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| 1/14/2012 12:00:00 AM

La caída de un banquero

Escándalo en la poderosa banca suiza. Uno de sus funcionarios más emblemáticos -el presidente del Banco Central, Philipp Hildebrand- renunció por dudosas operaciones financieras de su esposa.

Philipp Hildebrand era hasta hace pocos días uno de los diez banqueros centrales más respetados y admirados del mundo. Desde su cargo como presidente del Banco Nacional de Suiza y vicepresidente del Consejo de Estabilidad Financiera, tomó medidas para endurecer las regulaciones financieras en momentos en que la Unión Europea afrontaba una difícil situación económica debido a los problemas de deuda de varios de sus países miembros. Pero su buena fama se vino al piso y la semana pasada tuvo que renunciar ante un escándalo cambiario en el que la protagonista fue su esposa.

El episodio ocurrió en agosto del año pasado cuando Kashya Hildebrand, quien dirige una galería de arte, realizó una operación financiera mediante la cual vendió francos suizos para comprar 504.000 dólares, justo en momentos en que la divisa estadounidense presentaba un nivel mínimo frente al franco. La transacción no habría tenido nada de particular si no fuera porque, un par de semanas después, el Banco Nacional de Suiza, que presidía su esposo, adoptó medidas monetarias que llevaron a una valorización del dólar del 17 por ciento, lo que se tradujo en ganancias para la familia por 83.000 dólares.

A pesar de que el funcionario aseguró no tener conocimiento de las operaciones que estaba realizando su esposa, pocos creyeron esta versión y comenzaron a vincularlo con un típico caso de información privilegiada.

Las cosas se complicaron para Hildebrand cuando se conocieron unos correos electrónicos que reforzaban las tesis de quienes sostenían que estaba al tanto de las operaciones. En uno de ellos, el asesor financiero de la familia informaba que Kashya quería aumentar la exposición que tenía en dólares y que el presidente del Banco Nacional de Suiza no había expresado ningún inconveniente.

El gobierno suizo comenzó a investigar al respecto y Hildebrand no pudo demostrar que todo se hizo a sus espaldas y que no tenía conocimiento de la operación en el mercado de divisas.

Kashya, quien se había defendido argumentando que obtuvo estas ganancias gracias a su experiencia en el sector financiero cuando trabajaba para un fondo de cobertura en Nueva York, tuvo finalmente que aceptar que se había equivocado. En un comunicado pidió disculpas "sin reservas al pueblo suizo, al Banco Nacional de Suiza y, en especial, a mi esposo por mi error de juicio en relación con la transacción".

A pesar de donar 75.000 francos suizos a una organización caritativa para tratar de rectificar el asunto, la semana pasada Hildebrand no tuvo otra alternativa que dar un paso al costado pues reconoció que no tenía cómo probar su inocencia y que su esposa había actuado por cuenta propia. Eran las palabras de él y de su compañera frente a los hechos que demostraban lo contrario. "Los banqueros centrales deben ser absolutamente creíbles. Dejo el Banco con gran tristeza, pero de ello depende la credibilidad del Banco Nacional de Suiza, que es su bien más preciado", dijo al anunciar públicamente su dimisión.

Hildebrand no podrá vincularse con ninguna entidad financiera en los próximos seis meses, pero seguirá recibiendo el salario que venía devengando durante un año.

Más allá de este enredo familiar, algunos analistas consideran que la decisión adoptada por el banquero suizo fue la más acertada porque envía un mensaje sobre la transparencia con la que deben manejarse esta clase de instituciones. Con titulares como "Suiza no admite dudas sobre su sistema financiero", "Mucho perdido, nada ganado" o "El capitán tira la toalla para salvar la credibilidad del naviero", algunos de los principales diarios europeos defendieron la posición adoptada por el funcionario, quien se convierte en un ejemplo en momentos en que los líos financieros siguen a flor de piel y en los que, por situaciones más comprometedoras, muchos altos directivos se niegan a renunciar.
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