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| 8/29/1988 12:00:00 AM

LA BOLSA ROTA

El derrumbe del grupo de Valores Integrados plantea interrogantes sobre el futuro de la Bolsa de Bogotá.

A las 11 de la mañana del martes 26, el ambiente en el gran salón de la rueda de la Bolsa de Bogotá, en el último piso del edificio de la calle 13 con carrera 8a, era de profunda modorra. Buena parte de los comisionistas se miraban las caras, se hacían bromas sin mucho entusiasmo o comentaban los últimos chismes del más reciente escándalo bursátil, el mismo que la semana pasada alejó a los clientes y sumió a la Bolsa en el letargo: la quiebra de la firma Valores Integrados, segunda en importancia en el país, cuyos propietarios, los hermanos Humberto y Santiago Jiménez, Rodrigo Escobar y Rodolfo Prieto, eran buscados por la justicia al cierre de esta edición.
No era este el primer escándalo de la Bolsa en 1988. Lo habían precedido el de la firma Provalores, el del controvertido comisionista Juan Claudio Morales y el de las firmas de los dueños de la corredora Compañía de Servicios Bursátiles, más conocido como el grupo "Picas" (ver SEMANA No. 323). Pero la diferencia en esta oportunidad es que ya no se podía decir, como en los casos anteriores, que el problema se había originado por las actividades de los comisionistas como socios de empresas ajenas a la Bolsa. En el caso de Valores Integrados, buena parte de las maniobras que son hoy objeto de investigación penal, se efectuaron en desarrollo de negocios de Bolsa, con clientes de Bolsa y papeles tranzados en Bolsa. Si en el caso del grupo "Picas", lo que impresionaba era el prestigio social de los involucrados en el escándalo, en el de Valores Integrados y sus filiales, lo que impactaba era el prestigio financiero de los mismos. Humberto Jiménez, cabeza visible del grupo, era reconocido como un audaz negociante y para sus colegas de la Bolsa, sin duda uno de los más imaginativos comisionistas que había pasado por ahí. Su grupo, aparte de los negocios de Bolsa, representaba en Colombia al Sumitomo Bank, banco japonés catalogado como el tercero del mundo; al Mitsubishi Bank, quinto en el mundo; era además representante legal y apoderado de la compañía Drumon, que invertirá en los próximos años 700 millones de dólares en las minas de carbón de La Loma; y representante también de la firma comisionista E.F. Hutton, una de las más fuertes de la Bolsa de Nueva York. Con el derrumbe del grupo de Valores Integrados, se venía abajo pues uno de los pilares de la Bolsa de Bogotá. Los siguientes datos muestran cómo se ha afectado la Bolsa con estos escándalos: de promedios de 1.700 millones de pesos diarios en el pasado reciente, se pasó en julio a promedios de apenas 700 millones.
Por todo esto, más que en los casos anteriores -que se seguían viendo como aislados, como accidentes que no comprometían el conjunto del negocio bursátil- el affaire de Valores Integrados obligaba a plantearse algunas preguntas sobre el verdadero papel que cumple la Bolsa de Bogotá, su futuro, e inclusive, la necesidad y validez de su propia existencia. Para entender esto es importante explicar que la quiebra del grupo Jiménez (ver recuadro) tuvo que ver primordialmente con un manejo que de audaz pasó a ser irresponsable, de papeles del Estado, en especial títulos de participación del Banco de la República y títulos TER de la Financiera Eléctrica Nacional. La concentración de la actividad de Valores Integrados y su grupo en este tipo de papeles, así como la de la mayoría de los comisionistas, indica la escasez de alternativas de inversión y la poca variedad del mercado bursátil colombiano. Y, como en todo juego de inversión, a menor cantidad de opciones, mayor riesgo.
Algunas cifras pueden ilustrar claramente esto. En su origen, la Bolsa de Bogotá nació para ser escenario esencialmente de la transacción de acciones de las sociedades anónimas, con el fin de que el valor de estas acciones fuera el resultado de las leyes de oferta y demanda. Aunque ha habido algunas épocas en que esta finalidad se cumplió, la verdad es que hoy en día el movimiento de acciones no representa más que una insignificante porción del negocio bursátil. En 1987, el porcentaje de compra-venta de acciones en el total del negocio fue del 1.82% y en lo que va corrido de 1988, sólo de un 2.18%. Por contraste, los papeles emitidos por el Estado representan un 62% del total de las transacciones. Lo anterior ha convertido a la Bolsa de Bogotá en un centro de operaciones de colocación de papeles que el gobierno de turno emite con el fin de poner en práctica medidas de orden monetario, como reducir la cantidad de dinero circulante para evitar el desbordamiento de los índices de inflación.
