Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2004/02/02 00:00

Jugada audaz

Con el anuncio de que comprará 2.200 millones de dólares, el gobierno forzó la subida del dólar y protegió a los exportadores. ¿Una buena noticia?

Jugada audaz

La semana pasada el Gobierno quemo sus últimos cartuchos para frenar la caída del dólar y ayudarles a los exportadores. El miércoles el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, anunció la compra de 2.200 millones de dólares, casi una cuarta parte de las reservas internacionales del país. Un día después el precio de la divisa subió 20 pesos.

Esta decisión se tomó luego de que otro intento para frenar la revaluación del peso había fracasado, en un incidente insólito. El Conpes -Consejo Nacional de Política Económica del gobierno- rechazó la propuesta del propio presidente Alvaro Uribe de financiar una especie de fondo de protección para asegurarles a los exportadores que pudieran traer al país los dólares de sus ventas a una tasa de cambio fija.

Ya el pasado viernes 23 de enero, el Banco de la República, con la misma intención de frenar la caída del dólar, había fijado límites a las operaciones en moneda extranjera de los bancos. Esta medida indirectamente obliga a las entidades financieras a salir a comprar cerca de 250 millones de dólares.

Fueron tres medidas en menos de ocho días que tenían como fin contener la revaluación del peso y preservar la competitividad de las ventas externas. Las dos que quedaron en firme tienen algo de bueno y de malo. Ayudan a los exportadores pero pueden tener altos costos para el gobierno y para las empresas del sector privado.

El mercado del dólar

Antes de analizar las medidas que tomó el gobierno, hay que entender cómo funciona el mercado del dólar.

Lo primero que hay que decir es que el valor del dólar depende de la cantidad que hay disponible en el mercado. Es decir que si hay muchos dólares el precio baja y, por el contrario, si hay pocos el precio sube.

Pero, además, están las expectativas que desempeñan un papel importante en la determinación de su cotización. Si la gente cree que en el futuro va a haber pocos dólares disponibles, se anticipa a comprar, lo que los hace más costosos. Si por el contrario, cree que va a haber abundancia, sale a vender, haciendo que el precio caiga.

A finales del año pasado las expectativas se inclinaban más hacia una escasez de dólares en este año. Tras la caída del referendo, el problema fiscal seguía sin resolverse y para nadie era muy claro de dónde saldrían los dólares que se necesitaban para cumplir con todas las obligaciones del gobierno. Después de todo, aquel le hubiera permitido ahorrarse 4,6 billones de pesos en 2004 por congelación de nómina y la caída de las pensiones privilegiadas.

Al no aprobarse el referendo y con el incremento en el gasto de defensa en 2004 (700.000 millones de pesos) era obvio que no se aliviaría el déficit fiscal. Eso hizo que los actores económicos desconfiaran, y más cuando veían el impacto negativo que podría tener la reforma tributaria sobre las finanzas del Estado y los bolsillos de empresas y personas.

Hoy hay mayor claridad. Las expectativas cambiaron y también la tendencia del precio del dólar. Por un lado, llegaron más dólares del exterior de lo previsto. Los giros que hacen los colombianos que viven en el exterior fueron de 3.000 millones de dólares el año pasado, una cifra que supera la de la suma de las exportaciones colombianas a Ecuador y Venezuela.

De otro lado, los inversionistas extranjeros siguieron colocando sus dólares en títulos en pesos en Colombia en busca de mejores rendimientos, debido a la diferencia en las tasas de interés de Estados Unidos y Colombia. Mientras que una inversión en bonos del tesoro de Estados Unidos (T-bill) paga un interés de 1,31 por ciento anual, en Colombia un TES (título de deuda pública) paga 9,12 por ciento. Esto hace que las inversiones en pesos sean más rentables.

La medida

Cuando a finales del año pasado el gobierno hizo su presupuesto para 2004, las expectativas se inclinaban hacia una devaluación del peso. Por eso calculó todos sus gastos en dólares a una tasa de cambio de 3.135 pesos por dólar año promedio. Sin embargo, al miércoles de la semana pasada, la divisa se cotizaba a 2.714 pesos, unos 421 pesos por debajo de lo presupuestado. Esto significaba una revaluación de 8,2 por ciento en los últimos 12 meses. Esa diferencia explica en parte la decisión del gobierno colombiano de salir a comprar dólares ahora.

El gobierno, consciente del impacto que tiene un ahorro fiscal de casi 600.000 millones de pesos sobre sus cuentas, tomó la decisión de salir a comprar dólares antes de que suban otra vez. Su idea es conseguir hasta 2.200 millones de dólares, que es lo que necesita para pagar los intereses de la deuda externa este año.

Pero como no tiene la plata constante y sonante, lo va a hacer a través de un mecanismo conocido como forwards de compra.

Los forwards son unos instrumentos para cubrirse del riesgo de fluctuaciones bruscas en la tasa de cambio. Estos contratos permiten comprar o vender dólares en el futuro a precios previamente establecidos hoy. Generalmente se pactan con las entidades financieras a plazos de tres, seis, nueve o 12 meses.

Así, cuando el gobierno decide cubrirse ante el riesgo cambiario hace con los bancos contratos de forward. El banco se compromete desde hoy a venderle a futuro los dólares que necesite, a un precio que se negocia el mismo día que se firma el contrato.

Para que sea negocio para el banco, es necesario que este recurra, en primera instancia, a un préstamo en pesos para luego adquirir los dólares. Con la plata en mano, el banco sale a comprar dólares en el mercado diario de divisas, presionando al alza del precio del dólar. Las divisas que compra el banco las mete en una cuenta en Estados Unidos y las deja ahí rentando hasta que llegue el momento de dárselos al gobierno según el plazo establecido en el forward.

Al momento del vencimiento, el gobierno le entrega al banco pesos y éste le devuelve los dólares para que pueda pagar la deuda como inicialmente lo estableció.

La importancia del forward es la de proporcionar un seguro, ya sea cambiario o respecto a los vaivenes de las tasas de interés. Pero también es importante porque brinda una visión indicativa de las expectativas cambiarias y de tasa de interés de los agentes del mercado.

Las consecuencias

Haber salido a comprar semejante cantidad de dólares generará una presión para que el precio del dólar suba. Según los analistas, éste ascenderá en los próximos meses hasta estabilizarse alrededor de los 2.816 pesos, la tasa máxima que está dispuesta a reconocer el gobierno por sus contratos de forward.

A esto se suman los recientes anuncios hechos por la Reserva Federal de Estados Unidos de subir las tasas de interés en ese país antes de lo que se esperaba. Si en efecto ésta sube en el primer semestre, las inversiones en Estados Unidos se volverían más atractivas y podría presentarse una salida de los capitales extranjeros que hay en Colombia.

Si bien es cierto que a corto plazo la subida en el precio del dólar traerá un alivio a los exportadores y le ahorrará unos pesos al gobierno gracias a los contratos forward, a más largo plazo, sin embargo, la devaluación traerá costosos efectos. El primero de ellos será fiscal. Sin duda comprar dólares más baratos para atender los intereses de la deuda este año, implica un ahorro grande para el gobierno en las cuentas de 2004. Pero la deuda en su totalidad, con un peso más devaluado, sería más costosa en el mediano plazo. Según un estudio del Banco de la República, una devaluación de la tasa de cambio del 10 por ciento incrementaría el déficit del sector público en 175.000 millones de pesos durante 2004.

En ese sentido cabe la pregunta de si se justifica una intervención del gobierno tan extrema para subir el precio del dólar con el fin de cuadrar sus cuentas a corto plazo y proteger a unos pocos empresarios.

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