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| 6/25/2005 12:00:00 AM

La caída de los dioses

Sorprende la severidad de las penas que la justicia norteamericana les está imponiendo a los altos directivos que protagonizaron los grandes escándalos financieros de Estados Unidos y que fueron unos héroes empresariales.

Todos fueron carátula de Fortune o de Forbes. Hombres y mujeres con un gran olfato para los negocios que forjaron su carrera empresarial con base en un agresivo estilo directivo que los convirtió en los ejecutivos favoritos de Wall Street. Hoy, sin embargo, la idolatría ha desembocado en furia y, de ser héroes en lo más alto del curibito empresarial, pasaron a ser villanos non gratos. Tras protagonizar los mayores escándalos empresariales en la historia de Estados Unidos, estos superejecutivos de los años 90 que se hicieron ricos a costa de sus propias empresas (a las que, por supuesto, quebraron), comienzan a ser condenados por fraude, robo, estafa, conspiración y engaño empresarial.

El último de estos dioses caídos es John Rigas, el fundador y ex presidente de la empresa de cable Adelphia Communications. Rigas, que ahora tiene 80 años y que dirigió la compañía durante cinco décadas, fue condenado el lunes pasado a 15 años de prisión por un fraude multimillonario que provocó la quiebra de la empresa. Según los documentos que se presentaron durante el juicio, Rigas y su hijo Timothy utilizaron más de 3.200 millones de dólares de Adelphia para la compra personal de tierras y propiedades. Así, por ejemplo, usaron 26 millones de dólares de la compañía para comprar un bosque aledaño a su vivienda, con el fin de preservar la vista de su rancho. También utilizaron fondos de la empresa para construir un campo de golf, que costó 13 millones de dólares, y para disfrutar de lujosas vacaciones en México, en detrimento de sus accionistas.

Así mismo, el ex director general de Tyco, Dennis Kozlowski, y su mano derecha en la empresa, Mark Swartz, fueron encontrados culpables de robo, estafa y falsificación de archivos administrativos el pasado viernes 19 de junio. Según los fiscales, los dos ejecutivos se enriquecieron con casi 600 millones de dólares de Tyco a través de la venta de bonos, préstamos y pagos extras no autorizados, además de mentir a los auditores para inflar el precio de las acciones de la empresa, del cual dependía su salario.

Durante el juicio se comprobó que Kozlowski, de 58 años, y Swartz, de 44 años, se aprovecharon de sus puestos de alto perfil para dar rienda suelta a su codicia: un apartamento en Manhattan de 18 millones de dólares, una fiesta de cumpleaños de dos millones de dólares en una isla mediterránea, con una escultura en hielo del David de Miguel Ángel de cuyas partes íntimas brotaba un fino vodka ruso, una cortina de ducha de 6.000 dólares, un cesto para la basura en oro de 3.000 dólares, un paraguas de 15.000 dólares, un masajista de perros chihuahua, y otras extravagancias. Ambos ejecutivos podrían ser condenados a penas de hasta 30 años de prisión.

La purga empezó hace unos meses, cuando Bernard J. Ebbers, ex fundador y presidente de la compañía de telecomunicaciones WorldCom, fue encontrado culpable del mayor fraude corporativo de la historia. Ebbers, que convirtió a WorldCom en una estafa de 11.000 millones de dólares, podría ser sentenciado, de aceptarse la propuesta de la Fiscalía, a 85 años de prisión. Pero incluso si el fallo lo reduce a 20, dado que ya bordea los 64 años, podría morirse entre rejas. La misma suerte podrían correr otros cinco ejecutivos de la compañía de telecomunicaciones, hoy MCI.

También Martha Stewart, la empresaria creadora de un mini imperio de comunicación fundado sobre el estilo de vida, pasó a engordar la lista de ídolos caídos. Stewart fue sentenciada el año pasado a 10 meses, cinco de ellos en prisión, por obstrucción de la justicia y falso testimonio en sus operaciones en bolsa.

Claro que el baile de presidentes y altos ejecutivos por los tribunales no termina ahí. En los próximos meses se espera el juicio contra Richard Scrushy, ex presidente y fundador de la cadena de clínicas HealthSouth Corporation, que enfrenta 58 cargos penales que desembocaron en una estafa contable de 2.700 millones de dólares. Scrushy está siendo procesado actualmente bajo cargo de fraude y aguarda un veredicto del jurado en una corte federal de Birminghan, Alabama.

También estará en la picota la plana mayor de Enron, el gigante energético que quebró en 2001 y dilapidó 40.000 millones de dólares de valor en bolsa. Su presidente, Kenneth Lay, se sentará al banquillo en enero del próximo año, acusado de siete cargos de estafa y conspiración para inflar la cotización de Enron en la bolsa, y otros cuatro, por fraude bancario.

Otro que se espera sea llamado a juicio es el presidente de Xerox, Paul Allaire, investigado desde hace dos años por la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC) por irregularidades contables, como registrar 137 millones de dólares menos en capital accionario y declarar 76 millones menos en utilidades netas.

La justicia norteamericana parece empeñada en lanzar el mensaje a la comunidad empresarial de que ni los fundadores ni los grandes presidentes corporativos están al margen de la ley. Mucho menos hombres cuya codicia y ambición por engrosar sus bolsillos y los de sus más cercanos colaboradores los llevaron a protagonizar los más grandes escándalos financieros en la historia de Estados Unidos.

Tres años después del estallido de la mayor ola de escándalos empresariales que jamás haya vivido el mundo de los negocios, 2005 pasará a la historia como el año en el que sus responsables rindieron cuentas ante la justicia.
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