Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1986/12/01 00:00

LA EMBARRADA

Ni las alcantarillas ni las vías públicas del país resisten un aguacero más.

LA EMBARRADA

"Nunca había hecho tanto frío", "en este país lo único que se ve es llover" o "este invierno ha sido el más fuerte del siglo", son algunos de los comentarios que se han escuchado en las últimas semanas y que demuestran que la memoria de los colombianos es frágil no sólo en materia política o histórica sino hasta en la climática. Y es que las temporadas invernales, dos por año, son casi siempre iguales de frías y de lluviosas. Lo que sucede, es que año tras año las vías públicas, las alcantarillas y las casas que han sido regularmente construidas se deterioran y cada invierno se siente más fuerte.
Y si esto no es así, ahí están los expertos del Himat que, como Octavio Serrano, con 15 años de experiencia en los avatares meteorológicos, afirma: "Lo único particular de esta temporada invernal fue que se retardó ocho días". Y los registros indican que en los últimos cincuenta años seis temporadas invernales se destacan por su intensidad. Las de los años 75, 84, 74, 81, 55 y 79. Así que al cabo de un mes de invierno, esta temporada pinta normal.
Lo anormal, no es entonces este invierno. Lo anormal -pero que en Colombia es normal- es que no existen planes en las temporadas secas del año para tapar las troneras que se han abierto en el invierno. Lo anormal es que se construyan urbanizaciones, en lo que Plutarco Grosso, director de Mantenimiento del Alcantarillado de Bogotá, denomina "límite sanitario", es decir, en las faldas de las lomas. Lo anormal es que las principales carreteras y avenidas de cualquier ciudad, estén llenas de huecos y que el asfalto se levante al tercer aguacero. Lo anormal es que en las orillas de los ríos se sigan levantando viviendas o se cultive. Pero lo más anormal -si es que el superlativo cabe- es que, ciudades como Barranquilla y Valledupar no cuenten con un alcantarillado para aguas lluvias y que ni siquiera se les hayan construido canales fluviales, para que las calles sigan siendo calles y no ríos.

TODOS POR IGUAL
Las emergencias que se han presentado en Bogotá, Medellín y Cali, se deben en gran parte a las construcciones, que se levantan alrededor de estas ciudades en lomas deleznables, que ruedan con el primer aguacero. Los habitantes del barrio Candelaria al suroccidente de Bogotá, en donde viven unas tres mil familias, recibieron las aguas que bajaban de las montañas taladas y que no tuvieron otra cosa para arrastrar que sus viviendas. Y el barrio Isla del Sol, alejado de las montañas pero levantado dentro de la zona de desbordamiento del río Tunjuelito en Bogotá y que alberga unas cinco mil familias, a las dos semanas de haber comenzado el invierno ya estaba totalmente inundado.
Sin embargo, las inundaciones no se presentan solamente en los cordones de miseria. El doctor Plutaro Grosso afirma que en Bogotá, en la parte "bien" urbanizada se presentan también problemas por la inundación de las vías. En sectores como El Lago, al norte de la capital, los sótanos de la mayoría de las casas se convienten por esta época en estanques, pero como la gente cuenta con recursos han instalado bombas que succionan rápidamente las aguas. Avenidas tan importantes como la 63, 92, 100 ó 26 de Bogotá, son piscinas en cada lluvia fuerte, por el hundimtento de las vías o por la falta de sumideros (rejillas en las calles para recibir las aguas lluvias) o por la obstrucción de los mismos. Bogotá tiene 180 mil sumideros, pero anualmente sólo se alcanzan a limpiar 60 mil. Y aunque un sumidero cuesta 120 mil pesos, es necesario romper las calles y acondicionar el alcantarillado, por eso no se construyen los indispensables. Este sistema normal de evacuación de las aguas lluvias está en buena parte de la ciudad inutilizado por las basuras y la tierra de los cerros y si aún el centro de Bogotá no se ha visto en emergencia, parece ser gracias a los canales con que se cuenta, 30 de oriente a occidente y que se hicieron abiertos, con el objeto de darle a la ciudad un aspecto higiénico, pero que se utilizan como basureros, por lo que muchas veces no cumplen su función

"CORRE QUE TE COGE"
Con el invierno son muchos los que corren. La Defensa Civil, la Cruz Roja, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, el Himat, los bomberos, pero también corren los ciudadanos comunes que llegan a trabajar tarde porque las vías se congestionan, los dueños de los carros particulares que se demoran por los trancones o que se quedan atascados en mitad de la vía.
William Barón, de la Defensa Civil, señala que en todo el país se encuentran 498 familias afectadas por el invierno, son 2.395 damnificados, 402 evacuados, 11 muertos y cuatro heridos. Hasta el momento no hay desaparecidos. Por su parte, el director de la Oficina Nacional para Atención de Emergencias de la Presidencia, Pablo Medina, señala que en coordinación con la Cruz Roja, la Defensa Civil y el Idema se vienen atendiendo las zonas del Magdalena Medio, del Bajo Magdalena y de la Sabana de Bogotá, los sectores más críticos. "La corta experiencia al frente de esta emergencia -dice el doctor Medina- ha dejado en claro que más que las catástrofes producidas por la naturaleza misma, lo que ocurre en el país en esta época invernal es que se evidencia la falta de un Estado planificador y de unas políticas de vivienda, ya que en cada catástrofe el gobierno realiza evacuaciones de familias y las reubica, pero tan pronto llega el verano, otros destechados ocupan las casas dejadas por los damnificados y el ciclo invernal se repite".
Y aunque la situación no está bajo control, y no lo estará hasta que no se acabe de construir el país que está a medio terminar, lo que sí parece ya estar controlado es la información meteorológica. El Himat cuenta con estaciones a lo largo del río Magdalena, el de estado más critico, en 150 puntos que informan diariamente sobre las lluvias y el nivel del río en esos sitios, lo que permite avisar rápidamente cualquier emergencia. Y por otro lado, se encuentran las estaciones ubicadas en San Andrés, Leticia y Bogotá, desde las cuales se lanza diariamente un globo de caucho que lleva un radiosonda y que transmite a un radar que lo rastrea, la temperatura, la presión atmosférica y la humedad relativa. Con estos datos se elaboran los mapas de vuelo, indispensables para los pilotos y se pronostica el estado del tiempo.
Pronósticos que son infalibles dentro de un período no mayor a 72 horas, pero que indican que noviembre y la primera quincena de diciembre serán lluviosos, aunque en menor intensidad. Y si este pronóstico falla, las que no fallarán serán las emergencias porque las lluvias de octubre corrieron las tejas y los cimientos del país.

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