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| 2/7/1994 12:00:00 AM

LA CAIDA DEL CORSARIO

La crisis de Banesto se lleva por delante a Mario Conde, uno de los personajes más contovertidos del jet set español.

EL 28 DE DICIEMBRE PASAdo estalló el escándalo financiero más grande de los últimos años en España. El Banco de España ordenó la cancelación de la cotización bursátil de las acciones del Banco Español de Crédito, Banesto, el tercer banco más importante de ese país, la remoción de su presidente y junta directiva y la intervención por tiempo indefinido en el manejo del banco. Pero la crisis no sorprendió a casi nadie.
A comienzos de diciembre pasado las autoridades bancarias se percataron de que el déficit de Banesto superaba los 3.600 millones de dólares y colocaba en peligro a todo el sistema financiero español. Por eso decidieron remover al presidente de la institución, Mario Conde, con su staff directivo, y reemplazarlos por una comisión integrada por representantes de los cinco principales bancos de España. Además, para evitar el pánico entre los clientes de Banesto, el Banco de España anunció que garantizaría las deudas con los usuarios nacionales y extranjeros.
Banesto, que llegó a ser la principal entidad bancaria privada a comienzos de los 80, empezó a afrontar problemas en 1985. Dos años más tarde llegó a la presidencia Mario Conde, un controvertido personaje del jetset español, de 44 años de edad, que se hizo al control del 4 por ciento de las acciones de la institución. Cuando el magnate asumió el mando el banco tenía un déficit de más de 700 millones de dólares y existía una negociación de fusión con el Banco de Bilbao, que fue deshecha por Conde.
El banquero convenció a los accionistas de que bajo su mando la institución podría salvarse. Para ello comenzó una temeraria política de especulación que incluyó la compra de numerosas empresas, en un momento en que el país se encontraba en recesión económica y en severos ajustes de reconversión industrial. En 1990 la Corporación Industria, subsidiaria de Banesto y la gran esperanza de Conde, fracasó en las bolsas internacionales cuando se desplomaron las inversiones como consecuencia de la guerra del Golfo.
A pesar de esto, Conde no se detuvo y persistió en su idea de ser el salvador de Banesto. Para ello escogió la estrategia de cubrir el déficit con crédito interbancario. A través de las mesas de dinero y la banca de segundo piso, consiguió mantener a la entidad en funcionamiento, pagando intereses altísimos y acrecentando el déficit de capital. Más tarde, y para evitar la debacle, comenzó a vender la mayoría de industrias que poseía, pero el hueco ya se acercaba a los 2.900 millones de dólares.
En ese momento Conde contrató los servicios de J.P. Morgan, una de las entidades bancarias más prestigiosas de Wall Street. De tiempo atrás conocía a uno de sus vicepresidentes, el cubano Roberto Mendoza, y ambos tenían la idea de asociarse. Como parte de la estrategia para refinanciar a Banesto, Morgan creó el Fondo de Inversión "Corsario", con un capital de mil millones de dólares. En él invirtieron clientes tan importantes como los fondos de pensiones de General Electric e IBM. En marzo del año pasado Conde convenció al Morgan, y más concretamente a Mendoza, de realizar la primera y única inversión del fondo Corsario: comprar el 8 por ciento de Banesto por un valor de 160 millones de dólares. Por la transacción la firma Morgan recibió honorarios de consultoría y se hizo propietaria del 10 por ciento del Fondo.
Para los analistas, el vínculo de Morgan con Banesto fue una jugada arriesgada. Aunque las pérdidas monetarias parecen mínimas -algunos las estiman en 50 millones de dólares- no se comparan con la pérdida de confianza de sus inversionistas. Un vocero de Morgan dijo, sin embargo, que "las cifras están sobreestimadas y la única motivación para asociarnos con Banesto fue la de servir a nuestros clientes y obtener rentabilidad para nuestros accionistas".
Pero aunque Morgan no salga muy afectado, lo que no es claro es la suerte de Banesto. La nueva junta tiene un plazo de seis meses para presentar un plan de refinanciación de la entidad. Y la mayoría de los analistas piensan que el remezón apenas comienza.
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