Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/06/25 00:00

La encrucijada

Las compañías de seguros que no logren hacer viable su negocio están condenadas a desaparecer.

La encrucijada

Las aseguradoras colombianas están en muy graves aprietos. El principal problema que tienen es, nada menos, que su actividad central no da utilidades. Es decir, que pagan más por los siniestros de lo que cobran por las primas. Sólo el año pasado los resultados operacionales de estas empresas fueron negativos en 355.000 millones de pesos. Otro dato es alarmante: 37 de las 52 compañías de seguros generales y de vida que hay en el país pierden dinero en la línea central de su negocio.

Aunque preocupante, esta situación no es nueva. En los últimos 10 años la industria aseguradora ha venido acumulando pérdidas operacionales equivalentes al 8 por ciento de las primas recibidas. La razón es que con la apertura de la economía, el mercado asegurador entró en una guerra de tarifas, que presionó los márgenes de ganancia hacia abajo. Las compañías internacionales que entraron al país basaron su crecimiento en la captación masiva de clientes, a través de estrategias de precios agresivas. “La relación de lo que se cobraba en aquella época y lo que se cobra hoy es de 10 a 1”, dice Manuel Obregón de Seguros Chubb.

Desde aquel entonces el negocio crítico dejó de ser rentable, pero no se notaba. Las empresas seguían arrojando utilidades gracias a los altos rendimientos financieros que obtenían al invertir sus reservas. Por ejemplo, en 1997 las pérdidas operacionales del sector fueron de 185.000 millones de pesos, pero el resultado neto fue positivo en 230.000 millones. Pero esta situación cambió cuando cayeron las tasas de interés en 1999. Los rendimientos financieros se desplomaron en más de un 30 por ciento; es decir, en 60.000 millones de pesos anuales. Desde entonces las utilidades netas han decrecido hasta el punto que, el año pasado, fueron negativas en 124.000 millones de pesos.

Si se tiene en cuenta que no hay perspectivas de que las tasas de interés suban en el corto o mediano plazo, es claro que las empresas no van a volver a vivir de los rendimientos de sus inversiones. Tampoco podrán subsistir únicamente a punta de capitalizaciones. Las pérdidas se han comido gran parte de los 130 millones de dólares que han inyectado los accionistas en los últimos tres años.

Para rematar, ciertos elementos que están fuera del control de las aseguradoras están también contribuyendo a acrecentar los déficits. Los precios de los reaseguros internacionales (es decir, los contratos que toman las aseguradoras locales para protegerse a sí mismas) han aumentado como consecuencia de los desastres naturales ocurridos en los últimos tiempos.

Por ejemplo, el robo de vehículos asegurados está aumentando a una tasa del 10 por ciento anual, hasta llegar a 13.000 unidades en 2000. Las compañías de seguros pagaron el año pasado por este concepto más de 200.000 millones de pesos. De igual forma el terrorismo y el daño a las empresas de servicios (torres y subestaciones eléctricas) le ha costado en los últimos años más de 60.000 millones de pesos al sector asegurador.

Es evidente que la única forma que tienen las aseguradoras de progresar en el mediano y largo plazo es hacer viable su negocio principal. “La salida para equilibrar los malos resultados obtenidos en los tres últimos años es un ajuste en las tarifas de aquellos ramos que están siendo deficitarios por razones técnicas comerciales”, asegura William Fadul, presidente de la Federación de Aseguradores Colombianos, Fasecolda.

Quizá por esto los empresarios han empezado a llevar a cabo importantes cambios en sus políticas de precios, de selección de riesgos y, por supuesto, de reducción de costos. “Mientras que en Colombia los gastos administrativos de las compañías (sin comisiones) son el 22 por ciento de los costos totales, el promedio internacional está en 14”, asegura el presidente de Liberty, Mauricio García. De ahí la importancia de que las aseguradoras locales busquen alianzas que les permitan generar economías de escala y mayores eficiencias.

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