DEL BOOM AL DESCALABRO
La contracción monetaria era precisamente lo que buscaba el Banco de la República con la emisión de títulos de participación, que se convirtieron en el boom bursátil de enero de este año. La efectividad de la Bolsa en el cumplimiento de la tarea de colocar esos títulos, quedó evidenciada en ese mes, cuando se colocaron 37 mil millones de pesos en esos títulos, unos dos mil millones más del resultado final de la contracción monetaria del período, que fue de unos 35 mil millones, para gran satisfacción del equipo económico del gobierno. Pero esta efectividad se volvió en contra de la misma Bolsa, cuando los enfrentamientos entre distintos comisionistas por lo que algunos consideraban como tratamiento privilegiado dado por el gobierno a un pequeño grupo de corredores en la colocación de estos títulos, llevaron al Banco de la República a ordenar que los títulos de participación no fueran vendidos exclusivamente en la Bolsa, sino que también pudieran ser adquiridos a través de los bancos comerciales y de las sociedades fiduciarias. Obviamente, como los grandes inversionistas son precisamente los dueños de esos bancos y esas sociedades, prefirieron comprar a través de éstas y no de la Bolsa.
El boom de los títulos de participación en enero amenazaba con convertirse en descalabro en los meses siguientes. El gobierno, que le había llenado la barriga en enero a los corredores, los ponía ahora a dieta. Fue entonces cuando muchos comisionistas tuvieron que desarrollar su imaginación. Había que lograr que siguiera siendo atractivo adquirir los títulos en la Bolsa. Se pusieron de moda entonces los famosos "repos". Se trata de una figura gracias a la cual se pueden subdividir los plazos de por ejemplo, los títulos de participación, que son generalmente largos lo que los hace poco líquidos. La cosa funciona así: el comisionista ofrece al cliente un título de participación a, por ejemplo, 180 días, le ofrece la ventaja de vendérselo en mercado secundario (o sea que el título no viene ya directamente del Banco de la República), lo que implica que no tiene retención en la fuente a la hora de su cancelación; y le ofrece una ventaja adicional, que consiste en comprometerse con él a volvérselo a comprar en un plazo corto de 20, 30 ó 60 días Todo esto hace que el inversionista se sienta atraído a comprar los títulos en Bolsa. A esto se dedicaron pues buena parte de los corredores confiando en que las tasas de interés bajaran a la hora de recuperar los "repos" y con ello, hicieran el gran negocio de vender caro y comprar barato.
El problema es que las tasas de interés nunca bajaron. En diciembre, cuando la llegada del fin de año, con los cierres de balances y todo eso, obliga a los inversionistas a esconder la plata "debajo del colchón", la iliquidez que se genera hace subir las tasas. Estas bajan siempre en enero cuando el dinero vuelve a circular. Este año, las medidas tributarias asustaron al inversionista, que mantuvo la plata escondida. Las tasas entonces no bajaron. Y siguieron arriba con las demás medidas contraccionistas adoptadas por el gobierno. El primer semestre de 1988 fue de poca liquidez y tasas altas. De esta forma, cuando los corredores fueron a recuperar los "repos", tuvieron que darse el "alpo" -como se dice en el argot bursátil- y comprar más caro de lo que habían vendido. Muchos asumieron el golpe y resistieron, o han resistido hasta ahora. Ese no fue el caso de Jiménez.
Una vez más, la Bolsa había sido un juguete sometido a las urgencias monetaristas del gobierno. ¿Puede por ello echársele la culpa al equipo económico del gobierno de lo que está pasando en la Bolsa? No realmente. "Uno no le puede pedir al ministro de Hacienda que suspenda la aplicación de medidas monetarias destinadas a frenar la inflación, para evitar que un selecto grupo de financistas resulte golpeado", explicó a SEMANA un conocedor del tema.

