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| 3/19/1990 12:00:00 AM

A LA BASURA

Víctima de su propio invento y con millones de dolares en perdidas desaparece una de las grandes firmas del Wall Street.

A LA BASURA, Sección Economía, edición 407, Mar 19 1990 A LA BASURA
Fue un entierro de tercera para una firma que alguna vez fue de primera. Pero Wall Street no perdona y el martes pasado, a las once horas y siete minutos de la noche, un somñoliento secretario de un juzgado recibió los papeles por medio de los cuales Drexel Burnham Lambert se declaro en concordato, bajo el amparo de la ley de Quiebras de los Estados Unidos. Así terminó de escribirse la historia de la que fuera la compañía que personificó la agresividad en los negocios y la codicia de los años ochenta. Tal como le dijo a The New York Times un observador, "ahora si se acabó la década".

Al final de Drexel resultó siendo tan rapido como su misma historia.
Todo comenzó en 1976, cuando una firma de bolsa de Wall Street, The Drexel Lurnham Group, se fusionó con Lambert Brussels Witter, una subsidiaria del segundo grupo económico más grande de Bélgica. La nueva empresa empezó a ganar adeptos con relativa rapidez, pero fue solo hasta 1983 que entró definitivamente en las grandes ligas. En ese año Michael Milken, quien encabezaba el departamento de bonos de la firma, empezó a utilizar agresivamente la emisión de papeles de alto riesgo, o bonos basura, para financiar las tomas y fusiones de empresas.
Eran los años gloriosos de la era Reagan. Wall Street se lleno de inversionistas ambiciosos que soñaban con comprar empresas para reestructurarlas y obtener jugosas ganancias.
Los bonos basura que se emitian con la asesoria e intermediacion de Drexel fueron el mecanismo que permitió la realización de esas ambiciones.
A medida que el negocio progresó, Drexel se consolido como numero uno del mercado de bonos, bajo la batuta de Milken.

El primer campanazo tuvo lugar en 1986, cuando Dennis B. Levine, un ejecutivo de la empresa, fue arrestado bajo cargos de utilizar información privilegiada para hacer sus negocios contraviniendo las leyes existentes.
No obstante, en ese mismo año Drexel se convirtio en la firma más rentable de Wall Street, con ganancias de 545 millones de dolares, sobre un total de ingresos de mas de 4 mil millones de dolares (cuatro veces mas que en 1983).

El segundo aviso sonó en 1987 cuando Ivan Boesky, un corredor de bolsa de gran reputación, se declaró culpable de los mismos cargos que se le hicieron a Levine. Boesky era un gran cliente de Drexel, y para rebajar su pena aceptó colaborar con el gobierno de los Estados Unidos, que deseaba desenredar la madeja. Pronto Drexel habria de descubrir que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo. En septiembre de 1988 la "Securities and Exchange Comission", el organo regulador del mercado norteamericano de valores, acuso a la firma de una larga lista de violaciones a la ley. En diciembre de ese año, Drexel se declaro culpable de varios cargos y acepto como castigo pagar 650 millones de dólares en multas. También decidió despedir a Michael Milken, el hasta entonces niño genio de los Bonos basura, quien hoy en dia enfrenta 98 cargos y posibles multas por un valor total de 1.800 millones de dolares.

El proceso contra Drexel termino aparentemente en abril de 1989. A pesar de que la compañía estaba golpeada, los primeros pasos que dio parecian indicar lo contrario. Un mes despues intervino, junto con Merrill Lynch la corredora más grande del mercado, en la suscripción de bonos más cuantiosa en la historia de Wall Street: la emision de 4 mil millones de dolares en bonos para financiar la adquisición de RJR Nabisco. Pero ese fue el ultimo paso hacia adelante. El mercado de bonos basura, cuyo valor acumulado total es cercano a los 200 mil millones de dolares, comenzo a tener problemas serios cuando algunas compañías que habían emitido este tipo de papeles no pudieron cumplir con sus obligaciones. Como consecuencia, fue necesario posponer varias emisiones, y Drexel, por primera vez en su historia, no pudo reunir 75 millones de dolares que estaba buscando para la compra de una empresa.

Como si eso fuera poco los problemas de liquidez comenzaron. En septiembre, Drexel pago 500 millones de dolares de los 650 que le adeudaba al gobierno de los Estados Unidos. Un mes después sufrio perdidas de decenas de millones de dolares cuando le aposto a la toma de United Airlines.
La operación fracasó y aparte de ocasionar el segundo bajon mas grande en la historia de Wall Street, en lo que concernia a Drexel su rango de credito empeoró ocasionandole problemas en el mercado financiero.

Para final del año las dificultades en el mercado de bonos basura se volvieron tan serias que la compañía tuvo que asumir una perdida en el valor de su portafolio de bonos, cuyo monto total ascendia a mil millones de dolares. Como consecuencia, Drexel reporto un saldo en rojo de 40 millones de dolares en sus operaciones correspondientes a 1989. Pero más grave que eso fue el hecho de perder la confianza del mercado. Como la mayoría de las firmas de Wall Street, Drexel financiaba sus operaciones mediante la emision de papeles de corto plazo.
Pero con los problemas crecientes, los inversionistas dejaron de adquirir esos titulos y la compañía empezó a afrontar problemas de liquidez. Un ultimo intento se hizo en los primeros días de febrero, cuando el Citibank estudio una solicitud de prestamo por 150 millones de dolares. Sin embargo, la petición fue rechazada el lunes pasado y, como resultado, Drexel no tuvo el dinero para cumplir con compromisos por valor superior a los 100 millones de dolares. En consecuencia, la unica salida que quedaba era la del concordato.

Curiosamente, en todo el proceso no es claro todavía si hay inversionistas seriamente afectados. Al fin y al cabo, Drexel todavia cuenta con un portafolio importante de inversiones.
Pero en un mercado donde la confianza lo constituye casi todo, su final es algo seguro, asi financieramente existiera una esperanza.

Por ese motivo, los 5.500 empleados de la firma comenzaron a buscar puesto desde la semana pasada. Pero Wall Street ya no es tan apetecible como antes y los especialistas consideran que por lo menos el noventa por ciento deberá dedicarse a otras actividades. A su vez en todo este episodio no faltan los interesados en hacer leña del arbol caido. Al fin y al cabo Drexel poseía casi el 39 por ciento del mercado de bonos basura, el 5.4 por ciento de la emision de acciones y era el más fuerte en mercados apetitosos como el de los -inversionistas de Hollywood.
Pero no son solo los competidores los que están satisfechos. Para ciertos analistas, el destino de Drexe Burnham Lambert es solo la conclusión lógica de lo sucedido en la década pasada, en la cual reinaron la ambición y la codicia. Tal como le dijo un banquero de inversión al periodico norteamericano The Wall Street Journal, "en todo esto hay cierta justicia poética. La gente que invento el sistema de los bonos basura, acabó siendo victima de su propia idea". -

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