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| 3/28/2015 10:00:00 PM

La batalla de las divisas

En un intento por generar crecimiento, los principales bancos centrales del mundo están desatando un pulso económico a nivel global. ¿Quién ganará?

En menos de un año, el euro ha caído 22 % frente al dólar. En marzo, la moneda común europea se situó por debajo de 1,05 dólares, el precio más bajo en 12 años. Para algunos analistas, la paridad entre ambas divisas está a la vuelta de la esquina. Incluso, el Deutsche Bank prevé que el euro descenderá a 85 centavos de dólar en 2017.

Las políticas divergentes del Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos están creando un nuevo desequilibrio entre las dos divisas. El BCE para tratar de impulsar las economías de la zona está frenando las tasas de interés y acaba de iniciar un plan para inyectarle al mercado 1,14 billones de euros hasta septiembre del próximo año, con lo cual ha debilitado la moneda común. Mientras tanto, la FED espera subir los intereses –todavía no se sabe cuándo– lo que viene estimulando la llegada de flujos de capital a esa economía, contribuyendo a fortalecer el dólar.

Otros bancos centrales están jugando el mismo partido. El banco central japonés está alentando su economía mediante la expansión monetaria. Para acabar con dos décadas de deflación (tendencia persistente a precios a la baja y una demanda debilitada) ha estimulado la caída del yen en los dos últimos años. La moneda nipona se ha depreciado frente a la estadounidense un 30 por ciento, desde marzo de 2013. La semana pasada el dólar superó, brevemente, los 122 yenes, por primera vez desde julio de 2007. Luego descendió a 119 yenes.

Parece que todos quieren ganar la partida del crecimiento con el arma de la devaluación de sus respectivas monedas. Europa está feliz con un euro barato y con la caída del precio del petróleo; mientras que un yen débil es positivo para la recuperación de Japón, la tercera economía del mundo. Según dijo el ministro de Finanzas nipón, Taro Aso, citado por la agencia EFE, “está claro que la caída del precio del crudo, los tipos de interés bajos (el banco de Japón los mantiene virtualmente en el 0 % desde octubre de 2010) y la depreciación del yen son factores positivos para la economía”.

En China, el yuan también se ha debilitado frente al dólar. La decisión de Beijing de reducir las tasas de interés, desde noviembre del año pasado, ha hecho que su moneda sea menos atractiva para los inversionistas que buscan una mayor rentabilidad. Eso se ha traducido en una debilidad del yuan.

Estos desequilibrios de fuerza entre las grandes monedas desatan a su vez una onda expansiva. Según The Wall Street Journal los vecinos más pequeños de la zona euro están sintiendo los efectos de la depreciación de su moneda y buscan no perder competitividad frente a sus socios comerciales del bloque monetario. Por ello, por ejemplo, el banco central de Dinamarca ha reducido este año en varias ocasiones las tasas de interés para impedir que se aprecie la corona danesa que tiene paridad con el euro.

Por el lado de los países emergentes, el movimiento en las monedas también se ha sentido fuertemente, en especial en las economías dependientes del petróleo como Venezuela, en dónde el bolívar se ha depreciado en más de un 80 %. El rublo ruso, por su parte, ha perdido más de un 50 % en el último año, afectado también por las sanciones económicas aplicadas por las potencias occidentales.

En lo que va corrido del año, el real brasilero ha caído un 17,5 % frente al dólar, lo que de paso ha afectado a Argentina. Brasil es su principal socio comercial y, por lo tanto, la debilidad del real castiga las exportaciones de productos argentinos, a pesar de que su moneda (peso argentino) también se ha devaluado este año un 16 % frente al dólar.

En su conjunto, las monedas latinoamericanas han perdido valor frente al dólar. El índice Laci que recoge el comportamiento de las principales divisas de la región ha caído 6,6 % en lo que va corrido de este año. El peso colombiano es una de las monedas más devaluadas con una pérdida de 5,6 % en este 2015. El peso mexicano se ha depreciado 0,9 % y el chileno 2,1 %. El sol peruano ha bajado 3,1 % frente al dólar.