LA VISTA GORDA
Pero hay algo en lo que el gobierno sí puede tener un grado de responsabilidad en lo que ha sucedido. Se trata de la evidente ineficacia de los controles aplicados por organismos estatales como la Superintendencia Bancaria y la Comisión Nacional de Valores. Con lo que pasó en el caso de Valores Integrados, quedó claro que ni los controles de estas entidades, ni los de la propia administración de la Bolsa de Bogotá, sirvieron para nada, a pesar de que el derrumbe del grupo Jiménez estaba cantado desde hacía varias semanas. "Esto demuestra cómo el presidente de la Bolsa, Carlos del Castillo, se equivocó al obsesionarse con la cuestión de Juan Claudio Morales y los cambistas en la Bolsa, pues no le paró bolas a algo mucho más grave, que eran las maniobras con títulos y valores de otros corredores", dijo a SEMANA un corredor opuesto a Del Castillo. Al respecto, el presidente de la Bolsa dijo a SEMANA: "Eso puede ser cierto. Pero yo tenía que dar la pelea contra los cambistas, que era la evidente en esos momentos ya que los demás problemas no se habían evidenciado. ¿Qué tan culpable puedo ser? No lo sé. Si veo desde el principio los dos frentes, hubiera dado la pelea en los dos frentes, como la estoy dando ahora". Sea como sea, nadie discute hoy que del Castillo puede ser, al final de estos episodios, uno de los damnificados.
Pero no sólo hay que cuestionar los controles de las agencias estatales y de la Bolsa, sino el de las auditorías internas y externas de las firmas que cometieron las irregularidades, y de las entidades afectadas. Muchos se preguntan, para citar unos pocos ejemplos, cómo es posible que las auditorías y revisorías de la Compañía Financiera Integral, de propiedad mayoritaria de los socios de Valores Integrados, hayan dejado pasar el balance semestral sin que se haya detectado la ausencia de la caja fuerte de buena parte de los títulos. Otro tanto sucede con las autorías y revisorías del Banco Central Hipotecario, que también habrían dejado pasar el balance semestral sin comprobar que los 480 millones de pesos invertidos por esta entidad en títulos vendidos por el grupo Jiménez, estuvieran efectivamente respaldados por los títulos que debían estar en posesión del Banco y no lo estaban.
Sin embargo, hablar de controles en un mercado bursátil que de entrada se acepta que está atrofiado y que no cumple con la función esencial de reflejar realidades de oferta y demanda, es irse por las ramas. Con los escándalos de la Bolsa en el primer semestre de este año, ha quedado claro que se necesita revitalizar la compraventa de acciones a través de la Bolsa, para que éstas pasen a ser una porción más importante del negocio y le den a éste mayor variedad y, por ende, menor riesgo. Pero para ello, será necesario primero revitalizar a la sociedad anónima. En los últimos años, muchas medidas como el desmonte de la doble tributación y los estímulos a las sociedades que inscriban sus acciones en la Bolsa, han sido dirigidas en ese sentido. Pero después de lo sucedido, es claro que hasta ahora no han dado resultado.
QUE PASO CON EL GRUPO JIMENEZ
Las primeras investigaciones de la Superintendencia Bancaria tras la intervención de la Corporación Financiera Integral de propiedad mayoritaria del grupo Jiménez, han arrojado algunas luces que permiten establecer una interpretación sobre lo que pudo haber sucedido. SEMANA tuvo acceso a estas conclusiones iniciales, para ofrecer a sus lectores una explicación en seis pasos, de lo que se cree acontenció con el grupo Jiménez.
(1) La firma Promociones Escort propiedad de los mismos socios de Valores Integrados, captó del público unos mil millones de pesos.
(2) Esos mil millones, se los entregó a la Corporación Financiera Integral.
(3) La Corporación Financiera Integral le entregó a cambio a Promociones Escort, Certificados de Depósito a Término emitidos por la Corporación, por valor de mil millones de pesos.
(4) La Corporación Financiera Integral compró en el Banco de la República, mil millones de pesos en títulos de participación.
Hasta aquí todo va bien. Si la Corporación Financiera Integral se hubiera quedado con los títulos de participación por mil millones y los hubiera guardado en su caja fuerte, habría hecho un negocio de buena rentabilidad, ganándose la diferencia que hay entre la rentabilidad de los títulos de participación que iba a cobrar, y la que tenía que pagar a Promociones Escort, y por ende a los inversionistas, por los CDT's emitidos por la Corporación.
(5) y (6) Pero los problemas de Valores integrados obligaron a esta firma a tomar los títulos de participación de la Corporación, para salir al mercado con ellos a hacer "repos" (ver explicación en el artículo) y utilizarlos para tapar huecos.
Con estas maniobras, el grupo Jiménez estaba poniendo a circular en papeles dos mil millones de pesos, cuando en realidad sólo tenía un respaldo de mil millones, que eran los que había captado Promociones Escort del público. Cuando el grupo tuvo que salir a recuperar los "repos" no con tasas bajas como había esperado, sino con tasas altas debido a la política contraccionista del gobierno, perdió mucho dinero en la operación y el castillo de naipes en vino al suelo.
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