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| 8/28/1989 12:00:00 AM

LA CRUEL Y TRISTE REALIDAD

Las primeras semanas del mercado libre del café están resultando peores de lo que se pensaba.

Aun los que se consideraban realistas no esperaban nada por el estilo. Porque todos los cálculos y las previsiones fallaron, cuando con el correr del tiempo se vio que, en materia de café,todavía hay espacio de sobra para sorpresas.
Y es que los precios han estado realmente por el suelo. En el caso del café colombiano estos pasaron de más de 1.50 dólares por libra hace un mes largo, a menos de 90 centavos a finales de la semana pasada. La situación se ha combinado con un clima francamente especulativo en el cual algunos países productores han salido a vender al precio que les pongan.
Ante semejante escenario, los más calmados sostienen que hay que prepararse para lo peor. Esa convicción llevó a las autoridades colombianas a adoptar una serie de medidas la semana pasada, con el fin de conservar la presencia del grano nacional en los mercados mundiales.
Tal actitud surgió de mirar la estructura de costos existente hoy en día. Según las cuentas del gobierno, la colocación de una libra de café colombiano en el mercado internacional vale 1.02 dólares, que se distribuyen entre el precio interno (79 centavos), al que se suman los gastos internos y externos (trilla, transporte, puertos, etc.), así como el impuesto ad valorem. Ante esas cifras es imposible que los exportadores privados pudieran vender cuando el precio de mercado era muy inferior a los costos. En consecuencia, la semana pasada se decidió que el diferencial será cubierto por el Fondo Nacional del Café, el cual se encargará de "subsidiar" a los exportadores privados que colocan cerca de la mitad del grano colombiano en el exterior.
La medida debería ser suficiente para que vuelva a haber transacciones grandes en los principales mercados mundiales. Con esto, la Federacón de Cafeteros aspira a que en 1989 las exportaciones totales de café alcancen los 10.5 millones de sacos y a que los ingresos sean unos 70 millones de dólares menos de lo que se tenía planeado a comienzos del año.
Pero esas no son las únicas cuentas que se están haciendo. Desde ya existen proyecciones sobre lo que puede suceder si el nivel actual de precios se mantiene. Los primeros análisis no son nada alentadores. Por el lado de la economía cafetera parece evidente que será imposible mantener el precio interno existente hoy en día. Aunque en la minibonanza de 1986 se tuvo la prudencia de fortalecer las finanzas del Fondo Nacional de Café para que sirvieran en épocas de vacas flacas la caída del precio internacional ha sido tan grande que los ahorros no durarán para mucho. Según las cuentas, los fondos de que se dispone ascienden a unos 240 mil millones de pesos, una suma que podría evaporarse en algo más de un año si la situación actual continúa.
Frente a esa previsión, diferentes expertos han propuesto un conjunto de medidas para ahorrarle dinero al Fondo del Café. Una de estas es desmontar el subsidio al consumo interno de café, el cual cuesta unos 25 mil millones de pesos anuales.En los últimos años el precio del tinto había sufrido fuertes aumentos, pero se cree que todavía hay camino por recorrer para que este refleje su costo real.
Otra alternativa es disminuir gradualmente los subsidios a los fertilizantes, los cuales cuestan casi 16 mil millones de pesos al año. Aunque esa reducción podría ser compensada parcialmente con aumentos en el precio interno, los más audaces proponen acabar con cualquier tipo de subvención en un período relativamente corto.
A todo lo anterior se mezcla la discusión sobre el precio interno. Teniendo en cuenta los problemas en el mercado internacional, los expertos han dicho que es imposible mantener el poder real de compra de los caficultores después de 1989. En otras palabras, se cree que en los próximos dos años el aumento en el valor de la carga de café será inferior en, por lo menos, un 5% al del índice de inflación.
En el campo de las exportaciones también habrá disminuciones. Se estima que, a pesar de vender 12 millones de sacos al año, los ingresos serán apenas superiores a los 1.400 millones de dólares, unos 200 millones menos que lo recibido en 1988. Pero lo que más preocupa a los especialistas es el efecto que la destorcida cafetera puede tener sobre el déficit fiscal y la estabilidad monetaria. Los ahorros que tiene invertidos el Fondo Nacional del Café en títulos del gobierno nacional van a tener que empezar a gastarse y eso se va a sentir sobre las finanzas publicas. Se estima, además, que para 1991 el déficit del Fondo ascenderá a 120 mil millones de pesos,lo cual le pondrá todavía más presión a la financiación del déficit fiscal.
Como si lo anterior fuera poco, los conocedores piensan que la liquidación de inversiones del FNC va a traducirse en una fuerte expansión monetaria, que se comenzará a sentir a partir de 1990. Como consecuencia, se recomienda adaptar una política de austeridad en el gasto público para evitar que aumente la inflación y que a la vuelta de dos años ronde de nuevo el espectro de la crisis cambiaria.
Y eso que hay países a los que les ha ido peor. Pero es seguro que incluso los que no derivan todo su sustento de la venta del grano -como es el caso de Colombia- acusarán el golpe ante la impresionante descolgada de los precios. Los especialistas sostienen que la libra de café está ahora en su nivel más bajo -en términos reales- de los últimos 40 años. Frente a eso, ahora sólo queda esperar a que el mercado se active un poco, porque la verdad es que la apaleada de las primeras semanas del mercado libre ha sido tan fuerte que los productores escasamente han tenido tiempo para respirar y mucho menos para tomarse un tinto.
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