Lunes, 16 de enero de 2017

| 1989/02/13 00:00

LA CALMA CHICHA

Aparte del enigma de la inflación, 1989 se anuncia como un año tranquilo para la economía colombiana.

LA CALMA CHICHA

Se trata, ni más ni menos, de mirar la cartilla de buenos propósitos para 1989. Por eso, cuando a finales de esta semana el Consejo Nacional de Política Económica y Social -Conpes-se siente a discutir las bases del plan macroeconómico de este año, al gobierno le tocará hacerse un miniexamen de conciencia. A lo largo de toda una mañana el presidente Virgilio Barco revisara con varios miembros de su equipo, un documento escrito por el Departamento Nacional de Planeación, en el cual se fijan las metas de la economía para 1989.

Como se ha vuelto corriente en los últimos tiempos, todo indica que en esta ocasión tampoco habrá nada dramático. A pesar de que el año pasado resultó ser turbulento, los especialistas de dentro y fuera del gobierno opinan que en estos doce meses debería reinar la calma.

La base de semejante afirmación es la tranquilidad anunciada en una serie de frentes. Entre otros, hay que destacar la solución al interrogante del financiamiento externo si-como se espera-la contratación del crédito "Challenger" por 1.700 millones de dólares se lleva a cabo con éxilo. La supuesta entrada del préstamo resuelve también el problema del financiamiento de la inversión pública hasta 1990. A eso se le agrega el buen comportamiento de sectores como el comercio exterior, en el cual hay que destacar el buen ritmo de las exportaciones menores, las cuales crecieron en 17% en 1988. Por ese y otros factores adicionales, Planeación Nacional espera que la tasa de crecimiento de la economia colombiana se acerque al 4.5% durante 1989. Aunque la cifra no es extraordinaria, si es mucho mejor que la del resto de Latinoamérica, lo cual confirma a Colombia como la excepción dentro de una región donde las crisis abundan.

Ese clima de moderado optimismo no quiere decir que no haya problemas. Por el momento, la principal preocupación del gobierno es el control de la inflación, que el año pasado llegó al 28.1%, la cifra más alta de esta década. La mayoría de los expertos coincide en que se debe hacer todo lo posible para limitar el crecimiento de los precios a no más del 25% durante el año. "Ese es nuestro gran reto en estos meses", le dijo el ministro de Hacienda a SEMANA recientemente.

La clave del asunto radica en los precios de los alimentos, que se desbordaron en 1988 y son la columna vertebral de la canasta familiar. Hasta ahora el Ministerio de Agricultura ha tomado una serie de correctivos concentrándose en ocho productos básicos, pero los conocedores sostienen que hay que prestarle atencion especial a la fijación de los precios de sustentación agrícolas y al manejo de las importaciones de alimentos por parte del Idema.

También requieren un manejo cuidadoso los precios de los productos manufacturados. A pesar de que el gobierno se ha negado a adopar medidas policivas contra las alzas, algunos observadores sugieren que se intente negociar con los industriales una especie de pacto de caballeros para limitar los aumentos a lo estrictamente necesario.

Por lo pronto el gobierno ha decidido atenerse al buen clima para ver cómo se comporta la inflación. La única gran medida supuestamente antiinflacionaria, fue la moderación al decretar el alza salarial por debajo de la inflación registrada el año pasado, ya que en los otros frentes (tasa de devaluación, política tarifaria, crecimiento en la producción de alimentos y aumento de la productividad industrial) se asume que no es mucho lo que se pueda hacer-, por lo menos a corto plazo. Los más optimistas piensan que eso es suficiente para que los precios se encaucen por donde quiere el gobierno. Se espera, por ejemplo, que las cosechas de los productos que más subieron el año pasado, sean esta vez particularmeme abundantes y que, como consecuencia, su valor disminuya ante el crecimiento de la oferta.

Si la duda de la espiral alvista se contesta, todavía habrá problemas para atacar. Los conocedores insisten en que el gobierno tiene que cuidarse para no gastar más de lo qúe debe. El año pasado los gastos de funcionamiento crecieron a una tasa cercana al 45%, poniendo en peligro la salud fiscal del Estado. También la administración debe cuidar aspectos como la inversión y el manejo de las importaciones oficiales, al igual que la programación del gasto público. Algunos expertos piensan que si la llegada del crédito externo se demora mucho, la ejecución del presupuesto de inversiones se va a concentrar en el segundo semestre del año, lo cual puede afectar el comportamiento del sector productivo.

No obstante, Planeación Nacional considera que, con un poco de suerte, las metas de estabilidad se van a conservar. Aparte del crecimiento esperado de la economía y del anhelado control a la inflación, se confia en que el desempleo se manitenga en niveles similares a los de 1988 (10% de la fuerza laboral) e incluso pueda disminuir marginalmente. Por eso la reunión del Conpes esta semana debe transcurrir calmadamente, en lo que se espera sea un buen preludio para que en 1989 la economía colombiana pueda navegar por aguas tranquilas. -

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