el año pasado. La nueva ley le dio a la SIC más herramientas para meterse en los casos de integraciones empresariales o prácticas restrictivas que se presenten.

No cabe duda de que los retos en defensa de la libre competencia son inmensos. Uno de los activos más importantes de cualquier economía de mercado es que el ciudadano de a pie pueda confiar ciegamente en que su autoridad lo va a defender de cualquier atropello.

La SIC ha logrado fortalecer su posición como máximo juez en estos temas; sus decisiones han ganado mucha credibilidad y la mayoría de ellas está hoy en firme. El asunto no es negar integraciones por negarlas sino defender siempre al consumidor, quien no tiene cómo enfrentar a los grandes poderes empresariales del país. La SIC es un David en medio de Goliats.
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