Los países de América Latina cuyas exportaciones están concentradas en materias primas que se cotizan en dólares reciben el beneficio de mayores ingresos por tasa de cambio, lo que amortigua la caída en los precios internacionales de los commodities. Desde el punto fiscal la subida del dólar también es favorable para estas economías. Para Colombia significa un alivio a la presión del déficit de cuenta corriente por la caída en las exportaciones, en especial de petróleo.

El otro lado de la moneda

Las fuerzas que están impulsando el dólar son claras. En primer lugar, está la expectativa de aumento en las tasas de interés, por parte de la Reserva Federal, ante la mejoría de la economía estadounidense. Y en segundo lugar, está la caída del precio del petróleo.

Pero la fortaleza de la moneda estadounidense que para muchas economías significa nadar en aguas tibias, pues ayuda a los exportadores, también tiene su lado preocupante. Puede representar un problema para muchas empresas –en especial en los mercados emergentes– que se endeudaron en dólares, seducidas por las menores tasas de interés internacionales comparadas con el mercado local.

La revista The Economist señala que solo en China, los préstamos denominados en dólares han saltado desde 200 millones de dólares en 2008 a más de 1.000 millones ahora. A medida que el dólar sube, esta deuda se vuelve más cara para el servicio en moneda local. Según dicho artículo, a medida que la FED empiece a subir las tasas de interés, los deudores podrían recibir un doble golpe: el fortalecimiento del dólar y un aumento del costo de los préstamos y la refinanciación. Eso no pronostica necesariamente una ola de quiebras, pero sí significa otro lastre para el crecimiento en países emergentes como Brasil y Rusia, dice la publicación.

En Estados Unidos, si bien la caída del petróleo ha representado un alivio para los consumidores –se estima que el menor precio de la gasolina le representa a cada uno de los hogares un ahorro de 1.000 dólares al año para gastar o invertir– el dólar fuerte no es del todo favorable. Las industrias exportadoras norteamericanas pierden competitividad, pues sus productos se encarecen en los países de destino.

En la última reunión de la Reserva Federal se modificó el texto que se venía usando para hablar sobre la subida de las tasas de interés. Los analistas interpretaron que la FED se ha dado un margen más de tiempo para actuar pero, en todo caso, el día llegará y se cree que podría ser a finales de este año. Sería el primer incremento desde 2006.

Al otro lado de la moneda del dólar fuerte están los importadores. Analistas de Japón señalan que el yen débil si bien favorece a los grandes grupos exportadores, haciendo más competitivos sus productos en el exterior e incrementando sus beneficios al repatriarlos, a su vez está perjudicando a compañías más pequeñas muy dependientes de la importación de materias primas como las constructoras. Según un analista citado por la agencia EFE, el último repunte del dólar podría empezar a resultar perjudicial para el gobierno del conservador Shinzo Abe, ya que este se comprometió en las elecciones del pasado diciembre a prestar apoyo financiero a estas empresas para suavizar el impacto de un yen barato.

Los actuales movimientos en el mercado de divisas ya se habían sentido hace unos años. En septiembre de 2010, el entonces ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, acuñó la expresión “guerra de divisas” para describir el serio problema que se vivía en ese momento. Afirmaba que varios países estaban manipulando su tasa de cambio para arreglar más rápidamente sus economías internas y crecer sus exportaciones en detrimento de otros.

¿Pero hoy se está librando otra batalla en el campo de las monedas? El gerente del Banco de la República de Colombia, José Darío Uribe, cree que no. Reconoce que el banco central europeo y el japonés están tratando de impulsar sus economías mediante la expansión monetaria. Y también que la fragilidad de sus crecimientos, unido al impulso monetario, están debilitando sus monedas frente al dólar de los Estados Unidos. Pero “no llamaría a esos movimientos guerra de monedas, solo son comportamientos esperables en las condiciones descritas”, afirma.

Lo cierto es que, aunque a muchos les parece exagerada la afirmación de una batalla de divisas a otros les preocupa. Usar la moneda como un arma no le hace bien a la economía mundial. Aunque en el corto plazo, en una guerra como esta, el más débil podría resultar beneficiado, en el largo, todos podrían ser perdedores.
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